Relanzó Rodríguez Saá su alianza bonaerense
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A la vista no había un solo uniformado. La custodia de Rodríguez Saá y algún «vigilador» de civil fueron el único signo de protección oficial. Fue por decisión del candidato que interpretó que la presencia policial podría detonar incidentes más que evitarlos.
El sanluiseño bajó de una combi cerca de las 10. Acosado por la prensa y los saludadores, tardó un cuarto de hora en llegar al pie del micrófono que luego cedió «a quien quiera» para que despotrique, pida o proponga a su antojo.
• Desfile
Al menos, 30 personas pasaron por ese escenario. «Dicen que acá somos chorros pero es mentira: nosotros trabajamos y el que no lo hace es porque no consigue», reprochó una mujer. «Basta de verso: si no nos van a dar laburo no hablen más», aportó otro.
Una madre pidió que limpien el barrio de droga y alcohol y un hombre, que se presentó como César Molina, contó que «andaba en la droga y el robo» pero está en rehabilitación. Después, en turnos, las mujeres pidieron lo mismo: comedores y merenderos para sus hijos.
Pero el lamento repetido fue laboral. Por eso, atento el precandidato prometió crear casi un millón de empleos mediante un plan para construir 150 mil viviendas.
- Con este programa vamos a solucionar dos problemas: el de la falta de casas para ustedes y el del trabajo, auguró Rodríguez Saá.
- Si nosotros tenemos trabajo no vamos a salir a robar -lo interrumpió un moreno.
- Tiene razón el joven, ese es el problema de fondo de la Argentina.
En La Cava, Posse expuso su poder y cosechó más elogios que el presidenciable. «Yo a usted no lo conozco Rodríguez Saá pero a él sí -dijo una mujer señalando al radical-. Y lo apoyo porque viene con el 'Cholo'.» En esa confianza, el candidato pidió que lo tuteen: «Dígame Adolfo, señora; Adolfo».
Antes de irse, Saá visitó un centro comunitario -preparado para formación femenina-, donde tomó un mate y mordió una empanada. Después forcejeó con la muchedumbre hasta que pudo subir al adolfomóvil para seguir la larga caravana.
A esa hora, Aldo Rico -con su clásico chaleco verde militarse había sumado a la comitiva. Sorprende pero, por momentos, el ex militar concita tantas vivas como el sanluiseño.
Después, en los monoblocs BASI de Boulogne, asomó el cotillón electoral, con bombas de estruendo y recolectores de basura con uniforme de trabajo -son del gremio de camioneros-, emisarios del ausente Hugo Moyano.
En ese turno, un viejito aborigen intimó a Rodríguez Saá. «Todos los políticos mienten. Usted cuídese de que no se le peguen dinosaurios», dijo incomodando a Posse y Rico -el actor Enzo Viena y «La Momia» Demeli no se dieron por aludidos- pero luego se moderó para recitar poesía justicialista y coronar como gran jefe al sanluiseño.
Más tarde, el candidato cantó el himno frente a un busto de Eva Perón y cerró la edición San Isidro de su gira en una sociedad de fomento. Fue allí donde Rodríguez Saá recibió un regalo: «Este paquete es para usted, ábralo -lo apuró un hombre mayor-, es una Constitución para que la respete».




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