1 de septiembre 2004 - 00:00

Recurre Alfonsín, de nuevo, a posibles golpes de Estado

Raúl Alfonsín
Raúl Alfonsín
Cuando todavía el propio Néstor Kirchner no ha concurrido ni enviado a tribunales una aproximación siquiera a su denuncia del complot (el juez Juan José Galeano ya le derivó dos exhortos pero al parecer en la Casa Rosada no ubican al Presidente), uno de sus antecesores en el cargo organizó su personal acusación de otro (o el mismo, quizás con tres meses de atraso). En la tarde de ayer, anticipando un programa que se emitiría por la noche (pero que si se aguardaba su difusión perdería impacto en los diarios), Raúl Alfonsín sostuvo que la derecha neoliberal buscará desplazar a Kirchner del gobierno y que, además, hasta se impuso un plazo: antes de marzo del año próximo.

Por supuesto, así como el mandatario actual no ha precisado información a la Justicia sobre su complot pasado, Alfonsín tampoco ayer detallaba nada sobre el golpe de Estado futuro. Apenas si deslizó que son gente de derecha con fuertes apoyos de grupos especulativos y algunos inversionistas extranjeros. Los amigos del ex presidente, para avalar la acusación, sostienen que Alfonsín ya estaba con ese tema desde hace meses (como si fuera una enfermedad) y que, inclusive, lo anticipó en Caracas. Para ellos, casi como justificativo, afirman que Alfonsín no dispone de información precisa, más bien su denuncia es un análisis o premonición de lo que podría ocurrir. Sueñan, eso sí, que lo suyo tenga el impacto de la denuncia del pacto militarsindical con el cual llegó a la Presidencia (olvidando, quizás, que la información de ese pacto no se originó en los radicales, más bien en algún sector militar y periodístico, ni siquiera tenía la entidad que históricamente se le concedió).

• Monotemático

Se diría que lo de ahora es una regresión más que un vaticinio, pues lo de la víspera recurre a otra experiencia semejante, estando él mismo en el gobierno (1985), cuando imputó a varias personas, les impuso prisión y hasta las hizo exiliar (se les atribuían en el revuelo cargos además por trata de blancas y droga), por una desestabilización inexistente que luego el Estado -Justicia mediante-fue obligado a reparar. En este caso, como no hay nombres, no habrá daño a salvar o pagar. Para no ir tan hacia atrás en la historia, cabe recordar que Alfonsín (monotemático con el golpismo) ya habló hace unos meses sobre el mismo tema y, casi imponiéndose una responsabilidad, dijo que «no podemos terminar con otra Asamblea» (como cuando lo voltearon a Fernando de la Rúa) ni con Scioli en la Presidencia.

Como la actual denuncia es meditada y hasta programada, se inferían anoche varios comentarios. Unos, le cargaban a Alfonsín la voluntad para recuperar de Kirchner una convocatoria al diálogo, propuesta que el Presidente enunció pero nunca cumplió (al menos con el radicalismo). Para Alfonsín, este diálogo es vital, como en los tiempos que dialogaba -entre otras actividades-con Eduardo Duhalde, sus ministros y, en algunos casos, hasta pedía por la colocación de ciertos empleados en el Estado. Nadie sabe si Kirchner se ablandará con esta jugada, si estas exposiciones de Alfonsín le servirán para enfrentar a los deudores y el FMI, aunque en la Casa Rosada sospechan que el ex jefe radical no es una persona que aporte demasiadasuerte para estas negociaciones. Más: hasta pueden sospechar que esa cercanía no favorezca el trato con los Estados Unidos (presunto motor de cualquier inspiración de derecha), país del cual Kirchner hoy se congratula de tener como principal aliado luego de haberle resuelto problemas con Hugo Chávez en Venezuela, con Evo Morales en Bolivia y de haber enviado continentes de tropas a Haití.

Si uno tiene dudas sobre los favores o desatinos que Alfonsín -con su denuncia-le aporta al gobierno, más en claro parece la sensación de ciertos radicales que imaginan la actitud como una cuestión interna del partido. Parece demasiado egoísta, pero como se sabe al veterano radical sólo le importa lo que sucede en su institución, tema absorbente y único en su vida cotidiana. Quienes lo objetan en la interna suponen que Alfonsín reaparece con espectacularidad para apagar la disidencia interna que brotó en la UCR, nítidamente dirigida contra él y su compañía bonaerense, la cual ha decidido atender la guía de otras cabezas, sean Ricardo López Murphy o Elisa Carrió. Para el hombre de Chascomús, esa ruptura en su partido (y en su distrito en particular) resulta insoportable, desearía reprimirla como a un eventual golpe de Estado (en rigor, como lo hizo en su momento). Sólo que, a esta altura, si no incorpora sustancia a sus denuncias, alimentará la historia con patéticas anécdotas que volverán más sombría una figura desteñida en los últimos años.

Dejá tu comentario

Te puede interesar