24 de marzo 2005 - 00:00

Pese a orden del gobierno, piqueteros siguen bloqueos

Uno le ofrece lo que no tiene; el otro le promete lo que no quiere cumplir. Subsidiarios de la Casa Rosada, el piquetero Luis D'Elía y el camionero Hugo Moyano coincidieron, en las últimas horas, en un desafío, aunque vía intermediarios, a Néstor Kirchner.

Desconociendo el planteo oficial de clausurar los bloqueos -planteo que hizo primero el Presidente y luego reforzó el ministro del Interior, Aníbal Fernández- un grupo piquetero con extensiones en D'Elía volvió ayer a «escrachar» una estación de servicio de la petrolera Shell.

En paralelo, una mesa gremial que controla el colectivo Juan Manuel Palacios, socio de Moyano, se declaró en « alerta» y reclamó al gobierno, con tono de ultimátum, una cita con Julio De Vido y Carlos Tomada. Desligaron una advertencia: podría haber un paro global en el transporte.

Desligadas entre sí, una y otra acción se encuentran en un punto del horizonte que deja a D'Elía y Moyano desnudos ante el gobierno: o no controlan lo que aseguran controlar o el apoyo a Kirchner, más aparatoso en el piquetero y sutil en el camionero, no es tal.

Al piquetero de la FTV, por caso, se le escurrió de las manos un grupo minúsculo que tributa al Frente de Organizaciones Sociales (FOT), su núcleo piquetero. Se trata del Movimiento 26 de Julio que, con un puñado de militantes, bloqueó ayer un local de Shell ubicado en Diagonal Norte.

En la FTV dicen que fue una reacción individual de sus socios menores; que apenas sonó la diana en la Casa Rosada, D'Elía y sus aliados Jorge Ceballos (Barrios de Pie), Edgardo Depetris (CTA) y Emilio Pérsico (MTD Evita) recogieron el guante y suspendieron las medidas.

• Escraches

No es tan así: anteayer, militantes de Barrios de Pie, que responden al piquefuncionario Ceballos, hicieron una cadena de escraches contra Aguas Argentinas. Fue llamativo: la protesta se anunció el mismo día que Aníbal Fernández pidió «duros castigos» a los bloqueadores.

Por el lado de
Moyano, la advertencia al gobierno llegó por medio de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), organización que recién a fines del año pasado recuperó la personería gremial que le habían arrebatado en 1976. La sigla engloba a los gremios del transporte marítimo, de pasajeros -micros y subtes-, de cargas, aéreo y ferroviarios. La jefatura la ostenta Palacios, escoltado por Moyano, mientras hacia abajo se acomodan Omar Viviani (taxis), Juan Carlos Schmid (dragado) y José Pedraza ( Fraternidad), entre otros.

Son todas áreas sensibles. La mayoría, en los últimos días, protagonizó algún tipo de conflicto: camioneros en Coto, el conflicto en los subtes y, entre otros, el paro en los puertos y el de choferes de media y larga distancia.

Es una situación más compleja. Por varios motivos:

1-
Controla con rigor su gremio, el de camioneros, -cuando quiere caos manda a su hijo Pablo- pero no puede apagar el nivel de tensión que hay en otros sectores gremiales, aliados suyos en la antigua CGT disidente.

2-
Sus pares reniegan porque Moyano usa su poder de fuego y la vidriera de la CGT para resolver los problemas de su gremio, pero no muestra el mismo interés cuando se trata de planteos sectoriales de otros caciques. Recuerdan, por caso, lo ocurrido en el supermercado Coto y, más atrás, el problema de la basura en la Ciudad de Buenos Aires.

3-
En algunos rubros, por caso el portuario, las empresas atraviesan una «etapa dorada» que, se quejan los gremialistas, no se expande a los empleados. Tampoco, aquí, cuentan con que Moyano haga lobby en el gobierno en su favor.

Moyano
, mientras se pelea con Roberto Lavagna, logró amortiguar una amenaza más poderosa y consiguió, en una cumbre del lunes, que se declare el «alerta» y no, como proponían algunos, un paro de 24 horas en todos los gremios que integran la CATT. Sería una medida de altísimo impacto.

Por eso, el camionero tomó el teléfono y gestionó reuniones con
De Vido y Tomada, como primera instancia de negociación.

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