28 de septiembre 2004 - 00:00

Párrafos salientes

Del libro de Raúl Alfonsín "Memoria política". Principales conceptos de la obra

Párrafos salientes
«Recuerdo que durante Semana Santa, el sábado 18 de abril, a las 2.30 de la madrugada, llegó una información acerca de la salida de un grupo de vein-te comandos desde Campo de Mayo hacia la Casa Rosada con la intención de asesinarme. Esa misma información les llegó a varios de mis colaboradores, quienes se dirigieron inmediatamente a la Casa de Gobierno, sin que nadie los parara en el trayecto. Cuando los vi llegar, me causó gracia ver a estos cinco amigos que venían a «preservarme» de esos veinte comandos, y los saludé diciéndoles que gracias a su presencia me podía ir a descansar tranquilo. Enrique Nosiglia, Leopoldo Moreau, Carlos Becerra, Raúl Alconada Sempé y Ezequiel Lanusse permanecieron en el despacho presidencial, junto con los colaboradores civiles y militares que ya estaban en la Casa Rosada. Cuando importantes oficiales presentes hicieron su análisis sobre la factibilidad del supuesto ataque comando, uno de ellos sostuvo que los atacantes podrían entrar por la ventana, en ese mismo instante, y matarnos a todos en un segundo, sin ninguna posibilidad de resistencia por parte nuestra; otro, en cambio, más risueño, sostuvo que nunca llegarían, pues se perderían en el camino o los detendría un agente de tránsito por pasar un semáforo en rojo. Uno de mis colaboradores les pidió que presentaran una versión ¨'promedio' porque resultaba un tanto esquizofrénico estar esperando que entraran a matarnos a todos y al mismo tiempo especular con que esos mismos comandos se perdieran en alguna calle de Buenos Aires. En ese momento, un funcionario muy cercano estaba en el mismo despacho oyendo su vieja radio Spica. Cuando Alconada lo vio, le preguntó qué estaba escuchando, y el amigo le contestó que sintonizaba radio 'Colonia', 'para saber qué pasa'. Alconada le respondió: Mirá, estamos en el despacho del presidente, y se supone que es el lugar que tiene la mejor información del país. Si los militares se enteran de que estamos siguiendo la crisis por radio 'Colonia', estamos hechos mierda... Por la buena imagen de la empresa es preferible que los comandos nos maten de sorpresa antes que enterarnos de que entraron a la Casa de Gobierno por radio 'Colonia' ". La mayoría se rió con el comentario, salvo el destinatario, que se retiró a otro despacho e insistió con su capricho de saber qué estaba pasando.»

«Cuando ya habían salido Rico y Venturino, ocurrió algo imprevisto. Breide Obeid pidió hablar conmigo. Yo accedí. Era un hombre bastante más joven que los demás y estaba muy emocionado. Yo no sabría repetir textualmente lo que me dijo, pero una versión aproximada de sus palabras es la siguiente: 'Señor presidente, comprenda usted nuestra situación. Nos llevaron a la guerra contra la subversión, convenciéndonos de que defendíamos a la sociedad contra una agresión. Tuvimos que librar así una lucha para la que no estábamos preparados, nos hicieron hacer cosas que nunca habríamos imaginado como militares, argumentando que defendíamos a nuestras familias. Nos llevaron a la Guerra de las Malvinas en pésimas condiciones materiales y sin planeamiento adecuado. Después de aguantar el frío, los bombardeos y la prisión inglesa, fuimos traídos de vuelta escondidos como si fuéramos delincuentes. Después de eso no defendieron la dignidad del Ejército, ni hicieron las reformas que pedíamos' ».

Habló con voz temblorosa y tenía lágrimas en los ojos cuando se despidió de mí. Debo reconocer que su actitud me conmovió. Este oficial evidenciaba haber recibido esa formación característica de las tropas llamadas 'especiales', es decir, una formación fundada en la necesidad de superar el instinto de conservación y que con ese fin desarrolla mecanismos de exaltación que dan gran primacía a lo sensible sobre lo racional.»


« Un país por muchas décadas replegado sobre sus propias fronteras y, por lo tanto, una sociedad que progresivamente le dio la espalda a la necesidad de competir y de capturar el progreso técnico, le reclamó al Estado que, además de sus funciones constitucionales, hiciera muchas cosas y a cualquier costo. Así, el Estado debió afrontar la demanda de que se convirtiera en garante de la producción y el crecimiento. Pero mientras que en los Estados modernos desarrollados esta demanda es satisfecha mediante el diseño de una estrategia para toda la Nación y con reglas de juego transparentes que movilizan la iniciativa social, en la Argentina el Estado se vio llevado a hacerlo sea a través de la creación de empresas públicas industriales, sea a través del subsidio al capital privado, o haciéndose cargo de empresas quebradas. Es cierto que este papel dominante del sector estatal en la economía estuvo algunas veces justificado, dado que la inestabilidad política y económica del país generaba un clima desfavorable a las inversiones de riesgo.

En una economía más integrada al mundo, que quiere crecer a partir del poder de compra de los mercados internacionales y no vivir del poder de compra de un sector público prácticamente en quiebra, estuvimos obligados a asignar los fondos del Estado con el máximo de eficiencia económica y el máximo de eficiencia social. Esto imponía establecer una atenta vigilancia sobre las inversiones públicas, transferir al sector privado aquellas empresas productoras cuyo mantenimiento en manos del Estado ya no significaba un beneficio para la comunidad, y terminar con el error de creer que legalizar la evasión impositiva es promover la industria y que venderle caro al Estado es defender al empresariado nacional.»

Dejá tu comentario

Te puede interesar