27 de agosto 2004 - 00:00

"Porque los caga el gobierno no nos caguen la Iglesia"

El párroco de la iglesia San Ignacio, situada a una cuadra de Plaza de Mayo en la Capital Federal, se indignó ayer ante los piqueteros que acamparon a modo de protesta y utilizaron el atrio del edificio religioso -apuntalado actualmente-de baño público al aire libre para hacer sus necesidades. «Porque los caga el gobierno, no nos caguen la iglesia», se quejó el cura Francisco Delamer. Devaluados por la menor convocatoria, los piqueteros más duros amenazan con manifestaciones más violentas. Cada vez llaman menos la atención de las autoridades y alimentan la repulsa del público.

Porque los caga el gobierno no nos caguen la Iglesia
Poca experiencia en camping, quizá, pero no en esparcimiento, demostraron ayer los piqueteros que olvidaron, al organizar la acampada en la Plaza de Mayo, algo tan elemental en ese tipo de salidas como es tener un baño a mano.

«Que el gobierno los cague a ellos, no significa que ellos nos deban cagar a nosotros. Y no sólo literalmente, como ocurre hoy, sino también en el sentido de perjudicarnos, porque así todos sufrimos más y será más difícil salir de esta situación»
, se quejó el cura párroco Francisco Delamer, responsable de la Iglesia de San Ignacio, situada a dos cuadras de la Plaza de Mayo y convertida ominosamente en baño al paso, según describía el religioso. Ese histórico edificio, además, se halla apuntalado y no es permitido el paso de vehículos por la cuadra de la calle Bolívar donde se encuentra, para evitar más deterioros.

Delamer
calificó de «insoportable» el olor que se percibía, ayer a la mañana en la zona, aunque admitió que algunos piqueteros estaban «limpiando».

La histórica Plaza de Mayo sufrió también lo suyo. Anoche, el Gobierno porteño dio cuenta de la recolección de 2.500 kilos de basura. Cerca de mil piqueteros desplegaron allí -desde el miércoles a la noche hasta ayer a la tarde- sus carpas, parrillas, fogones, petates y pancartas. También echaron algunos sus físicos de cara al sol, aprovechando la espléndida jornada que los inspiró además para jugar al fútbol sobre la calle y los restos de césped de la plaza. Como recuerdo, pintaron los piqueteros tres caras de la Pirámide de Mayo, con leyendas como «Santucho-Guevara-la patria liberada» (¿Con qué argumento quiere Aníbal Ibarra que Buenos Aires se declare «paisaje cultural»?).

Las escalinatas de la Catedral Metropolitana oficiaron de refugio a los piqueteros que instalaron una pancarta haciendo así propio el lugar en el que dejaron sus señales de haber comido y bebido en los mármoles.

En una esquina de la plaza, la que se orienta a Yrigoyen y Bolívar, permanecían los ex combatientes de Malvinas, que están apostados allí hace unos cuatro meses. Se rodearon de carteles para indicar que ése era un aparte del camping, más organizado con seguridad porque tienen, además de parrillas y mesas, un baño químico.

• Fogatas

Mientras los oradores de ocasión, poco después de las 15, hacían sus discursos desde un palco contra el cerco de la Pirámide de Mayo, el público atendía a las actividades del último tramo de su estada. Entre esas tareas, se destacó el vaciado de mates sobre la calle que se esforzaba por barrer una cuadrilla de 100 operarios de la empresa privada que atiende la limpieza del lugar, los últimos partiditos de fútbol, el armado de bolsos unos y otros, menos dispuestos a retirarse, se dedicaron a alimentar las fogatas. Una muy concurrida y amplia se armó sobre Rivadavia, casi frente a la Catedral, con leños y maderas que al parecer encontraron a mano en los andamios de la Iglesia San Ignacio.

Toda las escenas podían ser observadas desde el Palacio Municipal, Bolívar 1, donde los principales funcionarios tienen allí sus despachos con vista a la Casa de Gobierno nacional. Ni un policía. Tampoco hubo incidentes, aunque abundaron las contravenciones. A propósito, los legisladores porteños también tienen algunos despachos con vista a la plaza.

Las parrillas con choripán (lo que cuenta con una ley especial en la Ciudad, eludida en la jornada) se alternaron en distintos sitios, casi todos orientando el humo hacia el Palacio Municipal.
Se ofrecían sándwiches caseros en improvisado puesto ambulante (un bolso en el piso), garrapiñada y otras golosinas.

Hubo, además, fogones sobre la misma plaza, donde los piqueteros cocinaron, mientras algunos portaron garrafas con ese propósito, en el acampe que se explayó hasta la recova de los edificios que están sobre Hipólito Yrigoyen, entre Defensa y Bolívar, la Catedral Metropolitana y frente a la sede de la Jefatura de Gobierno porteño
.

Por la tarde, el Gobierno porteño dispuso un operativo especial de limpieza (tras escuchar al párroco y otros vecinos).

La empresa de limpieza llevó barrenderos, cargadores y choferes. Unas cien personas, dos camiones compactadores, dos equipos lavacalzadas, una aspiradora autopropulsada, dos barredoras mecánicas autopropulsadas, un equipo minibarredor, dos lavadoras de aceras y otras herramientas.

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