El menemismo aprovechó la extensión del fin de semana para programar el último tramo de la campaña electoral, cuando falta menos de un mes para el 27 de abril. Desde el punto de vista de Carlos Menem y sus seguidores inmediatos, hay un problema central para resolver en ese lapso: cómo capturar, aunque sea, una porción de la clase media urbana, aquella que está enemistada con el ex presidente por atribuirle una política económica que tuvo costos sociales altos. Un juicio que, dicho sea de paso, coincide con el del propio Menem, quien siempre interpretó que las elecciones del 6 de setiembre de 1997 las perdió no tanto por las falencias ético-institucionales que le señalaban desde el Frepaso, sino por el inflexible índice de desempleo que comenzó a minar la base propiamente peronista de su poder.
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En las oficinas de Eduardo Bauzá, en Esmeralda y Arroyo, sesionó durante el domingo y ayer el elenco principal de economistas y técnicos que orbita alrededor del mendocino. Allí estuvieron Pedro Pou, Pablo Rojo, Francisco Susmel, Rogelio Frigerio, Guillermo Rodríguez Usé y Jorge San Martín. Además, hubo otros especialistas abocados a cuestiones sólo indirectamente relacionadas con la economía: desde Jorge Rearte y Paola Espátola, para los programas de seguridad, hasta Julián Duhalde y Carlos Torres, para los previsionales y de seguridad social.
La base argumental para la organización de todos los programas la aportó Pedro Pou, para quien el fenómeno tal vez más importante que se verificó en la economía desde que Menem abandonó el poder fue la explosión de la pobreza. En 1999, 28% de la población entraba en la categoría de «pobre», mientras que en 2002 esa proporción saltó a 60% de la población. Dentro de esos conjuntos, los indigentes eran 7% en el primer momento (un nivel equivalente al de países como España de hace 10 años) y de 30% en el segundo. Los contertulios de Bauzá escucharon a Pou explicar que éstos no son datos exclusivamente sociales, aunque impresionen inicialmente desde ese punto de vista. Se trata, además, de un fenómeno económico en sí mismo, que afecta a la dimensión del mercado, los niveles de crecimiento y de crédito, es decir, que condiciona toda la economía de manera central. Según Pou, es difícil encontrar en la historia económica una explosión de pobreza de esta magnitud.
Al colocar este fenómeno el punto de fuga de todo el cuadro, los expertos que se reunieron durante el fin de semana propusieron enfocar la campaña electoral sobre un haz de proyectos que ya tienen el formato de proyectos de ley (Menem se ha vuelto obsesivo con la idea de que no quiere recurrir a los decretos de necesidad y urgencia en el que sería su tercer gobierno si ganara las elecciones, un argumento de campa-ña que lo cubriría de los reproches por «cesarismo» que siempre le formularon sus opositores).
• Paritarias
Una de esas propuestas es la apertura del proceso de paritarias desde la primera se-mana de gestión para que en 60 días se negocie una suba de salarios de 30%. Esa discusión entre empresarios y empleados estaría regulada según lo que establece la Ley de Convenios Colectivos aprobada durante la gestión de Fernando de la Rúa (recor-dada como «ley Banelco»).
La contrapartida de este salariazo es que, en el mismo lapso de dos meses, se dispondría una baja de aportes patronales equivalente. Sólo se mantendrían dos contribuciones: 9% al sistema jubilatorio y 6% al sistema de salud. Esto supone que el Estado resignaría un monto equivalente a $ 4.600 millones, que se compensarían con una reforma tributaria que elimine exenciones y revise el Impuesto a las Ganancias.
Otra medida que se relaciona con una modificación importante en la estructura de ingresos de la población tiene que ver con las asignaciones familiares. En lo de Bauzá se comentó ayer que sólo 25% de los jefes de familia tiene a sus hijos incluidos en estas prestaciones. Es la población que tiene un empleo formal. El resto, desempleados o trabajadores en negro, no cobra ese beneficio. En estas razones se basan los técnicos de Menem para proponer que se pague un subsidio de $ 30 a $ 50 a todas las familias con hijos en edad escolar (entre 5 y 16 años) con el compromiso de que esos hijos completarán su educación formal en el período.
• Cascos Blancos
Hay proposiciones que no tienen que ver directamente con los sectores urbanos (muchos de ellos, pauperizados con la crisis, mantienen sus categorías culturales y políticas de una situación social más acomodada), pero sí intentan seducir a la clase media por la sensibilidad que manifiesta frente a los más desprotegidos. Una de ellas es la idea de crear una agencia autónoma de asistencia social sobre la base de los Cascos Blancos, una organización asistencial que la Argentina exportó a los organismos internacionales durante el anterior gobierno de Menem. Ahora, los técnicos de Bauzá (en este caso, el ala que responde a Octavio Frigerio) proponen la creación de un Ente Autárquico Nacional Cascos Blancos en el que también formarían parte las provincias. Esta oficina estaría a cargo de la coordinación de todos los recursos disponibles tanto en el Estado nacional como en las jurisdicciones locales para la atención de los 10 millones de indigentes, sobre todo de los niños sumergidos en esa condición.
Finalmente, los técnicos en seguridad buscan en estos días ofrecer una salida opera-tiva a la propuesta de Menem de «sacar las Fuerzas Armadas a la calle para combatir la delincuencia». Según lo que se explicó ayer en lo de Bauzá, la idea del riojano supone que las Fuerzas Armadas se hagan cargo de la cobertura de frontera (ahora encomen-dada a Gendarmería y a Prefectura) para que las destinadas específicamente a la seguridad puedan reforzar su presencia en la calle.
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