2 de junio 2008 - 00:00

PJ: reproche de bonaerenses ya golpea hasta a Kirchner

NéstorKirchner
Néstor Kirchner
Néstor Kirchner tendrá mañana la oportunidad, quizás única, de conocer en detalle el clima de desesperación y pánico que invade al peronismo bonaerense cuando una delegación, numerosa, de legisladores provinciales lo visite por la tarde en la sede del PJ nacional.

Luego de reunir al consejo nacional, a los piqueteros K y a los legisladores nacionales, hoy es el turno de los transversales y mañana, al atardecer, como parte de esas rondas de tanteo y alineamiento, la comitiva se instalará, a la defensiva, en el local de la calle Matheu.

Si Kirchner quiere explorar el ánimo de la tropa K de Buenos Aires podrá hacerlo el martes si los invitados se animan a contarle lo que expresan en privado, si no los abruma el temor a ser condenados por «alta traición» al oficiar de mensajeros de malas noticias.

Luego de un encuentro que mantendrán con Daniel Scioli en La Plata, al mediodía, la caravana de dirigentes desembarcará en la sede del PJ de la calle Matheu encabezada por el vicegobernador y mandamás del Senado, Alberto Balestrini, y los jefes de los bloques, Osvaldo Goicoechea y Raúl Pérez.

  • De viaje

  • Entre las bajas, se justifica la de Horacio González, presidente de Diputados, lugarteniente del alcalde de Ituzaingó, Alberto Descalzo, que encabeza por estos días una delegación de parlamentarios viajeros que, lejos de la crisis del campo, andan por Europa.

    Otros, como Emilio Monzó y Alicia Tabarés, también están fuera del país, por lo que tendrán excusa para no ir. Los demás faltazos, deberán interpretarse como desafíos o, quizá, como comportamientos de autodefensa ante la presión de los chacareros.

    Por lo pronto, el panorama en el peronismo bonaerense es crítico. A continuación los puntos más sensibles:

    1- Los alcaldes, legisladores y dirigentes alineados con el gobierno padecen, de manera sistemática y en algunos casos brutal, escraches y protestas de los que, se quejan, la Casa Rosada no tomó, todavía, nota. El peronismo maneja dos tercios de las intendencias de la provincia donde las administraciones locales enfrentan situaciones de desgaste y crisis que, advierten, podrían tener altísimo costo en las elecciones de 2009.

    2- El desgaste político, que dinamitó los niveles de adhesión a Cristina de Kirchner y empieza ya a dañar seriamente a los referentes territoriales, tiene una consecuencia económica: además de una baja en la coparticipación provincial, producto de la baja en la recaudación por la crisis del campo admitida por Santiago Montoya, los municipios sienten además el impacto de la caída de los recursos propios porque a modo de protesta los chacareros dejaron de pagar las tasas municipales y, en simultáneo, como la crisis afecta la actividad económica general eso repercute en las finanzas de los municipios.

    3- A eso, se le agrega otro factor sensible: un elemento que en los últimos años le sirvió a los jefes comunales para venerar a la Casa Rosada era la profusión de obras financiadas por el gobierno nacional que llegaba a los distritos. Eso se congeló: algunas obras, prometidas sobre todo en la campaña, no se iniciaron; otras, que se habían puesto en marcha antes, dejaron de pagarse y están en muchos casos ya paralizadas.

    4- A 80 días de iniciado el conflicto, legisladores e intendentes se quejan sistemáticamente de la falta de información para defender las medidas del gobierno. Recién la semana pasada, se maileó un informe elaborado por Enrique Martínez, presidente del INTI, sobre el negocio de la intermediación y un análisis de la cuestión rural. Mientras la crisis le estalla en las puertas de sus casas, los legisladores K se enteran de las novedades por la TV.

    5- Desinformados y cascoteados por sus vecinos, deben además soportar el comisariato que ejerce Carlos Kunkel sobre los dirigentes bonaerenses, en teoría por mandato y orden de Kirchner. El diputado funge de ejecutor marcial como hizo por radio sobre Felipe Solá por exponer diferencias con los modos en que el gobierno manejó la crisis rural.

    6- Encima, se enojan, Kirchner eligió como portavoces a dirigentes que no generan ninguna simpatía entre los peronistas, como es el caso de los piqueteros Luis D'Elía y Edgardo Depetri, a quienes recibió en la sede del PJ -para los ortodoxos una herejía- y antes, incluso, que a los legisladores nacionales del FpV. En el mensaje gestual al que son tan dados los peronistas, esa prioridad resultó hiriente.

    7- El último aspecto refiere, en concreto, a Scioli. Leal al extremo, el gobernador se alineó con la Casa Rosada y desplegó, con relativo éxito, un operativo de contención a través de su jefe de Gabinete, Alberto Pérez. La semana pasada, además, comenzó una ronda de visitas a distritos del interior con una aparición por Colón, donde habló con productores, y que continuará en otros municipios, entre ellos Villa Gesell. Una magia misteriosa hizo que los legisladores empiecen a valorar a Scioli frente al metódico olvido al que los somete la Casa Rosada, más allá de la mediación del ministro del Interior, Florencio Randazzo.

    8- En medio de la crisis, que entienden que el gobierno podría haber evitado, el peronismo aparece caotizado y con un escenario de confrontación cercano: en noviembre vence el mandato de la cúpula del PJ bonaerense, a cargo de José María Díaz Bancalari, y fluye entre los dirigentes el clima de belicosidad en torno a la nueva conducción, que pretende para sí Balestrini y se anota, quizá sólo por deporte, Randazzo al igual que Bancalari. Pero nada está cerrado: si prospera el concepto erpiano de «cuando peor, mejor», asoma inevitable la alternativa Scioli como jefe partidario como ordenador, con el dedo de Kirchner, de la disputa entre las diferentes tribus.

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