30 de abril 2004 - 00:00

Poco serio

No es bueno para un país que su primer mandatario haga juego de palabras ni interna y menos aún externamente. Néstor Kirchner no puede decir en público -lo hizo al visitar la Feria del Libro- que la Argentina cumple sus acuerdos y que Chile debe reclamarles a las empresas privadas del país por recibir menos gas. No puede porque hoy la Argentina, vía la Secretaría de Energía, les está exigiendo a esas empresas privadas que limiten las ventas al exterior (a Chile y Brasil) para abastecer el mercado interno y hacer menos aguda la crisis energética.

Está bien que limite esa exportación de gas. Chile recibe menos pero si no recibiera nada, la Argentina no sufriría restricciones como las que tendrá. Es correcto que haya asumido la crisis y que haya lanzado un plan de premios en el precio al que ahorre energía. Debería ir más a fondo. Por caso, ¿por qué jugar fútbol y organizar carreras hípicas de noche? En crisis pasadas similares hasta los comercios, cada noche, sólo se iluminaban un día los de una vereda y al día siguiente los de la otra.

Tampoco se le reprocha a este gobierno esta crisis que sólo la agravó un poco por la iracundia, sin sentido, con que enfrentó los pedidos de ajuste de tarifas y los consejos para que los concediera.

Pero el problema viene desde hace muchos años. Desde 1997, cuando Duhalde y Menem entran en una puja política suicida para la Economía nacional. Y algo más que nadie menciona: en años pasados el barril de petróleo cayó a niveles muy bajos (de 1997 a 1998 bajó de 20,50 a 14,30 dólares, y tocó piso en el '99, a u$s 11,30). Era lógico que aquí, dejadas a la buena de Dios en exigencias, las empresas privadas no invirtieran por temor a no recuperar. Más aún en un país que, mientras se enloquecía políticamente por las ambiciones de sus hombres cúspide, entraba en aguda recesión (comenzó en junio de 1998). Hoy, el precio del barril está en u$s 37,30 pero la crisis ya está instalada. Y si no estalló por lo menos dos años antes fue precisamente por el peor momento recesivo cuando casi no se producía y, por ende, el consumo energético era escaso.

Con tantos óptimos argumentos a su favor, ¿por qué se rebaja Kirchner y se hace odiar por naciones vecinas amigas con declaraciones inconvenientes? ¿No le actualizan datos sus asesores para fundamentar bien sus opiniones que siempre son de peso? Porque si se guía por lectura de diarios -ni hablar de la pobreza cultural de los noticieros tipo TV-, éstos se dedican a hacer oficialismo en lo político, combinado peligrosamente con analfabetismo económico. Poco serio todo.

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