8 de septiembre 2003 - 00:00

Proliferan senatruchos

Un grupo de senadores nacionales examinará hoy en cámara lenta el video que registró la última sesión donde se trató el juicio al magistrado de la Corte Suprema Moliné O'Connor. Es para confirmar (o no) el relato de uno de los legisladores que asegura haber visto cómo una persona que no es legislador se sentó a conversar unos minutos con la senadora Cristina de Kirchner. El episodio se parece mucho a otro que sí se registró en la persona de un visitante al neuquino Pedro Salvatori, que también se sentó en una banca para -dice- liberar un pasillo, y el kirchnerismo quiso ver como un complot contra la democracia. Si se confirma este nuevo testimonio ¿qué dirá el oficialismo?

Senadores de la oposición investigan si una persona allegada a Cristina de Kirchner también se sentó unos segundos en la banca de la primera dama, durante la polémica sesión que dio comienzo al juicio político a Eduardo Moliné O'Connor la semana pasada. Para confirmar la especie, pidieron un video de la deliberación que duró más de 12 horas.

A las 2 de la mañana del jueves pasado, en una actitud casi infantil, un estudiante universitario de Neuquén, que había ingresado en el recinto en compañía de un asesor del bloque MPN, Juan Pablo Flores, y de otro joven, se apoltronó por unos instantes en la butaca del tucumano Pablo Walter (Recrear) y dio pie a una serie de denuncias de la Kirchner y de Miguel Angel Pichetto sobre una supuesta maniobra de la defensa para desacreditar el proceso a Moliné. El PJ que responde a Néstor Kirchner consideró que podía hablarse de la aparición de un senador «trucho».

• Poca relevancia

En verdad, esa circunstancia no revistió ninguna relevancia porque casi no había legisladores en el hemiciclo -era imposible no detectar al extraño, tampoco había votación inminente y ni siquiera se requería quórum. El popular neuquino Pedro Salvatori, vice 2º del cuerpo, asumió la «responsabilidad institucional» y se disculpó por escrito ante Daniel Scioli. Acompañó el texto con una carta de su asesor, Flores, en la cual este último deja constancia de que «el senador desconocía el ingreso de los estudiantes, que no los conoce y que tampoco tienen relación con el bloque del MPN ni con el gobierno» de la provincia. Uno de ellos -según admitió Flores- cometió el error de ubicarse en una banca «con el ánimo que él mismo expresara ante las autoridades policiales de despejar el pasillo, pero desconociendo la gravedad institucional que el hecho significaba».

El rumor de que una asesora de la legisladora santacruceña también incurrió en un desliz de estas características demuestra el grado de paranoia que afecta a oficialistas y a opositores en el marco del enjuiciamiento al ministro de la Corte.

Al parecer, se le atribuye a esta presunta colaboradora haberse sentado en ese lugar para conversar con el senador santacruceño Nicolás Fernández. Como se ve, un hecho absolutamente intrascendente, pero que -de verificarse en el tape- pondría en ridículo la acusación de la Kirchner sobre el otro episodio, ya ventilado en la misma sesión.

Radicales, peronistas disidentes (
Eduardo Menem, Sonia Escudero, Angel Pardo y otros) y provinciales están convencidos de que el oficialismo buscó 3 objetivos con esta denuncia sobre el «senatrucho». Poner en evidencia a quienes no comparten la forma sumaria y desprolija en que se desarrolla el juicio político (en última instancia, podrían apartarlos del tribunal, si bien parece una variante lejana por ahora).

Por eso, la señora de
Kirchner y Pichetto intentaron culpar a Walter sólo porque el estudiante se había sentado en su silla. De cualquier forma, no les viene mal apuntar ahora a Salvatori, que también critica el mecanismo de destitución de Moliné. El neuquino, además, representa a un gobernador, Jorge Sobisch, que mantiene diferencias con el presidente de la Nación y eso exacerba a la primera dama.

• Escarnio

En definitiva, piensan los kirchneristas que la opinión pública está a favor de la embestida contra el máximo tribunal y, en consecuencia, cualquiera que censure anormalidades de procedimiento merece el escarnio.

El episodio del intruso, que revela un gravísimo error en la vigilancia del recinto (
algo que registra antecedentes, como el corte de energía eléctrica durante el tratamiento del pedido de expulsión del sindicalista Luis Barrionuevo) facilita el cambio del jefe de Seguridad, comisario Alberto Rodríguez, hermano del ex número 2 de la SIDE Oscar Rodríguez y cuñado de la ultraduhaldista Mabel Müller, y sus colaboradores. Por supuesto, el kirchnerismo pondría gente afín, aun cuando esto dispare una interna con el PJ bonaerense.

Finalmente, la situación irregular que quiso inflarse al rango de escándalo le permite a
Kirchner acortar, todavía más, el margen de acción de Scioli, a quien sólo se le reconoce jurisdicción en el Senado.

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