24 de diciembre 2001 - 00:00

Provinciales ayudaron sobre la hora al PJ

E l peronismo logró destrabar sobre la hora la nominación de Adolfo Rodríguez Saá y la convocatoria a elecciones presidenciales para el 3 de marzo. En una gestión decisiva, el mismo sábado por la noche y a pocos minutos de que se reuniera la Asamblea Legislativa, el misionero Ramón Puerta convocó a la Casa de Gobierno a los provinciales, devenidos en árbitros entre el nuevo oficialismo y la heterogénea oposición (UCR, ARI, frepasistas, Polo Social y la izquierda), que renegaba de la ley de lemas. Paralelamente, el presidente provisional del Senado llamó por teléfono a Luis Patti para pedirle ayuda de Luis Jobe y Antonio Rattín, embajadores del intendente de la localidad bonaerense de Escobar en el Congreso.

Directo y con los números en la cabeza, Puerta pidió colaboración a la tercera fuerza del Congreso, que controla una treintena de senadores y diputados. Estaba consciente de que el justicialismo solo no podía resolver la situación: con poco más de 150 miembros presentes, necesitaba el concurso del cavallismo -ya semigarantizado- y de un sector del Interbloque Federal para asegurarse que no perdería la pulseada. El resultado final de 169 a 138 refleja la paridad de las parcelas. Si las 15 manos extra que sedujo el peronismo se hubieran dado vuelta, podrían haber quedado empatados o a un voto de diferencia, fuera a favor o en contra.

«Mañana (por el domingo) vence el plazo y nadie quiere hacerse cargo más tiempo de la transición», confesó el presidente provisional -entonces responsable del interinato-delante del renovador salteño Ricardo Gómez Diez, el tucumano Pablo Walter (Fuerza Republicana) y el neuquino Pedro Salvatori (MPN), que habían llegado desde la Cámara alta con chapa del Interbloque Federal.

A esa hora, Acción por la República había adelantado el aval al PJ, después de una deliberación de bancada, en la cual se impuso el criterio de José Luis Fernández Valloni de allanar el camino a quienes debían asumir la jefatura del Estado fuera de término. El mismo día de la renuncia de De la Rúa, Domingo Cavallo recibió en su casa a Fernández Valloni y le aconsejó que no pusiera obstáculos al peronismo. El ucedeísta Carlos Castellani y la disidente Fernanda Ferrero acompañaron a Guillermo Alchouron y el cuarteto de seguidores del ex ministro de Economía.

«Lo hablé con Eduardo Camaño (jefe de Diputados) y coincidió conmigo -agregó Puerta frente a los senadores del interbloque provincial-, la única alternativa sería que, hasta que podamos consagrar a Rodríguez Saá, ocupe el puesto Julio Nazareno (el titular de la Corte Suprema era el tercero en la línea sucesoria, detrás de Puerta y del duhaldista Camaño)».

En el monólogo, no olvidó mencionar que tampoco había espacio en la interna del PJ. «A ustedes les consta que yo hubiera preferido que el nuevo presidente completara el mandato de De la Rúa hasta diciembre de 2003, sin necesidad de llamar a comicios dentro de 3 meses, tal cual manda la Constitución», recitó el heredero temporario. «Pero nos quedamos sin margen», redundó.

Walter repitió lo que ya había adelantado a sus compañeros del Interbloque. «Me parece una barbaridad llamar a elecciones dentro de 90 días; es una eternidad y necesitamos que se ponga en marcha un plan ya mismo, con respaldo y continuidad de 2 años», señaló el delegado de Tucumán, quien no disimuló su preferencia por Puerta desde el jueves pasado.

«Pero la verdad es que la gente -subrayó el anfitrión-pide que haya elecciones, hasta nos lo dicen los encuestadores.» Con cierto dramatismo, clamó Puerta: «Yo les pido que voten al Adolfo y nos den una mano».

De las visitas,
Walter trasladó la inquietud a Ricardo Bussi y a Roberto Lix Klett, representantes en la Cámara baja de Fuerza Republicana. Y parlamentó con los hombres de Patti, que ya habían recibido instrucción del fundador del PaUFe. Por supuesto, Jobe y Rattín habían escuchado los ruegos de sus colegas Jorge Obeid y Miguel Angel Toma (en ese momento, circunstancial ministro del Interior) y los senadores Marcelo López Arias (Salta) y la sanluiseña Liliana Negre de Alonso.

La definición de Fuerza Republicana mereció un duro reproche de
Elisa Carrió, que supuso un enjuague non sancto. «Ahora sí que te aseguraste la silla en el Consejo de la Magistratura», le endilgó a Ricardo Bussi, aspirante del Inter-bloque Federal a la plaza que dejó el frepasista Pablo Fernández, también apetecida por el ARI.

La inquietud del PJ surtió efectos, asimismo, entre otros provinciales. El tatista
Agustín Díaz Colodrero terminó de dividir la cooperativa legislativa del interior. Junto al justicialismo, se alinearon los bussistas, representantes de Patti y del detenido Raúl «Tato» Romero Feris. En la otra orilla permanecieron los legisladores más próximos a la Alianza, por caso Gómez Diez, el demócrata progresista Alberto Natale y el mendocino Gabriel Llano. La neuquina Luz Sapag se les acopló con un duro discurso contrario a los comicios con ley de lemas.

Curiosamente, se alineó con los provinciales afines al PJ la sanjuanina
Nancy Avelín, hija del gobernador de la Alianza Alfredo Avelín y muy allegada a la UCR. Sus amigos aliancistas dedujeron que se trataba de un giro para facilitarle recursos desde el nuevo Ejecutivo a Avelín padre.

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