José Manuel de la Sota debutó ayer ante una platea de peronistas porteños y del Gran Buenos Aires, a quienes intentó reclutar como colaboradores. El gobernador cordobés, había pedido a sus referentes porteños que le armasen una campaña en el distrito con la excusa de que de otro modo no podría escalar en las encuestas. Producto de ese reclamo, fue el acto de ayer exclusivo para profesionales, técnicos y docentes peronistas. Fue en el Salón Gran Panamericano del hotel Panamericano de la Capital Federal, el mismo que albergó a los equipos de Fernando de la Rúa antes de que el radical asumiera la presidencia de la Nación, claro que en este caso no hubo en el «lobby» y la confitería del hotel el entusiasmo que entonces mostraban los aliancistas a pocos días de ingresar a La Rosada. Igualmente estaban en cambio concurridas las mesas y sillones esperando al candidato. Señoritas de uniforme blanco y azul repartían un bloc con carátula de bandera argentina y la leyenda «De la Sota Presidente», a cada invitado en el primer piso se adosaba una lapicera y una tarjeta de papel ilustración en la que se invitaba a anotar en su dorso los datos personales y los temas en que le gustaría a cada uno participar de los equipos del candidato.
•Menos legisladores
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El gobernador habló de la compulsa que quiere hacer, si ganara la presidencia de la Nación, ni bien asuma para que la gente vote por la reducción a la mitad de la Cámara de Diputados y la vuelta a dos senadores por provincia, como era antes de la reforma constitucional. Siguieron luego las preguntas, sobre educación y reforma política o el debate que debería hacerse acerca de eliminar o el Ministerio de Salud y la cartera educativa.
En la primera fila estuvo Osvaldo Mércuri, titular de la Cámara de diputados de la provincia de Buenos Aires. En la platea estaban también los organizadores, un grupo conformado por distintos sectores del atomizado peronismo porteño. Por ejemplo lo integran Eduardo Rollano y Carlos Montero (FUP), el ruckaufista Fernando Maurette, el ex belicista Diego Santilli, de una porción del sciolismo Ricardo Moratto, del tomismo Juan Carlos Tuñón y de los grupos de la Universidad de Buenos Aires, Enrique Rodríguez Quiantore. Pero De la Sota tiene como sus hombres de mayor confianza en estos actos de campaña a los diputados Carlos Alessandri y Eduardo Di Cola. Este cordobés bromeaba en el fondo del salón, sobre la misión que tenía en manos, que es organizar una gira de campaña en distritos que no le son familiares. Se entusiasmaba por ir a la provincia de Santa Fe, con más conocimiento y como chanza proponía «un acto en Punta del Este, donde también debe haber votantes».
La partida terminó con alegría para los promotores del encuentro quienes aseguraban que «nadie junta hoy mil profesionales para que lo vayan a escuchar», consideraron en autohalago, acerca de la convocatoria que habían hecho en las asociaciones de profesionales, como la justicialista de abogados, otra de arquitectos peronistas, ingenieros y licenciados en ciencias económicas. Una parte de la concurrencia depositó su datos con la promesa que en poco tiempo serán llamados a trabajar en comisiones para la campaña del gobernador de Córdoba. La inspiración partió de la premisa de agudizar los métodos para motorizar la campaña ante la convicción de que «cuando no hay listas para repartir cargos es difícil mover a la militancia».
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