1 de marzo 2002 - 00:00

Pelea De Mendiguren-Remes por el discurso

Por consejo de Joao Santana, su inseparable y costoso asesor de imagen brasileño (el mismo del populista Lula Da Silva), Eduardo Duhalde resolvió postergar un par de horas el discurso que, tradicionalmente, los presidentes pronunciaron a las 11 en punto para abrir las sesiones ordinarias del Parlamento. Problemas de programación: a esa hora los canales de TV, sobre todo sus favoritos, habían dado turno a Aníbal Ibarra y a Felipe Solá para que también inauguraran sus legislaturas.

Duhalde se dedicó desde que regresó de Santiago del Estero, antes de ayer, a «masajear» su pieza oratoria: la leyó un par de veces, intercaló algunas frases-eslogan típicas de su gestión, la hizo repasar por algunos colaboradores. En rigor, lo que les dirá hoy a diputados y senadores es la versión ampliada de un discurso básico del vocero Eduardo Amadeo y de Luis Verdi, su clásico «ghost writer». Hasta anoche esa presentación ante senadores y diputados sería la única que el presidente designado ofrecería en el Congreso: sus principales colaboradores aseguraban que no enfrentaría a la multitud, por él mismo congregada, que visitará desde el conurbano la Plaza de los Dos Congresos. Los movilizados tendrán seguramente la oportunidad de seguir el discurso por alguna pantalla, de tal manera de aplaudir los pasajes más emotivos dedicados por Duhalde. Lo harán en la medida que se los permita el cansancio: desde las 5 de la mañana esa clientela política habrá estado en movimiento.

Conceptualmente, lo que dirá el jefe de Estado en el Parlamento no tiene novedades formales. Apelará, sí, a algunas frases «marketineras» para halagar a su tropa y también para que no resulte un monólogo demasiado aburrido. Por los demás, la confección de los papeles fue la que se sigue tradicionalmente: un texto con información de cada ministerio que se traslada a una «mezcladora» en la que intervienen los estilistas (en este caso Amadeo-Verdi). Es cierto que, por las circunstancias especiales de la crisis y por las tensiones que han aparecido con Jorge Remes Lenicov, el ministro de Economía ejerció ayer una especie de «censura previa» final sobre lo que dirá el Presidente (bromeaban los fiscalistas de Hacienda: «Lo que nos falta para complicar todo es que levante el tono con frases tipo 'patria sí, colonia no'»). El temor se justifica: José Ignacio «Bocha» de Mendiguren, el temible ministro de la Producción, anduvo revoloteando sobre el «paper» tratando de infiltrar alguno de sus clásicos postulados proteccionistas. Como se ve, la puja de posiciones y orientación que se libra entre Remes y De Mendiguren se libra también en el terreno literario.

• Lineamientos

Los que pudieron curiosear los papeles que llevará Duhalde a las cámaras adelantaban ayer que no deben esperarse anuncios sobre medidas demasiado detalladas. Hablará, eso sí, de las características de la política económica que está llevando adelante, de la paz social como objetivo, la reconversión de la política y otros tópicos de la operación retórica que el gobierno viene ejercitando en lo que va de su gestión. Este aspecto de la alocución es tan relevante para Duhalde que su intervención ya llevaba anoche, en su entorno más íntimo, el nombre de «Discurso del Nuevo Modelo».

No debería descartarse tampoco un párrafo sobre la «herencia recibida», con dedicatoria imprecisa: nadie sabía anoche si castigaría con ese pasaje a Carlos Menem -cuyo hermano Eduardo estará en el auditorio- o a Fernando de la Rúa -del partido de Raúl Alfonsín, también presente-.

Sí es seguro que Duhalde hará suyas algunas propuestas del denominado «Diálogo Argentino» o concertación, que han venido llevando adelante los obispos allegados al gobierno y el diplomático de Naciones Unidas, Carmelo Angulo.

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