Cristina Fernández de Kirchner se abocaba ayer a su tarea como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado: debía emitir un dictamen rechazando el pedido de ampliación de pruebas en el juicio político a Antonio Boggiano. Una mera cuestión procesal. Como el despacho estaba listo, los senadores comenzaron a firmarlo y sólo faltaba Miguel Pichetto, que en ese momento se encontraba en la puerta del salón hablando por su celular.
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«Pichetto venga a firmar el dictamen», lo llamó la primera dama. «No puedo, un momento por favor.» «Pichetto, corte y venga que el dictamen esta listo», insistió Cristina. El jefe del bloque PJ se acercó a ella y en voz baja se justificó: «Estoy hablando con el Presidente».
«No importa que sea el Presidente, acá no hay presidente que valga, firme y después sigue hablando», le ordenó la senadora entre risas.
«Presidente, un momento», se escuchó mientras Pichetto dejaba el celular sobre un escritorio. Pichetto firmó el dictamen y volvió a su asiento tomando nuevamente el celular prendido: «Discúlpeme, Presidente», escucharon todos, «su esposa me pidió algo».
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