PJ porteño ensaya pacto para ver si cambia suerte

Política

El peronismo «pejotista» de la Capital Federal, el mismo que sacó 1,68% de votos en la última elección a jefe de Gobierno de la que participó (2002) y que en la última directamente se abstuvo de participar, comenzó en el último mes a tramar una alianza de todos los sectores con la ilusión de que su destino puede cambiar.

El fruto de ese ensayo de acuerdo en una suerte de transversalismo peronista que busca aspirar a los «compañeros» que hoy militan en veredas enfrentadas (ibarrismo, albertismo, kirchnerismo, macrismo, duhaldismo) se conoció el viernes por la noche. Fue la resolución de la jueza María Servini de Cubría que posterga las elecciones internas del PJ previstas para el próximo 10 de abril para una fecha que permita atornillar ese pacto panperonista. Más importante, la resolución le quita al Congreso partidario la facultad de elegir candidatos a cargos electivos, una cláusula que había introducido el actual interventor partidario, Ramón Ruiz.

La jueza Servini resolvió así los planteos formales y los «alegatos de oreja» que recibió de todos los actores de la puja interna del peronismo para lograr una base legal y plazos que le permitan al oficialismo nacional emparejarse en las elecciones a diputados y legisladores del próximo octubre con las chances que la opinión pública les da a sus adversarios. Según esas presunciones, gaseosas como toda adivinanza preelectoral, el cielo lo cubren Rafael Bielsa, Maurico Macri y Elisa Carrió. Un escenario tercio-tercio y tercio que hace ilusionar a cualquiera de los contendientes con ganar o perder por más-menos 3 puntos, el mismo que en 1993 lo hizo ganar a un Erman González por un punto frente a la radical Martha Mercader, en un distrito siempre reacio al peronismo. Quienes explican que el combustible de aquella victoria fue el apoyo de un Carlos Menem que pasaba por su mejor momento se entusiasman con las comparaciones: creen que Néstor Kirchner, padrino de esta aventura, también pasa por una bonanza que no se le va a repetir.

La cancha la dividieron en la última semana los principales jugadores del distrito
-Alberto Fernández y Daniel Scioli-en una larga reunión que mantuvieron el lunes de la semana pasada en el despacho de la Jefatura de Gabinete.

• Objetivo

Fue la reunión más importante que haya habido para el futuro político de la Capital desde el colapso de Cromañón y el objeto fue dar por terminada la intervención de Ruiz, un hombre clave en el armado del PJ Capital desde siempre, con terminales en el juzgado de Servini, en la SIDE (agencia para la que prestó servicios en España y otros distritos) y en el último tiempo en la Jefatura de Gabinete.

Alberto Fernández
ha alentado más allá de lo razonable operaciones para armar una candidatura a jefe de Gobierno de la Capital, y había logrado con Ruiz la llave para decidir las candidaturas del partido merced a una reforma de la Carta Orgánica que ahora, tras la negociación con Scioli, ha quedado derogada.

Para construir esa chance,
Alberto Fernández se ha convertido también en padrino de la gestión Ibarra, y en cuya estabilidad confía más que nadie en el gobierno. De ahí su permanente apoyo al jefe de Gobierno aun en sus peores horas y también el entramado de ayuda que auspicia a través de Héctor Capaccioli, el principal «albertista» en el gabinete de Ibarra o del sindicalista Víctor Santamaría, visitante frecuente al despacho del jefe de Gabinete, quien sigue creyendo -como lo hacía su ex socio Gustavo Béliz-que para una elección porteña es clave la ayuda del sindicato de los porteros.

¿Por qué entrevistarse tan poderoso personaje con el vicepresidente? Porque
se instaló en el último mes una muletilla que se le atribuye al propio Néstor Kirchner: «A Daniel hay que preservarlo para la Capital en 2007 o antes si hay elecciones adelantadas de jefe de Gobierno».

Eso lo repitió también Eduardo Duhalde el martes pasado cuando cenó como invitado por el sindicalista «Momo» Venegas con la banda de los Jóvenes K. Fue al reconocer el crédito que él cree tiene Scioli en el electorado porteño, tan grande que hasta podría servir de « madrina» de una lista electoral. «Como hacía Reutemann en Santa Fe, que siendo gobernador y se ponía a la cabeza de una lista de candidatos a diputados nacionales para enviar el mensaje a la gente de dónde estaba su preferencia, Daniel -dijo el imaginativo Duhalde podría sin dejar de ser vicepresidente ponerse también en una lista de candidatos a diputados nacionales este año».

Claro que esa audacia obligó a que Duhalde lo llamase pocos días después a Scioli para aclararle que lo había dicho en un aparte de la charla con los amigos del «Momo» Venegas y que había dicho «sin que Daniel deje de ser vicepresidente».

En esa mesa de la Jefatura de Gabinete, Alberto Fernández y Scioli discutieron dos escenarios posibles:

1. La hipótesis de
Kirchner es que no está asegurado para nada que Ibarra pueda seguir en el cargo, arrinconado como parece por la crisis Cromañón que no cesa y amenazado por una citación judicial. Para esa eventualidad hay que tener preparado a un candidato a jefe de Gobierno y hoy el que mejor mide es Scioli.

2. La hipótesis de
Alberto K. es otra; no cree tanto en la caída inminente de Ibarra.

Tampoco podría admitirlo porque su compromiso con Ibarra y los suyos se lo impiden. Cree sí que hay una debacle interna de la gestión de
Ibarra que Kirchner debe aprovechar para avanzar y coparle todos los cargos posibles. Su plan es adueñarse de la gestión y arrancarle el control de la administración. Mientras tanto y hacia adelante, prefiere armar el PJ con todo lo que esté a mano, incluyéndolo a Scioli, con quien por ahora dice no querer competir.

Kirchner tiene reservas ante esta operación, la cree riesgosa porque pega mucho su suerte a la de Ibarra. Le concede crédito al jefe de Gabinete, a quien dice reconocerle algunos de sus aciertos, él está tan convencido de eso porque ayudando -y aún copar su administraciónlo pega mucho al Presidente a Ibarra y en la eventualidad de que caiga, la factura la termina pagando
Kirchner. Scioli y Alberto F. coincidieron en que para cualquiera de los dos escenarios hay que copar también el PJ con un hombre indudablemente propio en lista de unidad: el hombre es Alberto Iribarne, peronista con terminales en Duhalde y también en el jefe de Gabinete.

A cambio de aceptar este nuevo presidente del partido en listas compartidas,
Scioli impuso la necesidad de que cese el hostigamiento del peronismo «albertista». La prueba de buena fe que logró fue la promesa del propio jefe de Gabinete de no disputarle espacios hasta nuevo aviso y que la Justicia repusiera el mecanismo de las internas para elegir candidatos.

En pocas horas Servini firmó la resolución respectiva en el juzgado electoral de la Capital. Se conoció el viernes por la tarde. Para esa hora ya Scioli había logrado el apoyo al nuevo plan de un arco que va de
Hugo Moyano, a través de Omar Viviani (taxistas) a Julio De Vido, pasando por macristas en fuga del pacto con Ricardo López Murphy como Eduardo Rollano, Santiago de Estrada, Cristian Ritondo y duhaldistas de Jorge Telerman y hasta del propio Eduardo Duhalde que como siempre apoyó con un telefonazo.

Dejá tu comentario