Proyectos siempre truncos en Argentina, y exitosos en otros países
De Perón a la actualidad la historia argentina dejó varios ensayos de acuerdos por la productividad laboral que no prosperaron por mala implementación y objeciones sindicales. En Europa, se consiguen.
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Ensayos. Juan Perón y José Ber Gelbard, artífice de uno de los primeros intentos de incorporar la noción de productividad en el campo laboral.
En el plano internacional, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Noruega son modelos de referencia en materia de productividad sin la necesidad de ser megapotencias económicas. Países con servicios públicos de gran calidad, que tienen un crecimiento económico estable y un sistema educativo excelente. Se lo conoce como "modelo de bienestar nórdico".
La clave de estos países radica en un sistema de productividad en el cual los trabajadores sostienen sus resguardos sociales sin descuidar la eficiencia y los niveles de competitividad. Un pacto social en el cual las rentas salariales se subordinan a las mejoras en la productividad.
Dinamarca sobresale ante el resto por la forma en la que trata al desempleado, al cual le paga el 90 por ciento de su último salario durante dos años. En esa dinámica las empresas llevan a cabo un sistema conocido como "flexiseguridad", en el cual el trabajador se capacita en diferentes áreas con el fin de, en caso de ser necesario, ir rotando en diferentes espacios de trabajo.
Pero todos estos estándares de vida laboral son posibles debido a que la desigualdad es casi nula ya que la prestación de servicios públicos ya están pagos a través de los impuestos.
En Suecia, por ejemplo, como dato de color, todos los trabajadores recurren al "fikas" -la pausa del café-, un fenómeno social que se realiza varias veces al día, que (según estudios) baja el nivel de estrés y que permite la conversación entre empleados y directivos logrando una línea más horizontal de trabajo sin diferencias jerárquicas. Una experiencia que ya es replicada en Nueva York y Londres.
Todo lo contrario de lo que sucede en Alemania y Japón, otros dos países con sistemas de productividad y que también tienen en común la reconstrucción que debieron realizar tras el final de la Segunda Guerra Mundial. En ambas naciones no existen los conceptos de pausa laboral. En el país germano los trabajadores no cuentan con la posibilidad de ingresar a sus redes sociales como tampoco pueden usar los teléfonos para asuntos privados. Tienen jornadas laborales de 35 horas semanales en las que están sujetos a la productividad de la empresa, pero cuentan con grandes derechos adquiridos en licencias por paternidad maternidad y salud.
Una de las acciones más conocidas se llama "kurzarbeit" y tiene que ver con un recorte de hasta dos años de la jornada laboral a cambio de no despedir a nadie. Los trabajadores pasan a cobrar dos tercios de sus sueldos, mientras que el resto lo paga el Estado hasta volver a reactivar la empresa.
En Japón las compañías utilizan un sistema conocido mundialmente como Kaizen, que significa cambio beneficioso, y que se basa en acciones concretas, simples y económicas por las cuales mejorar la productividad. Toyota, Sony y Hitachi, son tres de las empresas más reconocidas, que aplican esta forma. En marzo, se conoció que 100 pymes argentinas serán entrenadas con este sistema para elevar su productividad, competitividad y eficacia.




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