Néstor Kirchner comunicó ayer a los obispos, a través de Oscar Parrilli, que no iba a poder asistir a la reunión con la Comisión Permanente del Episcopado, como estaba acordado. Para compensar la inasistencia y que no vuelva a interpretarse como un desaire, ordenó a Carlos Tomada y a Daniel Filmus que emitan un decreto por el cual el Estado se hará cargo del aumento salarial docente en los colegios privados. La Iglesia controla 4.500 en todo el país. Los prelados seguirán esperando una entrevista que se realizaría antes de la primera semana de setiembre, cuando comenzará el Congreso Eucarístico Nacional.
La broma se reiteró varias veces en la sede de la Conferencia Episcopal de Suipacha al 1000 (caserón que fue residencia presidencial en tiempos de Roberto Ortiz), donde sesionó la Comisión Permanente de la Asamblea Episcopal Argentina. «En vez de ver a los representantes de Dios, Néstor Kirchner prefirió ver a Dios», comentó un sacerdote chistoso, en referencia a que el Presidente comunicó su inasistencia al encuentro programado con los prelados pero no suspendió la audiencia a Diego Maradona.
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En efecto, Kirchner le ordenó a Oscar Parrilli, el secretario general de la Presidencia, que lo excuse delante de los obispos por no poder asistir a una cita que había sido preparada muy sigilosamente (este diario lo informó ayer). A la vez, para que no se entendiera su «faltazo» como un hecho incordioso, el Presidente concedió una solicitud que la Iglesia venía reclamando largamente. El Estado se hará cargo de compensar a los colegios privados (llamados « públicos de gestión privada») para que puedan hacer frente a los aumentos salariales de los docentes. El cumplimiento de esta disposición motivó ayer reuniones entre el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y el jefe de Gabinete de Educación, Ignacio Arnaiz (el ministro Daniel Filmus se encontraba ayer en Santiago del Estero) con los diocesanos ligados a la cuestión educativa, Emilio Bianchi di Cárcano (obispo de Azul y presidente de la comisión respectiva en la Asamblea) y el secretario general del Episcopado, Sergio Fenoy. Con ellos se arreglaron los últimos detalles antes de que el Presidente, hacia el mediodía, firmara el decreto respectivo. Un modo elegante de compensar la inasistencia.
El «cheque» extendido desde la Casa Rosada a través de esa resolución aplacó el fastidio de los pastores, quienes ayer comenzaron a prepararse para otro encuentro. Será reservado, posiblemente se realice en Olivos y tendrá como protagonistas al Presidente y a la comisión ejecutiva del Episcopado: es la que integran Eduardo Mirás, Jorge Bergoglio, Domingo Castagna y el ya mencionado Fenoy.
Nadie sabía ayer la fecha de esa entrevista, que ya va adquiriendo dimensión mítica por las dificultades que presenta su realización (hay que esperar que el monopolio «Clarín» la acompañe con el trillado título «El día que Kirchner recibió a los obispos», como hace a cada rato con escasísima imaginación).
Más allá de ese misterio de calendario que Kirchner controla con pasión a veces inexplicable, la cumbre con los prelados tiene de hecho una fecha límite: entre el 1 y el 5 de setiembre se realizará en Corrientes el X Congreso Eucarístico Nacional. Para esa ocasión, como adelantó ayer este diario, Juan Pablo II enviará como representante personal al cardenal boliviano Julio Terrazas.
Se trata de un congreso nacional y no del «Statio Orbis» ( internacional) que este año se realizará en Guadalajara durante el mes de octubre y que se celebró en la Argentina en 1934 cuando visitó el país el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pio XII. Sin embargo, para la agenda eclesiástica se trata de uno de los principales acontecimientos del año.
• Antena
Kirchner ya demostró sensibilidad ante esa reunión multitudinaria. Hace pocos días dio la orden para que le asignen una antena radial en el centro de la ciudad de Corrientes a la diócesis que encabeza monseñor Castagna, de tal manera que pueda tener un medio de comunicación durante ese congreso.
Sin embargo, la decisión de subsidiar el aumento de la nómina salarial de los colegios privados fue la medida más eficiente que adoptó Kirchner a la hora de compensar sus descortesías con los prelados. La Iglesia controla 4.500 colegios en todo el país. Muchos son institutos reconocidos y de gran rentabilidad. Pero la mayoría está formada por escuelas parroquiales de ingresos muy modestos, que «hubieran debido cerrar sus puertas por no poder afrontar esa mejora en los sueldos», según explicó ayer a este diario uno de los obispos que negociaron la medida con los ministros de Kirchner ayer.
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