Resolver la crisis
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En su mensaje ante la Organización de Estados Americanos, Bush descartó la posibilidad de éxito de cualquier alternativa de retornar a las políticas de intervencionismo estatal y de proteccionismo y aislamiento económicos previas a la era histórica de la globalización. Dejó bien en claro que la causa de la crisis argentina no reside en las reformas estructurales realizadas en la década del 90, sino en la paralización de esa etapa de transformaciones, que quedó a mitad de camino. Subrayó que un acuerdo entre la Argentina y Estados Unidos sólo puede tener como base el fortalecimiento de la economía de mercado, la profundización de la apertura internacional y la realización de las reformas estructurales pendientes.
Tenemos que aprovechar esta oportunidad y emplearla como palanca para salir de la crisis. Esa negociación con la administración republicana de Washington demanda la implementación de un programa económico sustentable, que sólo puede basarse en la recuperación de la estabilidad monetaria.
Sin estabilidad monetaria, no habrá crecimiento económico ni paz social. Los terribles efectos inflacionarios de una incesante depreciación de la moneda argentina golpearán aún más fuertemente sobre los trabajadores y los sectores populares, incrementarán los niveles de pobreza y nos pueden llevar a un estado de desesperación colectiva que conduzca a estallidos de violencia social aún mucho más trágicos que los que vivimos en las últimas semanas.
En ese sentido, la dolarización ya no es una variante entre otras, sino una opción que se impone por la fuerza de los hechos. Tampoco es un sucedáneo de las reformas estructurales pendientes, ni menos aún una varita mágica capaz de resolver todos los problemas. Pero es la única alternativa viable para inyectar certidumbre, y a partir de allí confianza, a la economía argentina. Más aún: en las actuales condiciones, es una imperiosa necesidad social.
El peronismo es una fuerza política revolucionaria. No nació para eludir responsabilidades ni para llorar sobre los problemas que otros crearon. Nació y vive para afrontar los problemas y resolverlos. Fiel a sus raíces populares y a su objetivo permanente de justicia social, fue el autor de las dos grandes transformaciones de la Argentina moderna. Ante cada circunstancia histórica, encontró las respuestas apropiadas a los desafíos de cada época. Así fue entre 1945 y 1955. Así ocurrió también entre 1989 y 1999. En ambas oportunidades, protagonizó sendas transformaciones irreversibles. Hoy como entonces, no es el momento de la nostalgia por lo que fue o de la queja por lo que pudo haber sido. Llegó la hora de rectificar el rumbo y de volver a poner en marcha a nuestra querida Argentina.
CARLOS SAUL MENEM




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