A la oleada de adelantamientos electorales destinados a conservar baldosas de poder, iniciada por Felipe Solá y Aníbal Ibarra, se le sumó ahora nada menos que Armando Cavalieri. El gremialista convocó a una asamblea de su Sindicato de Empleados de Comercio para el viernes, exactamente cuando comienza un fin de semana largo y está garantizada la concurrencia mínima (él dice que espera multitudes).
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En la sede del gremio suponen que el titular de Tierra Santa consagrará en ese congreso una junta electoral dócil que convoque a comicios de emergencia.
La intención de Cavalieri es previsible para quienes lo conocen: quiere que se consagre rápidamente una nueva conducción en el sindicato, presidida por él, antes de que comience a regir la obligación de ceder lugares a las mujeres por la imposición del cupo femenino sindical, consagrado por ley. Las mujeres son mayoría entre los empleados de comercio, y por eso el bloqueo de Cavalieri es más significativo. Picardías de alguien que está entronizado en el gremio desde los tempranos '70, que atravesó por las situaciones más delicadas y a quien no en vano llaman «el Gitano».
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