Nueva York - Los inversores que concurrieron ayer a escuchar definiciones de Cristina Kirchner sobre temas «calientes» de la Argentina no disimularon su desilusión. Pero, nadie dramatizó. «A treinta días de las elecciones, era lógico que no quisiera hablar de los temas más complicados», explicó un analista económico de uno de los principales bancos de Wall Street. El sentimiento fue generalizado.
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Sin que le leyeran preguntas inconvenientes, la candidata sólo pasó un sofocón cuando charló por algunos minutos con los asistentes al almuerzo de manera informal.
«Usted habló de previsibilidad, pero con lo que está pasando en el INDEC conseguirla será muy difícil». El «valiente» que optó por encarar a Cristina fue un ejecutivo de Goldman Sachs. Cristina eligió escuchar y, finalmente, pedirle una tarjeta. Por supuesto, hubo apenas tres testigos de la escena, en medio de los saludos que siguieron al postre.
Probablemente conociendo la ansiedad del auditorio por determinados temas, la candidata prefirió obviarlos. No habló del problema de la inflación, ni de la manipulación del INDEC. Y cuando le preguntaronpor los problemas que puede enfrentar la economía, prefirió referirse a la situación energética. Tampoco hubo una sola línea que alentara esperanzas para los bonistas que quedaron fuera del canje ni se refirió a la negociación que el gobierno busca encarar con el Club de París.
«Pacto social»
En cambio, dio algunas pistas (no demasiado generosas por cierto) de lo que podría ser el «pacto social»: «Además del acuerdo de precios y salarios, el Estado también debe hacer su parte comprometiendo cifras macroverificables». Se estima que ese compromiso pasará, entre otras cuestiones, por mantener un determinado nivel de superávit fiscal y de un acotado crecimiento de gasto público. Y apeló al corazón de los dirigentes: «No creo que sindicalistas y empresarios se vuelvan locos el 28 de octubre. Vienen mostrando mucha racionalidad hasta ahora».
Eligió una explicación casera, algunos dirían hastainocente, para justificar por que la Argentina se compromete al superávit en las cuentas públicas: «Cada uno en su casa no puede gastar más de lo que ahorra. Y si lo hace, el banco le pedirá una tasa de interés cada vez mayor hasta que se vuelva imposible cumplir». Prefirió no detenerse en el deterioro que sufrieron los números fiscales durante el 2007, sólo disimulados por el ingreso extraordinario proveniente de la reforma previsional.
En varias ocasiones, pidió a los empresarios que inviertan en la Argentina y repitió lo que ya había dicho hace algunas semanas en Buenos Aires: « Ganar dinero no es pecado ni pecaminoso, pero las ganancias deben llegar a toda la sociedad». Y prometió para su gestión «certeza y previsibilidad, porque es lo que necesitamos». Enumeró, además, lo que entiende como logros del gobierno, incluyendo los discutidos datos sobre reducción de pobreza e indigencia.
Causó mala impresión generalizada el método de preguntas y respuestas. Susan Segal, CEO del Consejo de las Américas y organizadora del encuentro, anunció que se aceptaban consultas pero «por escrito».
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