14 de septiembre 2001 - 00:00

Pakistán se distancia de Kabul

Pakistán se distancia de Kabul
Islamabad (AFP, Reuters, EFE) - El gobierno de Pakistán tomó distancia ayer de sus aliados talibanes que gobiernan en Afganistán, ante la amenaza tácita de los Estados Unidos de incluirlo en las represalias bélicas que prepara por el ataque sufrido el martes contra Washington y Nueva York.

El presidente militar Pervez Musharraf expresó que está dispuesto a cooperar en el combate del terrorismo «como lo hemos hecho en el pasado y seguiremos haciéndolo. Todos los países deben unir sus manos en esta causa común», expresó, dando a entender que participaría de la coalición global que prepara Estados Unidos junto a las potencias de la OTAN.

Ayer se reunieron representantes de Musharraf con los altos mandos talibanes, a los efectos de presionar por la extradición del multimillonario Osama bin Laden, el principal sospechoso para EE.UU. de los atentados del martes.

Las amenazas del presidente estadounidense George W. Bush de que la respuesta bélica también sería contra los países que «funcionan como santuarios o protegen a los terroristas», tenía un apartado especial Pakistán. Allí precisamente fueron formados los talibanes en escuelas coránicas antes de que en 1994 asumieran el poder en Afganistán y se los considera «ahijados» de los militares de los servicios secretos pakistaníes, el todopoderoso ISI (Inter Services Intelligence).

Pakistán también es sindicado como el abastecedor de armas, municiones y consejos técnicos del régimen de Kabul.

Paradójicamente, el apoyo a los mujahidines afganos comenzó a fines de los años '70 bajo los auspicios de la central norteamericana de inteligencia, CIA, obsesionada por echar a los soviéticos de Afganistán sin preocuparse de la naturaleza de sus aliados.

Tras la fachada pro occidental del régimen paquistaní se oculta la realidad de movimientos extremistas de una violencia absoluta, como lo confirman los numerosísimos asesinatos cometidos por los musulmanes sunitas mayoritarios contra los chiítas minoritarios.

En Karachi, capital econó-mica del país, no pasa casi un día sin manifestaciones violentas o asesinatos sectarios.

El Estado no controla la situación en las zonas tribales del noroeste y del sur y florecen las escuelas coránicas de diversas tendencias, como la que inspiró al movimiento talibán integrado mayoritariamente por pashtúes, etnia repartida a ambos lados de la frontera afganopaquistaní.

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