El presidente Kirchner recibió ayer al brigadier Schiaffino, primer helicopterista que llega al comando de la FAA.
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De los despachos oficiales se dejó trascender información sobre esa operación, en cambio se mantuvo un hermético silencio sobre el destino que tendrán los funcionarios sospechados por connivencia con Southern Winds, en especial el secretario de Transporte, Ricardo Jaime. Sobre estas vinculaciones sólo se conoció una manifestación presidencial: «El gobierno no tiene nada que ver con Southern Winds», afirmó el Presidente (ver vinculada).
Mientras se estudian estas reformas y se legisla sobre ellas, Kirchner firmará un decreto de necesidad y urgencia derivando las competencias de control a Interior, donde estará radicada la nueva institución. El mando provisorio de la seguridad de los aeropuertos no estará a cargo de la Gendarmería provisoriamente, como se había especulado.
Una curiosidad: sea por vía de la Gendarmería o por la identidad del nuevo jefe de la Fuerza Aérea, Schiaffino, el ministro Julio De Vido sigue teniendo una enorme gravitación sobre la actividad de Seguridad y Defensa. La misma que posee sobre los aeropuertos y el transporte por ser el jefe inmediato de Jaime, quien le viene reportando desde que era ministro de Gobierno de Santa Cruz y el cordobés director general de escuelas de la provincia. En cuanto a la Gendarmería, es conocida la afinidad entre De Vido y el nuevo jefe de esa fuerza. Si se le suma la cercanía a Roberto Bendini, se puede llegar a la conclusión de que Kirchner confía el mando político de las fuerzas a De Vido y el operativo o «técnico» a Pampuro, quien ostenta la mejor relación institucional con el personal militar.
Las razones por la cuales se analizó ayer en la Casa Rosada la conveniencia de no llevar la purga en la Policía Aeronáutica más allá de lo razonable hay que buscarlas en la intimidad del escándalo. En Interior y en Defensa tomaron conocimiento de que los brigadieres expulsados de la fuerza liberarían informaciones delicadas sobre la vinculación entre funcionarios y Southern Winds si se mantenía lo que, para ellos, es una persecución de carácter ideológico, llevada adelante por inspiración de Horacio Verbitsky. De hecho se le atribuye a este consejero presidencial, periodista y militante de los derechos humanos ser el responsable de la defenestración de casi todos los brigadieres que revistaban en la Aeronáutica. Si se computan que en el sector castrense deciden Pampuro, De Vido y Verbitsky dan ganas de pensar que Kirchner maneja a los militares con un triunvirato, como a los sindicalistas. ¿Quién puede ser responsable último de algo con ese sistema?
Esta metodología y el miedo que suele dominar a los funcionarios de la línea media del gobierno frente a su jefe máximo, son factores que servían ayer para explicar por qué tantos organismos del Estado estaban al tanto de lo que sucedía en Southern Winds pero ninguno despertaba a Kirchner sobre esa realidad. Algo ya informó este diario ayer al respecto pero conviene reconstruir los datos. En agosto de 2004 un informe de la DEA informó al Estado argentino sobre las sospechas que aparecían alrededor de las operaciones de Southern Winds.
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