Renovado pedido de Justicia a 25 años del atentado a la embajada de Israel
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En la ceremonia estuvieron presentes la vicepresidente Gabriela Michetti; la canciller Susana Malcorra; la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, y el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, Hernán Lombardi, entre otros.
En representación del estado de Israel estuvieron presentes el director general de la Cancillería, Yuval Rotem, el coronel Reuben Gurstein y el embajador israelí en Argentina, Ilan Szulman.
El rabino Zvi Grumblatt leyó un Kadish, un rezo en memoria de los muertos, y luego, en medio del silencio de la multitud, se leyeron los nombres de las 22 víctimas fatales identificadas del atentado.
Más tarde, otro religioso, el rabino Fabián Skornik, recitó a plegaria de El Malé Rajamím, un salmo sobre los difuntos que remite a la tradición de los ashkenazi, una de las ramas del judaísmo.
Tras las ofrendas florales dejadas en homenaje a las víctimas por funcionarios argentinos e israelíes, el sobreviviente del atentado Gabriel Pitchon destacó la "gran emoción" que le produjo volverse a encontrar con personas que hace 25 años trabajaban junto a él en la embajada.
"No nos olvidemos nunca de que este fue un ataque contra Argentina, en el que murieron bolivianos, paraguayos, uruguayo e israelíes. Por todos ellos debemos mantener la memoria, para que esas víctimas no sean asesinadas dos veces", remarcó Pichon.
Además, el sobreviviente recordó a Carlos Susevich -padre de Graciela, muerta en el ataque- y que durante años querelló para que "la causa no que quedara en el olvido".
Por su parte, Danny Carmón, diplomático israelí que perdió en aquel aciago día de marzo a su esposa, Eliora, -la madre de sus cinco hijos-, afirmó que tiene "una herida abierta que no cierra", pero ponderó el trabajo que durante años llevaron a cabo "los jóvenes de la comunidad argentina por mantener la memoria de las víctimas".
En un discurso pronunciado en hebreo y traducido al público por una locutora, Rotem, funcionario del Ejecutivo israelí, sindicó a Irán y a la organización libanesa Hezbollah, como los autores "intelectuales y materiales" del hecho.
"Irán instigó, ideó, panificó esta acción criminal y Hezbollah fue el brazo ejecutor que la llevó a cabo. La mano que se levanta contra nosotros será, a la larga, destruida. Esperamos que se haga justicia en Israel, en Argentina y en todo el mundo", sostuvo.
A su vez, el embajador Sztulman destacó la figura del fallecido fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, quien -según el diplomático- probó la culpabilidad de Irán en la preparación de la masacre que, en julio de 1994, dejó 85 muertos en la sede de la mutual judía ubicada en la calle Pasteur.
"Los autores de estos hechos viven en Teherán, en Homs. Son agentes de un régimen que oprime a las minorías a sus ciudadanos y que ahora pretende desarrollar tecnología nuclear. Es un gobierno con un comportamiento agresivo que no desea la paz", subrayó.
La causa en la que se investiga este atentado es instruida por la Corte Suprema de Justicia, que la declaró "imprescriptible", y estableció que, como consecuencia del hecho, murieron 22 personas.
Sin embargo, el embajador israelí sostuvo que las víctimas fueron 29, y que los cuerpos de siete de ellas "quedaron destruidos y no pudieron identificarse".
En medio de las alocuciones, una joven exhibió una pancarta que lanzaba un interrogante al poder político de Argentina: "Señor Presidente, ¿qué pasa con la conexión local?"
"La investigación no pudo dar con los culpables porque hubo muchas complicidades. Tenemos que poner la Justicia sobre la mesa y avanzar hacia la verdad", aportó Michetti cuando se retiraba del acto.
En ese sentido, Hernán Lombardi, aseguró que el Gobierno del presidente Mauricio Macri "tiene voluntad de conocer la verdad" que se oculta detrás de las masacres de 1992 y 1994, y que "con el tiempo se acercará a ella".
Con orden y recogimiento, la conmemoración llegó a su fin cuando la cantante Sandra Mihanovich entonaba las estrofas de Cada Día, una obra compuesta por Idan Raichel e interpretada por la orquesta de Fernando Kiguel.




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