Prensa, otro fracaso que el gobierno hace pasar por éxito

Política

Sólo el cinismo que genera estar ya años encerrado en un despacho público puede explicar que Daniel Filmus -un profesor con responsabilidades de magistrado- haya hecho suya la tesis fascista de que un gobernante debe relacionarse directamente con el pueblo, por encima de las instituciones. El ministro apareció ayer junto a su colega Carlos Tomada en un programa de Mirtha Legrand para justificar la posición del gobierno en la polémica sobre si debían o no periodistas asistir a una reunión de científicos argentinos con Cristina de Kirchner en Nueva York.

El ministro explicó que el presidente Néstor Kirchner prefiere una relación directa con las masas sin pasar por la molestia de, por ejemplo, los periodistas. «Es un estilo de comunicación directa con la gente, que la tuvo el Presidente durante todo este tiempo, no mediada necesariamente por los periodistas, y que es un estilo y una decisión.» Con esa justificación de la demagogia -no es otra cosa ese método de relación en una república- se anotó Filmus en la lista de los que se acuerdan de sus responsabilidades cuando ya es tarde y les van a aplicar el mismo método que antes consintieron.

En ese sketch por TV Filmus dio la misma explicación del cónsul Héctor Timerman sobre la ausencia de periodistas en aquella reunión; que los científicos convocados no querían esa presencia porque los inhibiría de hablar con libertad. Llamativa la pasión de estos funcionarios por dar explicaciones por algo que es por lo menos discutible; los periodistas se molestaron más por el maltrato y la falta de información que por el hecho de que nos les dejaran asistir a la reunión. Pero esa actitud tiene explicación: quien dio la orden de desalojar a los cronistas que habían ingresado a un salón del Consulado de Nueva York fue la propia Cristina de Kirchner. Al escuchar la expresión de ese deseo (que la reunión no tuviera prensa), los ordenanzas obligaron a los periodistas a salir a la calle. Se sintieron ofendidos, maltratados y dieron motivo a esta catarata de excusas de estos leales que hacen cola para dar explicaciones en nombre de la senadora. ¿Creerán que hacen mérito para alguna ulterioridad?

Este incidente, pequeño, trivial -es cierto que nunca las reuniones con los Kirchner son públicas; es verdad también que quien quería reconstruirla podía hacerlo llamando a los protagonistas o leer lo hablado en la página Web de la senadora-, revela sin embargo la torpeza del gobierno para manejarse con aquello que dice hacer mejor.

Cuando le reprochan a Néstor Kirchner su agresividad con la prensa, responde que su método es el más eficaz y el que más rédito le ha traído. Que un sector del público, especialmente peronista, se regocija con sus rabietas contra la prensa, y que lo mismo hicieron antes un Richard Nixon o, ahora, George W. Bush. Confrontar con la prensa es una receta que cree le rinde frutos.

La experiencia del viaje a Nueva York muestra lo contrario. El gobierno pagó el acto de campaña más caro de la candidata del oficialismo y el único resultado es que debió dar explicaciones por sus contactos con la prensa en tres ocasiones.

La primera fue con el diálogo que publicó este diario con definiciones sobre las elecciones en el Chaco y Córdoba. Las expresiones del presidente sobre la puja Schiaretti-Juez repercutieron en esa provincia, lo cual motivó un desmentido agresivo del ministro del Interior, seguido de soeces expresiones enviadas al responsable de esa cobertura por correo electrónico. Duró poco ese desmentido porque nunca lo admitió el propio Kirchner al bromear en público sobre la publicación de un diálogo tan fiel a lo que había dicho que parecía que lo hubieran grabado discretamente. Una afrenta no al honor sino a la capacidad de memoria del cronista. En Córdoba sigue el gobierno dando explicaciones sobre lo dicho por Kirchner en relación con la capacidad de gobernar que tendría Schiaretti si Juez insiste en impugnarlo.

El segundo caso en que se enredó el gobierno fue el de la reunión de los científicos y que motiva que tantos espontáneos salgan a poner la cara en nombre de quien pidió lacrar el contenido de un encuentro cuya trivialidad es evidente, tanto que nadie se ha sentido obligado a comentar las expresiones de la senadora sobre el apareamiento de las aves (ver sección « Zonceras y sandeces» que se publicará el viernes).

El caso más estridente es el de los dichos del Presidente a periodistas en el hotel donde se alojaba sobre que Botnia es una realidad a la cual hay que resignarse. Un cronista de «Clarín» puso esas expresiones entre comillas, que no son nuevas en boca de funcionarios. Lo había publicado este diario el 3 de setiembre pasado como eje de la actitud del gobierno ante la puja con el Uruguay. Logró levantar a los ambientalistas, que vieron alimentada su inquina ante el gobierno nacional y sus torpezas en el manejo de la crisis por las papeleras. Puso al Presidente y al gobierno que se había gastado una millonada en algunas «photo opportunities» en Nueva York en la obligación de dar explicaciones sobre otro traspié con la prensa, de cuya manipulación entiende el gobierno saca mucho rédito. Ayudó bastante que el propio «Clarín» ayer empezase a poner en duda lo que había escrito el periodista, admitiendo las aclaraciones del Presidente. Es hora de que revisen el método, que le resulta caro al Tesoro, y encima lastima más al gobierno en plena campaña, cuando menos problemas necesita. En suma, otro caso en que venden como éxito su propio fracaso.

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