10 de octubre 2002 - 00:00

Relanzó Rodríguez Saá su alianza bonaerense

Adolfo Rodríguez Saá estrenó ayer el formato bonaerense de la «marcha de los sueños» en un sitio paradigmático del Gran Buenos Aires: la villa La Cava, en San Isidro. En su paso por esa «favela» -ya de lleno en el tramo más duro de la campaña- el sanluiseño escuchó un inventario de quejas.

Quedaron como postales de la gira, una mujer rogando por su hijo asesinado; un anciano que le regaló a Rodríguez Saá una Constitución «para que la respete»; madres múltiples pidiendo comida; y un indígena que, furioso, escupió su desconfianza hacia «todos los políticos».

Ocurrió ayer, muy temprano, en La Cava, la favela marginal que perturba la sintonía de San Isidro, adonde Rodríguez Saá se dio el lujo de desembarcar. Y no es poca cosa: pocos candidatos se animaron a hacerlo antes.

En rigor, el candidato a presidente no pisó el corazón de la villa: montó su escenario en un descampado periférico, desmalezado para la ocasión por aplanadoras municipales. Y pudo llegar hasta ese punto gracias a la custodia política de Melchor Posse, mayoral histórico de San Isidro.

A las 9 de la mañana, cuatrocientas personas se habían juntado sobre la calle Jorge Newbery, a doscientos metros de la zona impenetrable. Aunque había grupos extramuros -sobre todo mujeres- con típico perfil radical, la multitud era local.

El silencio se había roto temprano con el jingle adolfista, «Ay cómo te la pusieron» que interpreta el grupo Menta y los «bombos radicales» -a decir de Posse- que ensayaban la clásica batucada electoral.

A la vista no había un solo uniformado
. La custodia de Rodríguez Saá y algún «vigilador» de civil fueron el único signo de protección oficial. Fue por decisión del candidato que interpretó que la presencia policial podría detonar incidentes más que evitarlos.

El sanluiseño bajó de una combi cerca de las 10. Acosado por la prensa y los saludadores,
tardó un cuarto de hora en llegar al pie del micrófono que luego cedió «a quien quiera» para que despotrique, pida o proponga a su antojo.

• Desfile

Al menos, 30 personas pasaron por ese escenario. «Dicen que acá somos chorros pero es mentira: nosotros trabajamos y el que no lo hace es porque no consigue», reprochó una mujer. «Basta de verso: si no nos van a dar laburo no hablen más», aportó otro.

Una madre pidió que limpien el barrio de droga y alcohol y un hombre, que se presentó como
César Molina, contó que «andaba en la droga y el robo» pero está en rehabilitación. Después, en turnos, las mujeres pidieron lo mismo: comedores y merenderos para sus hijos.

Pero el lamento repetido fue laboral. Por eso, atento el precandidato prometió crear casi un millón de empleos mediante un plan para construir 150 mil viviendas.
- Con este programa vamos a solucionar dos problemas: el de la falta de casas para ustedes y el del trabajo, auguró Rodríguez Saá.
- Si nosotros tenemos trabajo no vamos a salir a robar -lo interrumpió un moreno.
- Tiene razón el joven, ese es el problema de fondo de la Argentina.
En La Cava,
Posse expuso su poder y cosechó más elogios que el presidenciable. «Yo a usted no lo conozco Rodríguez Saá pero a él sí -dijo una mujer señalando al radical-. Y lo apoyo porque viene con el 'Cholo'.» En esa confianza, el candidato pidió que lo tuteen: «Dígame Adolfo, señora; Adolfo».

Antes de irse, Saá visitó un centro comunitario -preparado para formación femenina-, donde tomó un mate y mordió una empanada. Después forcejeó con la muchedumbre hasta que pudo subir al adolfomóvil para seguir la larga caravana.

A esa hora,
Aldo Rico -con su clásico chaleco verde militarse había sumado a la comitiva. Sorprende pero, por momentos, el ex militar concita tantas vivas como el sanluiseño.

Después, en los monoblocs BASI de Boulogne, asomó el cotillón electoral, con bombas de estruendo y recolectores de basura con uniforme de trabajo -son del gremio de camioneros-, emisarios del ausente
Hugo Moyano.

En ese turno, un viejito aborigen intimó a Rodríguez Saá.
«Todos los políticos mienten. Usted cuídese de que no se le peguen dinosaurios», dijo incomodando a Posse y Rico -el actor Enzo Viena y «La Momia» Demeli no se dieron por aludidos- pero luego se moderó para recitar poesía justicialista y coronar como gran jefe al sanluiseño.

Más tarde, el candidato cantó el himno frente a un busto de Eva Perón y cerró la edición San Isidro de su gira en una sociedad de fomento. Fue allí donde Rodríguez Saá recibió un regalo:
«Este paquete es para usted, ábralo -lo apuró un hombre mayor-, es una Constitución para que la respete».

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