A fuego lento se comenzó ayer a cocinar el proceso de expulsión de los diputados radicales díscolos que apoyaron al oficialismo en la polémica reforma del Consejo de la Magistratura. La mesa chica de la Convención Nacional de la UCR, órgano encargado de definir la expulsión de estos legisladores rebeldes, se reunió para comenzar a definir la integración del tribunal de disciplina que estudiará este caso.
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En el supremo órgano del radicalismo domina la idea impulsada por el presidente del Comité Nacional, el diputado Roberto Iglesias, de expulsar a los legisladores conversos del partido. Así lo entiende también Adolfo Stubrin -titular de la Convención-, quien apunta a reforzar el perfil opositor de la UCR. Por eso ayer Juan Octavio Gauna, diputado nacional y ex funcionario de Fernando de la Rúa durante su gestión al frente del Gobierno porteño, también impulsó la reforma de la carta orgánica nacional del radicalismo a partir de un proyecto presentado por él en 1998 junto con Raúl Baglini.
Sin embargo, a pesar de las intenciones intransigentes de la cúpula de los órganos radicales, el trámite será largo y complicado ya que Daniel Brue y Cristian Oliva (Santiago del Estero), Genaro Collantes (Catamarca), Ricardo Colombi (Corrientes) y Hugo Cuevas (Río Negro) gozan del amparo de sus respectivos gobernadores provinciales. Ayer, los integrantes de la Convención coincidieron en que el tribunal de disciplina -debe integrarse con un mínimo de tres miembros- que estudie la desobediencia de estos diputados tiene que estar integrado por personalidades distinguidas que estén más allá de las líneas internas del partido. Hasta se animaron a soltar un nombre: Hipólito Solari Yrigoyen, miembro pleno de Naciones Unidas. Descartaban a Raúl Alfonsín, a quien no consideran como un referente indiscutido.
El tribunal deberá quedar constituido en las próximas semanas, y el tema avanzará este martes cuando Stubrin regrese de un viaje por Ecuador. Aunque se espera un fuerte gesto de disciplina partidaria para castigar a los díscolos, en el radicalismo existen otras opiniones sobre el tema. Ya conocida es la del jefe de los diputados radicales, el rionegrino Fernando Chironi, quien cree que la expulsión de los legisladores implicaría desconocer el sistema de clientelismo al que el gobierno de Néstor Kirchner somete a los gobernadores e intendentes provinciales. Además, razona Chironi, el efecto final sería adverso ya que se vería reducida la bancada radical y fortalecida la oficialista.
Además, como para empeorar un poco más el panorama, esta semana uno de los «insurgentes» en cuestión, Collantes, fue electo vicepresidente del radicalismo catamarqueño y aseguró que el resultado de las internas ubican al gobernador Eduardo Brizuela del Moral «como líder indiscutido para la gobernación de 2007».
El diputado radical tampoco descartó la posibilidad de que, de cara a las elecciones de 2007, el gobernante Frente Cívico y Social selle una alianza con el kirchnerismo. Toda una declaración de principios, y casi un gesto desafiante para la Convención de la UCR. Además, el legislador destacó que los comicios internos realizados en Catamarca mostraron a un «radicalismo movilizado, exigiendo cambios esperanzadores».
Otra luz de alarma se encendió en Río Negro. Allí el ministro de Gobierno, Iván Lázzeri, adelantó un eventual apoyo del radicalismo provincial a una probable reelección de Néstor Kirchner, «porque a nivel nacional nos quedamos sin partido».
«Si el radicalismo a nivel nacional sigue como está, los radicales rionegrinos tenemos que buscar nuestro camino», disparó Lázzeri, un aliado político de Chironi.
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