14 de agosto 2003 - 00:00

Pampuro negocia el voto a proyectos testimoniales

El ministro de Defensa, José Pampuro, también analizó ayer con un grupo de senadores nacionales del PJ el trámite que seguirá en la Cámara alta la nulidad de las leyes del perdón y la adhesión argentina a la convención internacional de imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad. La invitación a un almuerzo por parte del ministro al titular del bloque, Miguel Angel Pichetto (Río Negro); Mabel Müller (Buenos Aires), José Luis Gioja (San Juan); Marcelo López Arias (Salta) y Guillermo Jenefes (Jujuy), facilitó la charla, que a partir de las primeras horas de la tarde continuó en el propio bloque PJ del Senado. Todos coincidieron en que es un tema muy sensible y que es necesario un análisis desde lo jurídico y lo político. Tan ríspido como para que se haya decidido que, el miércoles de la semana que viene -día de sesión del Senado-, el bloque se reúna a partir de las 11 de la mañana, hasta que se inicie la sesión, para «con flexibilidad» buscar un consenso que acerque las posiciones y no muestre en lo interno un bloque fracturado.

En un clima castrense de creciente malestar, en los Estados Mayores de las Fuerzas Armadas se cree que el gobierno ya tiene decididos sus próximos pasos y podría hacer avanzar, otorgando la extradición del ex general Guillermo Suárez Mason y el ex capitán de Fragata Alfredo Astiz, dos casos considerados emblemáticos.

Sin embargo, ambos no tendrían similar repercusión interna: el caso de Suárez Mason no tendría mayor impacto interno en el Ejército como sí ocurriría en la Armada con Astiz. Este último, junto con el caso del capitán de Corbeta Ricardo Cavallo, extraditado de México a España, obliga al jefe del arma naval, contraalmirante Jorge Godoy, a cabalgar con baquía una difícil situación.

Con el pedido de no ser mencionados, el siguiente sería el cuadro de situación que los uniformados describen del interior de sus fuerzas, aclarando que, aunque los tres jefes de las Fuerzas Armadas han sido aconsejados por sus estados mayores de actuar en forma conjunta, la situación de cada uno de ellos es distinta.

• El más comprometido es el del Ejército, general Roberto Bendini, quien les ha comentado a algunos íntimos estar convencido de que la crisis «me lleva puesto». Se ha lamentado que, no obstante los abrazos que ha recibido en público del Presidente, no ha podido hablar con él, para trasladarle el panorama interno de la fuerza, desde que asumió en la Casa Rosada el 25 de mayo pasado.

• Provocó sorpresa -grata en lo interno-, en cambio, la actitud de la Fuerza Aérea, cuyo jefe, brigadier Carlos Rohde, al ser citados por el juez Rodolfo Canicoba Corral los ex jefes de la fuerza brigadieres Omar Graffigna y Arturo Lami Dozo, los hizo acompañar por el secretario general de la fuerza, brigadier Norberto Di Meglio, y por el brigadier auditor (R) Eugenio Miari.

• Los mandos castrenses manifiestan mantener contactos con legisladores peronistas, que les aseguran que lo que está haciendo el Presidente es acumular poder político para tener fuerza suficiente cuando se termine la luna de miel y comience a tomar medidas que no serán bien recibidas por la izquierda y otros sectores, como los aumentos tarifarios, las compensaciones a los bancos, y el acuerdo con el FMI que obligará a la Argentina a comenzar a pagar. Y que la tensión puede ceder a partir de octubre, cuando hayan concluido las elecciones y se tenga más clara la relación de fuerzas en el Congreso, propias y opositoras.

• En el seguimiento de estas políticas se les atribuye influencia decisiva a
Cristina Fernández de Kirchner, Carlos Zanini y al segundo de la SIDE, Francisco «Paco» Larcher (ex titular del Banco de la Provincia de Santa Cruz).

• El ministro
Julio De Vido afirmó ante algunos amigos que tanto Néstor Kirchner como el equipo que lo acompaña tienen un plan político «que vamos a cumplir. Nosotros somos como los tuaregs, capaces de caminar dos mil kilómetros sin tomar agua», dijo, aludiendo a la tozudez en el seguimiento de sus ideas.

• Hoy las Fuerzas Armadas están deshilachadas, sin fuerza ni espacio político, como para que se repitan hechos similares a Semana Santa de 1987, que lideró el hoy candidato a gobernador Aldo Rico.
«Este no es el mismo Ejército que mandaba en aquellos años (Héctor) Ríos Ereñú», evocó un alto mando.

Dejá tu comentario

Te puede interesar