18 de julio 2005 - 00:00

Presiona Ibarra para colgarse de Bielsa con una lista "colectora"

Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra
Aníbal Ibarra comienza a transitar una semana en la que desplegará los últimos pasos de una estrategia con la que piensa sustentar sus lazos con el gobierno nacional por un lado, y por otro, evitar que la Legislatura porteña le vote el pedido de juicio político.

Entrelazados, esos objetivos tienen fechas determinadas para el gobierno porteño. Antes del sábado o, a más tardar, el lunes próximo -de acuerdo con cómo calculen hora a hora los 90 días que anteceden al cuarto oscuro del 23 de octubre-, debe convocar a elecciones para renovar 30 legisladores de la Ciudad de Buenos Aires.

Es para que coincidan en las mismas urnas los comicios nacionales con los porteños, y viene amagando con hacer ese llamado en fecha distinta de la convocada por el gobierno nacional para elegir 13 representantes ante el Congreso por la Capital Federal.

Al mismo tiempo, hoy se reunirá, por primera vez a puertas cerradas, la comisión investigadora del caso Cromañón en la Legislatura porteña para definir si hará uno o varios dictámenes aconsejando o no el juicio político al jefe de Gobierno. El martes pasado, en ocasión de un acto oficial donde Néstor Kirchner lo sentó a su lado, Ibarra acordó una cita Alberto Fernández para ese mismo día en horas del almuerzo en la Casa de Gobierno. Dos temas trascendieron de ese encuentro: las movidas por el juicio político y las elecciones de la Ciudad, en las que el gobierno ha desplazado al ibarrismo de las boletas de candidatos, tanto de diputados nacionales como de legisladores locales.

• Ofrecimiento

Apenas lleva, la lista de candidatos a la Legislatura, dos nombres camuflados del ibarrismo. Una es la radical Ivana Centanaro, titular del Registro Civil porteño, que en puestos «a salir» incluyó la senadora Vilma Ibarra, aliada del kirchnerismo. Otra es en puestos «a no salir», debajo del décimo, la titular de Museos, Mónica Guariglio, a propuesta del secretario de Infraestructura, Roberto Feletti, hoy cuestionado por la mitad del gabinete ibarrista por la permanencia en su cargo luego de que creara su propiopartido político el mes pasado. De la conversación con el jefe de gabinete surgió un juego que mostrará ganadores y perdedores a más tardar la semana próxima: Fernández le dio a entender -de acuerdo con lo que interpretó el ibarrismo más cercano al otro Fernández jefe de Gabinete (Raúl, el de Ibarra)- que aún existiría una débil posibilidad de otorgar una franquicia electoral al ibarrismo. Es lo que el jefe de Gobierno pretende: una lista propia de candidatos a legisladores porteños que acompañe la postulación nacional de Rafael Bielsa. Para esa lista no es demasiado lo que oferta Ibarra para convencer a Fernández. No encuentra quién la encabece y le ha ofrecido un renglón a Tito Guerra, el presidente del club de fútbol Nueva Chicago. Esa elección tiene que ver con los gustos de Fernández, quien había dado permiso a un grupo de radicales y amigos afines del kirchnerismo (Miguel Pesce, actual vicepresidente del BCRA, el ex legislador José Palmiotti y el ex diputado porteño por el cavallismo, Pablo Caullier, entre otros) para « colgar» una lista propia de candidatos locales encabezada por el titular de Vélez, Raúl Gámez, hasta que éste dijo que no.

A. Fernández cree que Gámez perforaba algún voto macrista en la interna futbolera, lo mismo que Ibarra le asegura que
Tito Guerra tiene voluntades a su favor en la populosa zona sur, donde Macri concentra al público boquense. Guerra habría dicho que no, pero de todos modos Ibarra no lo pensó para encabezar una lista. En ese caso, sólo cuenta entre los suyos a Feletti, quien se niega a esa competencia y a quien el jefe de Gobierno le viene restando posición, y a Telerman, quien sí -de acuerdo con sondeos del Gobierno porteño- tendría al menos un porcentaje alto de imagen conocida entre los vecinos. Raro que se postulara el vicejefe para esos avatares.

Así, hasta que Ibarra decida romper el juego, el gobierno le hará entender alguna posibilidad de aceptación para una lista propia, mientras que el jefe porteño descubrirá que finalmente los comicios locales se harán junto con los nacionales, el 23 de octubre. Es decir, en la magra artillería ibarrista, la intriga quiere oficiar de poderosa arma. Al mismo tiempo, el grupo más cercano a R. Fernández y, a su vez, más distanciado de Fernández, busca también convencer a Ibarra de anticipar un cambio de su gabinete, el que dejó postergado ante la falta de figuras célebres con la que pretendía dotarse para una suerte de relanzamiento.


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