15 de junio 2006 - 00:00

Protocolo a medida para no ponerse frac

Néstor Kirchner no podrá quejarse del trato, casi terapéutico, que le ofrece el gobierno de España. Al rey Juan Carlos I y a José Luis Rodríguez Zapatero parece interesarles sobremanera que el Presidente se muestre cordial, afable, previsible. Sobre todo cuando desde el Partido Popular y las empresas vinculadas a él le hacen sentir al gobierno español lo mal que se trata al capital ibérico en países supuestamente aliados a la administración española,como la Venezuela de Hugo Chávez o la Bolivia de Evo Morales.

  • Categoría

  • Esta buena predisposición hacia el mandatario argentino ha llegado, como se había conjeturado en este diario, a la modificación del mismísimo protocolo. Para el santacruceño acaba de inventarse una nueva categoría de visita presidencial: la que emprenderá a Madrid la semana próxima no será «de Estado» pero tampoco meramente «oficial». Se tratará de una gira «oficial plus».

    Esta categoría, a estrenarse en este viaje, supone que habrá una visita al Congreso, algo que no sucede en las visitas oficiales. Pero no será para dirigirse al plenario, como en las ocasiones «de Estado» sino para dialogar con las autoridades de las Cámaras.

    Kirchner no deberá visitar el ayuntamiento de Madrid ni cámaras empresariales: prefiere encerrarse en un raid de entrevistas con los ejecutivos de compañías con intereses en la Argentina, que lo irán a ver en la residencia de Carlos Bettini, el embajador argentino en España. Un formato que se adoptó en 2004, la anterior gira española.

    Finalmente, habrá una comida con el rey, cosa que no sucede en las visitas oficiales. Pero no será una gala sino un almuerzo, es decir, sólo requerirá indumentaria de calle. Kirchner fue muy estricto en este punto: no quiere vestirse de pingüino, es decir, rechazó el uso del frac. Sorprendió en este sentido, ya que se trata de una prenda que no se usa abrochada. Hace juego con sus costumbres. Sin embargo, a las determinaciones ya antiguas del Presidente en materia de indumentaria se le sumó ahora otro condicionamiento: Evo Morales no usa siquiera corbata. Se acabaron los tiempos en que Kirchner se ufanaba de que «a la izquierda mía sólo queda la pared». Ahora está el aymara boliviano.

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