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«El color negro es un efecto óptico luego del doble tratamiento de efluentes. Son residuos de lignina, un componente de la madera que es totalmente biodegradable, a lo que se suma el arrastre de sedimentos que suma el agua luego de un recorrido de unos ochocientos metros hasta que desemboca en el Paraná», explica a este diario Ignacio Lerer, gerente de 800 metros de allí está la vertiente de efluentes, y el color del agua cambia.
En cambio, para Greenpeace, el sistema ECF (que utiliza APSA) «provoca trastornos en los sistemas inmunológico, nervioso y reproductor. Entre los organoclorados identificados en los efluentes existen numerosos compuestos cancerígenos y mutagénicos».
Pedro Damián Medera preside el Concejo Deliberante de Puerto Esperanza. Enumera problemas que van desde la afectación a la salud de la población, «un olor que a veces es insoportable», hasta la corrosión de la chapa de los vehículos. «Son cosas que se dan acá y no en otros lugares, al menos tan intensamente», explica, aunque no sabe si el mal se debe al desarrollo de APSA desde 1996. Pese a tantos problemas, Medera admite que su municipio «no hace controles dentro de la planta. Incluso el personal no sé si está capacitado para inspeccionar una empresa con tanta tecnología. Tampoco tomamos muestras de agua».
Sin embargo, Lerer, vocero de APSA, sí dice tener controles de «la municipalidad, del Ministerio de Ecología de la provincia, aunquenuestros principales controladores son nuestros clientes en el exterior, que nos exigen estándares ambientales altos».
• Estudios
El olor, que se siente ya desde la ruta que une Iguazú con Posadas y en localidades vecinas, es producto de cocción de la madera y está producido por el metil mercaptano que compone la materia prima. APSA admite que el olor es «real pero no tóxico», e informa que está desarrollando estudios para reducirlo. Uruguay, por ejemplo, sólo admite que la producción de las papeleras sobre el río Uruguay, en el futuro, «puede traer algunos olores y en determinados días». No acepta otros males contra el medio ambiente aunque su gobierno admitió que no tiene estudios de evaluación suficientes sobre el tema.
En un punto intermedio entre la voz de las empresas y las críticas de ambientalistas y dirigentes rurales, surge la opinión de Eduardo Stirnemann, presidente del colegio de ingenieros forestales de Misiones, quien tuvo relación profesional con empresas de celulosa: «La actividad forestal que abastece la industria de celulosa genera modificaciones ambientales, como cualquier cultivo que se realice, sea yerba mate o té», dice, equiparando al problema que produce el ECF. «El problema es cómo se hace la actividad, si existen procedimientos claros que la regulen y si el Estado no se desentiende. Misiones tiene mucha normativa que si se cumpliera sería espectacular», agrega Stirnemann. En definitiva el problema de reimplante de árboles parece mucho menor al de la contaminación.
El dirigente de ingenieros dice que «las fábricas tienen que estar en un lugar donde haya mucha disponibilidad de agua y son necesarias para generar un polo de desarrollo industrial». Y deja un mensaje para los entrerrianos: «En Entre Ríos hay mucha curtiembre y frigoríficos que son mucho más contaminantes que esta papelera. Las toneladas de fertilizantes que vienen de Brasil generan un impacto mayor sobre el río Uruguay o el río Paraná». «Botnia (la cooperativa finlandesa que se quiere instalar en Uruguay) tiene plantas en lagos interiores de Finlandia, pero allí las exigencias son muchas y se controla. En Misiones tenemos fábricas altamente contaminantes, con uso de cloro puro», indica Stirnemann.
Se refiere a la mediana Pasta Celulósica Piray, que está en fideicomiso, sufrió clausuras y, según diferentes fuentes consultadas,utiliza para el blanqueo el procedimiento con cloro elemental, el más contaminante, el mismo que sería utilizado en Capitán Bermúdez, cerca de Rosario, y que está en la mira de los ambientalistas.
El panorama de la actividad celulósica de Misiones se completa con Papel Misionero en Puerto Mineral, del grupo Bemberg y capitales brasileños, que elabora papeles marrones a partir del «proceso kraft», no hace blanqueo de la pasta y, por lo tanto, contamina menos.
Los grupos ambientalistas de Gualeguaychú, el gobierno de Entre Ríos y la organización Greenpeace, le exigen a Botnia y a ENCE que utilicen el método TCF para blanqueo de la pasta, libre de cloro, pero más caro.
Lerer, de APSA, responde que por la calidad aparentemente inferior que deriva en el papel, «es el mercado el que no la acepta. La sociedad optó por el papel blanqueado, por lo que es muy hipócrita plantear que no queremos estas plantas y a su vez querer seguir consumiendo papel blanco. En el mundo casi no hay plantas con TCF (sin uso de cloro), salvo en Alemania, y los resultados en cuanto a contaminación no tienen diferencias sustanciales si se utilizara el sistema ECF», en su opinión desde parte interesada.




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