Piqueteros intentan recuperar iniciativa
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Raúl Castells
• El gobierno sigue con su política de «desangrar» a los grupos rebeldes quitándoles planes. En general, es porque superan la edad fijada para el subsidio o porque la ANSeS detectó algún aporte por un trabajo eventual. Ocurre con todos las agrupaciones pero a los «amigos», el gobierno les reemplaza esos subsidios con créditos o más asistencia alimentaria. A los duros, en cambio, los dejan sin nada. En las últimas semanas también las provincias comenzaron a tumbar planes. Eso debilita a los grupos que ven mermar a sus seguidores, en muchos casos temerosos de que el solo hecho de pertenecer a un grupo enfrentado al gobierno, podrá implicarle la pérdida del subsidio estatal.
• Castells es otro elemento que atentó, según admiten los duros, contra el protagonismo de los caciques del Polo Obrero, el MST Teresa Vive o los más combativos de la CTA Aníbal Verón, por nombrar a los más relevantes o ruidosos. Con su larga huelga de hambre, Castells se quedó con todos los flashes del universo piquetero y desvió el eje de atención de Capital Federal a su celda o luego cama de hospital en el Chaco. Más allá de un eventual acuerdo a principios de este año, Castells y el resto de los duros, encabezados por Néstor Pitrola del Polo Obrero, siempre tuvieron roces y problemas de protagonismo. Este round lo ganó Castells.
• También los grupos dialoguistas relegaron a los combativos. Mañana, la CCC de Juan Carlos Alderete y la MTD Aníbal Verón de Juan Cruz Daffunchio anunciará un acuerdo con los comerciantes de Avellaneda por el que se comprometena no cortar más de dos horas el Puente-Pueyrredón. Eso continúa el pacto que sellaron con el gobierno, a través de Aníbal Fernández, para acotar los cortes de calle. De ese modo, los duros quedan más radicalizados y dirigentes y activistas, salvo los ultraduros, dudan de la efectividad de aquel método. Sobre todo cuando, como Pitrola, tienen que pensar en colectar votos para una candidatura legislativa.
• Por último, también los gremios formales le dieron un empujón. La unificada CGT de Moyano-Rueda-Lingieri tomó como bandera propia el reclamo salarial y la demanda de mejoras en los recursos, y hasta consiguió algunos logros. En tanto, la CTA de Víctor De Gennaro se hizo cargo de los pedidos de despenalización de la protesta social. De hecho, un dirigente de la CTA, Ariel Basteiro, hasta presentó un proyecto en el Congreso en ese sentido. Con esas demandas en otras manos, a los duros se les licuó la agenda de protesta.




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