PJ inquieto: damas rebeldes piden ocupar 30% de lugares

Política

El estigma de Eduardo Duhalde perdura; como un fantasma, los dibujos del ex presidente interino volvieron desde algún lugar para estorbar la agitada primaria del PJ.

Ocurrió de un modo inesperado: desde el papel, con un artículo que parecía olvidado.
Dos líneas, al final de la carta orgánica partidaria, fueron el argumento para una rebeldía femenina, inorgánica pero incómoda, para que las damas del PJ salgan a reclamar airadamente que un tercio de las listas de la interna sea ocupado por mujeres.

Se apoyan en el capítulo 10, sobre Disposiciones Especiales, de la «Biblia» peronista, que en su artículo 88 dispone que las listas de cargos partidarios «en todas sus categorías deberán estar integradas por lo menos con un treinta por ciento de mujeres».

  • Concesión

    La historia se remonta al 93, cuando, desesperado por sumar adhesiones para la Constituyente, donde quería incluir su reelección como gobernador, Duhalde aceptó incorporar un artículo transitorio que otorgaba 30% de los cargos a las damas.

    Fue una concesión vaporosa que jamás se cumplió hasta que, 15 años después, fuera de temario, en el congreso del 10 de octubre en Tres de Febrero, convocado a sólo efecto de prorrogar la Junta Electoral, se votó por unanimidad validar aquella disposición.

    Una larga batalla de las mujeres se resolvió casi sin pestañear: fue Marcela Durrieu quien hizo la moción y le tocó a Graciela Giannettasio invitar a que se vote. Unos días después, con una nota al consejo del PJ, las damas volvieron, persistentes, a la carga.

    El texto, que invita a «los compañeros» a hacer cumplir lo votado por el congreso de Tres de Febrero, unifica mágicamente a damas que transitan atajos partidarios diversos: desde Mabel Müller hasta Adela Segarra, además de las promotores de la cruzada, Durrieu y Giannettasio.

    Claudia Bernazza, GracielaCamaño, Claudia Prince y Mónica Pellegata, entre otras féminas, pusieron su firma para reclamar que se respete el cupo femenino que existe para los cargos electivos en la confección de las listas.

    Y así fue: el artículo fue incorporado oficialmente en la carta orgánica, y desde la página del PJ bonaerense se alertó específicamente ayer a los armadores que en las boletas distritales y seccionales deberán incluir un porcentaje de candidatas.

    Tarde, sin aplausos, el peronismo se aggiorna a un rubro en el que con Evita fue iniciador al punto que se llegó a armar el Partido Justicialista femenino en la que, por expresa disposición de la señora Duarte, estaba prohibido que las mujeres de dirigentes ocuparan cargos.

    En la cruzada de las damas no hubo invocación a la Presidente, pero la proclamación de Cristina de Kirchner como la primera mujer en llegar, vía elecciones, a ese cargo sobrevoló la embestida.

    Dato histórico: Durrieu, junto a Virginia Franganillo, forzó en los 90 a que se modifique una lista en Mendoza en la que los caballeros reservaban al cupo femenino 30% de la boleta pero en los cargos suplentes. La Justicia obligó a que se repartan los lugares titulares.

  • Borrones

    Resultado: un tercio de las listas deberá preservarse para mujeres, con lo cual las boletas que se habían acordado hasta anoche en la mayoría de las secciones y los distritos deberán, al menos parcialmente, rehacerse. Otra vez, los punteros, a remar en la arena.

    Un caso: el miércoles pasado, Alberto Balestrini bendijo con una cena la lista de unidad del conurbano sur integrada por José «Pepe» Pampuro, Juan José Mussi, Aníbal Fernández y Baldomero «Cacho» Alvarez. Si se aplica el 88, uno de los cuatro deberá ceder su butaca.

    ¿Y en la Primera? Todavía no logran definir quiénes agarrarán la sortija desde la calesita en la que bailan Raúl Othacehé, Alberto Descalzo, Mario Ishi, Luis Acuña, Osvaldo Amieiro y Mariano West, reparto que se acotará con la obligación de ceder 30%.

    Parece un dato menor, pero no lo es. Con forceps, en más de una sección se logró la unidad que con esta nueva disposición podría resquebrajarse.

    Salvo que, como en otros tiempos no lejanos, se recurra al clásico de «nominar» esposas, hijas o secretarias.
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