10 de noviembre 2006 - 00:00

Otra guerra entre los kirchneristas

Como si faltase algo, estalló la guerra entre los kirchneristas de Buenos Aires. De un lado, el sindicalista de los municipales y diputado provincial Rubén García; del otro, los jefes del municipalismo del conurbano, Julio Pereyra y Alberto Descalzo.

Con otros intendentes del conurbano (Alejandro Villordo, de Quilmes; Juan José Mussi, de Berazategui, y Manuel Rodríguez, de Almirante Brown) quedaron envueltos en un escándalo político en la Cámara de Diputados bonaerense, cuando en medio de la aprobación de un proyecto fueron insultados por trabajadores municipales que ocupaban la barra.

Dentro de un clima por demás tenso, los jefes comunales se retiraron visiblemente molestos del recinto y amenazaron con pedir sanciones políticas para algunos legisladores, a los que acusaron de haber promovido la protesta en su contra.

La insólita situación fue protagonizada el miércoles por varios intendentes de distritos del Gran Buenos Aires que tienen la particularidad de contar con línea directa con Néstor Kirchner. Habían llegado a La Plata a firmar un convenio con el presidente de la Cámara de Diputados, Ismael Passaglia, y presenciar, como invitados, la sanción de la ley de creación de Consorcios de Gestión y Desarrollo para los municipios.

Con los palcos colmados por militantes de la Federación de Sindicatos Municipales, los intendentes se sentaron en la primera fila del recinto y se sorprendieron cuando Passaglia le dio la palabra al diputado kirchnerista Rubén García para que rindiera homenaje a los trabajadores municipales al celebrarse su día. Pero García aprovechó para reclamar la derogación de la ley de disponibilidad de los municipales. Planteó «la necesidad de avanzar con el proyecto de ley que crea las paritarias» para el sector, arrancando un fervoroso aplauso desde los palcos.

  • Rechazo

    Este último proyecto impulsado por García y el presidente del bloque kirchnerista, Fernando Navarro, es rechazado por los intendentes.

    Visiblemente enfurecido, Pereyra se levantó de la silla, salió del recinto seguido por los demás intendentes y enfiló directo al despacho de Passaglia, que todavía seguía presidiendo la sesión. La sesión fue momentáneamente suspendida en busca de calmar los ánimos: Passaglia fue a su despacho y allí lo esperaban, enfurecidos, los intendentes, que decían sentirse víctimas de una «encerrona política» que, según afirmaron, fue urdida por legisladores del kirchnerista FpV.
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