1 de marzo 2004 - 00:00

¿Quiere Kirchner la manifestación de hoy?

¿Quiere Kirchner la manifestación de hoy?
¿Estará satisfecho Néstor Kirchner con haber aceptado que el duhaldismo le organice una manifestación para cuando, hoy por la mañana, esté hablándole a la Asamblea Legislativa, en el Congreso? Nada que objetar sobre la dimensión del gentío, que parecía anoche estar garantizada. Tampoco con las expresiones que se escucharán, seguramente afectuosas en todos los casos. El interrogante tiene que ver con la decisión misma de conceder que ese apoyo caluroso se exprese en cantidad de personas.

En efecto, Kirchner logró imponer la tesis de que su figura tiene un apoyo arrollador, casi inédito: no hay encuesta que no le conceda alrededor de 70% de las simpatías. Con un detalle más, que es el atractivo que ejerce sobre los encuestadores, ya que todos le dan los mismos números, es decir, consigue una unanimidad también inédita.

Este respaldo de la opinión pública es gaseoso, intangible. Kirchner lo aprovechó hasta ahora para su operación predilecta: exhibir una relación con «la gente» no mediada por la dirigencia política, esa trama de punteros, sindicalistas, legisladores, que consiguen poco en las encuestas en las que se regodea el Presidente.

• Ofendidos

Esta prescindencia de los aparatos de la política ofende a muchos dirigentes tradicionales, sobre todo a los bonaerenses que creen haber puesto la mayor parte del capital de la actual compañía gobernante. Con «la ñata contra el vidrio», esos punteros, intendentes, legisladores, esperaron hasta ahora que se los considerara o convocara para algún proyecto oficial. Fue en vano, hasta hoy.

Alentado por Felipe Solá más que por Eduardo Duhalde, el Presidente aceptó que el aparato del conurbano se movilice en su favor. Algunos de sus asesores de imagen cree que fue un error hacerlo: ahora esa ola poderosa pero invisible de adhesiones quedará traducida en metros cuadrados de plaza cubierta. ¿Cuántos adherentes habrá? ¿10.000, 20.000, 30.000? Son preguntas mezquinas para alguien que se presenta habitualmente como «pasión de multitudes».

Necesarios

Para los intendentes duhaldistas el acto de hoy fue la oportunidad de hacer entrar una bala en un cuerpo blindado como el del gobierno nacional. Por lo menos hoy los necesitarán. O, lo que es peor, los comenzarán a necesitar: porque no hay que imaginar que la presentación del Congreso será la última. Cada vez que el gobierno requiera de adhesión deberá apelar a los alcaldes del conurbano. ¿Y el día que no haya plaza? Vaya a saberse si es un buen método el de Kirchner quien somete su índice de aceptación a un patrón que él no maneja.

Hay otro «pecado» en la fiesta de hoy, frente al Palacio Legislativo. No faltarán quienes quieran comparar, en una desigual batalla, el nivel de movilización bonaerense con el de los adherentes porteños a Kirchner. ¿Cuánto llevará hoy a la Plaza el sector metropolitano del gabinete (Alberto Fernández, Gustavo Béliz, Rafael Bielsa y los simpatizantes de la Ciudad, como Aníbal Ibarra, Jorge Telerman, etc.)? Es una pregunta capciosa pero el duhaldismo ya comenzaba anoche a envenenar la plaza con ese torneo.

• Origen

La idea de agasajar a Kirchner en el Congreso con una multitud nació en una reunión del Consejo Provincial del PJ. Duhalde, ausente, no bendijo la idea al regresar al país: creyó que daría lugar para problemas, tal vez conflictos y que «Néstor no necesita cultivar ese perfil de tribuna». Cristina Kirchner, por su parte, tampoco se mostró contenta. Ella cree que la convocatoria de hoy es una continuidad subliminal de la sesión especial que querían hacer en favor del gobierno para «apoyar en la negociación de la deuda», con la intención secreta de dejarlo preso de una postura insostenible, de pagar poco o no pagar. «Que alguien me venga a explicar a quién quiere ayudar con esa idea, a ver si me convence», se enfureció la «primera ciudadana» ante la sola sugerencia de ese aval. ¿Habrá algún cartel sobre la deuda hoy en la plaza?

• Inquietud

Los alcaldes del conurbano no quieren hacer daño, por lo menos ahora. Al contrario, como sucedía con los sindicalistas cuando le organizaban plazas a Carlos Menem, quieren que los necesiten, condicionar de alguna manera. Temen que la desconexión se convierta en maltrato y están inquietos cada vez que observan en la prensa, al lado de noticias amigables para el gobierno, reproches hacia su forma de conducirse. En las últimas semanas buscaron acotar ese riesgo visitando a Alberto Fernández, quien recibió a varios de ellos junto a Francisco Larcher. A la salida, Julio Pereyra, Hugo Curto, Baldomero Alvarez, descartaron la existencia de fantasmas. Hoy darán un paso más: creen que «abrocharán» al gobierno con un par de manzanas cubiertas de «militantes».

Dejá tu comentario

Te puede interesar