En octubre de 2007, Cristina de Kirchner consiguió 3,2 millones de votos en la provincia de Buenos Aires. En 2003, su esposo, 1,9 millón. Si existe fidelidad partidaria, el PJ ortodoxo le aportó a la Presidente casi 50% de los sufragios. Con el ex presidente, la cifra llegó a 80%.
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El dato surge del último informe de la Justicia Electoral que, a través del juez federal con competencia electoral Manuel Humberto Blanco, validó que el padrón de afiliados del peronismo de Buenos Aires asciende a 1.515.274 inscriptos, sin contar los extranjeros. Por eso, los caciques del peronismo -y Kirchner reproduce esa certeza- afirman que en soledad, el PJ le garantiza al ex presidente un piso de 20% de los votos si, como se evalúa, el patagónico quisiera competir en 2009 como diputado nacional por Buenos Aires.
Eso, claro, si se da por hecho que el 1,5 millón de afiliados peronistas decide acatar el mandato partidario y acompaña, sin quejas, al postulante oficial. Fuera de eso, leyendo encuestas, se suele decir que en la provincia, el PJ tiene «un piso de 30%» de votos.
Pero así como hay una mirada tranquilizadora, sobre el batallón de afiliados, enlazados en una red de punteros que tributan a jefes de territorio, en general intendentes, puede construirse una mirada inquietante respecto de la dependencia que de ellos podría tener Kirchner.
El dato es sencillo: sólo quince caciques territoriales suman cerca de un millón de afiliados, lo cual, en una hipótesis de conflicto, y con el mismo criterio de acatamiento y verticalidad partidaria, suponen un riesgo potencial para la jefatura de Kirchner. Eso explica varios movimientos. Por un lado, por qué el patagónico nunca se animó a avanzar sobre ciertos territorios; segundo, por qué el ex presidente se lanzó, sigilosamente, en las últimas semanas a animar duelos y combates entre los caciques.
Contrapoder
«Caotizar», lo indica cualquier manual de política básica, es la mejor forma de conducir. (Perón lo llamaba «quilombificar».) El supuesto de una unidad expresa entre los quince caciques más poderosos podría constituir un contrapoder real contra la comandancia que Kirchner ejerce desde Olivos.
Para evitar esa tentación, el ex presidente sembró discordia entre los alcaldes y detonó batallas entre los intendentes del conurbano. En la Primera, la embestida la encabezó Mario Ishii, de José C. Paz; en la Tercera, la comandó Baldomero «Cacho» Alvarez (Avellaneda).
Luego de inyectar esas disidencias, Kirchner mandó a Alberto Balestrini, Sergio Massa y Florencio Randazzo -intervino, también, José María Díaz Bancalari- a aplacar las rispideces.
En ese marco, resulta interesante saber quiénes son los comisarios políticos con mayor poder de fuego electoral.
Veamos a continuación:
Primero en el podio es Balestrini, jefe de La Matanza, donde el PJ ostenta 135.445 afiliados, casi 15% del total de habitantes. Balestrini será en noviembre el jefe del PJ bonaerense y sigue, más allá de que su tarea de custodio sobre Daniel Scioli no parece necesaria, como vicegobernador.
Lejos, pero con un ejército que le envidian los demás caciques, aparece Raúl Othacehé, portador de 75.406 afiliadosen Merlo -ese lejano oeste donde no es una tarea sencilla competir contra el PJ- distrito en el que Kirchner no permitió -a diferencia de otros casos- colectoras en el Frente para la Victoria (FpV).
Menos personalizado, repartido entre submandos, el tercer escalón lo ocupa La Plata, ahora gobernada por Pablo Bruera, luego de la larga temporada en que la dominó de punta a punta Julio Alak. En La Plata -según el padrón del PJ avalado por la Justicia Electoral-hay 69.815 afiliados al peronismo.
El cuarto lugar le corresponde a Lomas de Zamora, la capital de las internas del peronismo, donde la abundancia de afiliados no ha impedido triunfos de la oposición -como ocurrió en el 97 y el 99- y un resultado ajustado, por ir divididos, en 2007. Ahí gobierna Jorge Rossi, pero el PJ se reparte entre muchos jefes y jefecitos: desde Osvaldo Mércuri hasta Pablo Paladino.
El grupo de los cinco más grandes se completa con Quilmes, donde Francisco «Barba» Gutiérrez destronó el año pasado al ahora ex anibalista Sergio Villordo. Gutiérrez quiere convertirse en jefe del PJ quilmeño a pesar Xde que le ponen objeciones.
En el pelotón de los diez siguientes aparecen dos dirigentes varias veces reelectos: Jesús Cariglino (Malvinas) y Mario Ishii (José C. Paz), sociosen el Grupo General Sarmiento, que pretende tener más incidencia en las decisiones de la Primera Sección electoral. También figura Darío Díaz Pérez (Lanús), que heredó un PJ masivo de la eterna gestión de Manuel Quindimil; Almirante Brown, donde Darío Giustozzi ligó también un PJ con mucha tropa que le dejó Jorge Villaverde, y más abajo aparecen Florencio Varela, donde manda Julio Pereyra; Moreno, donde comparten mando Andrés Arregui y Mariano West; el agitado San Miguel, donde se pelean Joaquín De la Torre y Franco La Porta, y Berazategui, controlado por Juan José Mussi.
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