¿Quiere Kirchner la manifestación de hoy?
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• Necesarios
Para los intendentes duhaldistas el acto de hoy fue la oportunidad de hacer entrar una bala en un cuerpo blindado como el del gobierno nacional. Por lo menos hoy los necesitarán. O, lo que es peor, los comenzarán a necesitar: porque no hay que imaginar que la presentación del Congreso será la última. Cada vez que el gobierno requiera de adhesión deberá apelar a los alcaldes del conurbano. ¿Y el día que no haya plaza? Vaya a saberse si es un buen método el de Kirchner quien somete su índice de aceptación a un patrón que él no maneja.
Hay otro «pecado» en la fiesta de hoy, frente al Palacio Legislativo. No faltarán quienes quieran comparar, en una desigual batalla, el nivel de movilización bonaerense con el de los adherentes porteños a Kirchner. ¿Cuánto llevará hoy a la Plaza el sector metropolitano del gabinete (Alberto Fernández, Gustavo Béliz, Rafael Bielsa y los simpatizantes de la Ciudad, como Aníbal Ibarra, Jorge Telerman, etc.)? Es una pregunta capciosa pero el duhaldismo ya comenzaba anoche a envenenar la plaza con ese torneo.
• Origen
La idea de agasajar a Kirchner en el Congreso con una multitud nació en una reunión del Consejo Provincial del PJ. Duhalde, ausente, no bendijo la idea al regresar al país: creyó que daría lugar para problemas, tal vez conflictos y que «Néstor no necesita cultivar ese perfil de tribuna». Cristina Kirchner, por su parte, tampoco se mostró contenta. Ella cree que la convocatoria de hoy es una continuidad subliminal de la sesión especial que querían hacer en favor del gobierno para «apoyar en la negociación de la deuda», con la intención secreta de dejarlo preso de una postura insostenible, de pagar poco o no pagar. «Que alguien me venga a explicar a quién quiere ayudar con esa idea, a ver si me convence», se enfureció la «primera ciudadana» ante la sola sugerencia de ese aval. ¿Habrá algún cartel sobre la deuda hoy en la plaza?
• Inquietud
Los alcaldes del conurbano no quieren hacer daño, por lo menos ahora. Al contrario, como sucedía con los sindicalistas cuando le organizaban plazas a Carlos Menem, quieren que los necesiten, condicionar de alguna manera. Temen que la desconexión se convierta en maltrato y están inquietos cada vez que observan en la prensa, al lado de noticias amigables para el gobierno, reproches hacia su forma de conducirse. En las últimas semanas buscaron acotar ese riesgo visitando a Alberto Fernández, quien recibió a varios de ellos junto a Francisco Larcher. A la salida, Julio Pereyra, Hugo Curto, Baldomero Alvarez, descartaron la existencia de fantasmas. Hoy darán un paso más: creen que «abrocharán» al gobierno con un par de manzanas cubiertas de «militantes».




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