ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

1 de noviembre 2004 - 00:00

Pulseada

Corre una ola de terror por algunos sindicatos de la CGT. Aquellos que encabezaron la lista de la AFIP que reclama algunas precisiones sobre los últimos balances de las entidades gremiales. Desde hace unos días, la DGI pide informes más detallados que los recibidos por el Ministerio de Trabajo. Los gremios creen ver en esto un ademán agresivo del gobierno para el que vienen organizando, con cierta irritación, un congreso que se reunirá el próximo 11. Nadie quiere entender que se trate de una práctica republicana según la cual todos, también los gremios, son iguales ante la ley.

ver más
Hugo Moyano

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Aunque resulta inobjetable desde cualquier ángulo: los sindicatos deben ser solícitos en adelante a satisfacer las dudas que comenzó a plantear la AFIP sobre detalles no del todo claros que aparecen en sus balances contables.

Hasta ahora la presentación de balances de las organizaciones sindicales era un trámite rutinario y desprovisto de cualquier inquisición. La organización en cuestión elevaba al Ministerio de Trabajo las actas de su congreso ordinario y, con ellas, la aprobación (por unanimidad, claro) de sus cuentas. Allá iba, a un archivo de la cartera laboral, la documentación exhibida.

Este circuito, que tenía siempre tranquilos a los gremialistas, ahora sufrió algunas modificaciones. No se sabe si por iniciativa propia o porque les llega el impulso desde Trabajo, lo seguro es que la AFIP ha comenzado a volverse más minuciosa con los papeles que, con cierta desidia, enviaban los gremios. Como si se tratara de instituciones comunes; es decir, como debería suceder siempre en una república. La lista de requerimientos les llegó a muchísimas entidades sindicales, casi por orden alfabético.

Los dirigentes de la CGT no creen que esta novedad sea la inauguración de un nuevo estilo de administración, más igualitarioe impersonal. Ellos creen que serían objeto de una sutil persecución y relacionan esa fantasía con la preparación de un Comité Central Confederal para el 11 de noviembre. Por lo visto, esa reunión tiene para ellos alguna carga de pólvora. De lo contrario, ¿por qué debería provocar al gobierno?

Si se examina la entretela de la CGT, es posible que los gremialistas tengan razón. Para el 11 ellos quieren comenzar a hablar de planes de lucha. No hay que esperar nada grave para este año: sólo calentarán la atmósfera para retomar la cuerda agresiva en marzo. Para entonces sí, sobre todo si no hay un acuerdo cerrado por la deuda, podría escucharse por primera vez la palabra «huelga» referida al gobierno de Kirchner.



Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias