Otro escándalo con obras sociales. Ahora en Congreso
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Eduardo Camaño
La situación de deterioro de la DAS comenzó hace años. De ser una cobertura modelo pasó por períodos de virtual quiebra con gerenciamientos tercerizados y vaciamiento de sus servicios.
Como se dijo, al no revistar dentro de los controles de la ANSSAL, los límites a su endeudamiento pasaron siempre por las negociaciones que se realizaban dentro del propio Congreso.
En ese acto, con la presencia de la Asociación del Personal Legislativo y un funcionario de la Secretaría de Hacienda de la Nación, se prometió cancelar la deuda que por entonces rondaba los $ 11 millones.
Ese acuerdo, firmado por los presidentes de las cámaras, incluía un aporte de Hacienda y la creación de una comisión mixta que evaluara a cada uno de los acreedores de la DAS y presentara propuestas de saneamiento. No hubo allí legisladores, sino representantes administrativos de las cámaras y de la cobertura médica de los parlamentarios.
En la mayoría de los casos propusieron una quita de 35% que algunos prestadores aceptaron y otros no, como el caso del Hospital Italiano, que por años había sido uno de los principales puntos de atención para los empleados del Congreso. Mientras tanto cambiaba la dependencia de la DAS de Diputados al Senado.
En esa lista estaba también el Hospital Francés. Representantes de los cuatro gremios que operan en el Congreso juran que de los $ 11 millones de deuda se cancelaron $ 7 millones y quedó pendiente un remanente de $ 4 millones. Así el proceso no habría tenido conclusión aún. De todas formas se sabe que el Francés habría cobrado al menos parte de la deuda que mantenía el Congreso al momento de llegar la intervención a esa institución.
En enero de este año, la Cámara de Diputados volvió a hacerse cargo de la administración de la DAS.
Alberto Balestrini pidió cambios en la cobertura desde el primer día, e inclusive se abrieron tratativas con el Hospital Británico para cambiar las prestaciones.
La situación por ahora sigue siendo compleja al estar los empleados sometidos al monopolio de esa dirección de salud del Congreso. Al ser cautivos y no poder cambiar de cobertura, como cualquier trabajador, no pueden optar siquiera los de mayor categoría por pasarse a la privilegiada OSLERA de los legisladores. Esa cobertura, inclusive, modificó sus estatutos para poder recibir a los empleados de las categorías uno a cuatro y espera que algún día se abra el libro de pases.
Los cuatro sindicatos que poseen representación en el Congreso también afilan las uñas. Ninguno de ellos tiene obra social propia -al tener que limitarse a la DAS-, algo impensado en el sindicalismo argentino y que los coloca en el plano del subdesarrollo al compararse con otros gremialistas.
Así el futuro de la DAS parece hoy previsible: quedarán allí los afiliados de mayor edad y los de menor ingreso, que otras coberturas no quieran asumir.
La idea de Balestrini, de todas formas, es otra: tiene la intención de modificar la ley que gobierna la DAS para abrir la cobertura, y que los empleados no tengan que pagarse su propio servicio médico o transformarla en una obra social sindical.
El problema vuelve a ser la planta de personal, pero en este caso de la propia DAS. El informe de la AGN revela que existe un empleado por cada 68 afiliados. En suma revisten allí 422 agentes (se aclara que no todos cumplen funciones en ese lugar) «y del total de la planta de personal sólo 24,17% corresponde a profesionales relacionados con el arte de curar». Es decir, que menos de un cuarto de ellos son médicos.




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