Revolución de Mayo de 1810: la verdadera historia detrás de la Historia

Política

Si bien la Semana de Mayo fue una sucesión de acontecimientos revolucionarios con el fin de destituir al Virrey, no fue guiada por sentimientos nacionalistas ni estuvo fundada en el deseo de separarse de la monarquía española. El relato detrás de las galeras, los paraguas y una movida política donde se jugó la construcción de un poder de mediano plazo.

Una plaza repleta de mujeres con vestidos majestuosos, hombres de galera y traje, French y Beruti repartiendo escarapelas y cientos de paraguas resguardando a un pueblo que ansiaba la independencia española. Estos ejemplos son solo algunos de los mitos que adornaron a lo largo del tiempo un proceso tan significativo como la Revolución de Mayo, y que si bien sirvieron para decorar el relato en espacios como el escolar, no permitieron ahondar en la complejidad de los acontecimientos que se sucedieron en una semana que fue un hito en la historia argentina.

“Entre lo que hemos recibido o lo que todavía escuchamos en la escuela o en espacios públicos sobre la Revolución de Mayo de 1810, una de las cosas que se suele decir es que fue una revolución guiada por sentimientos nacionalistas, es decir, que los revolucionarios tenían un fuerte sentimiento nacional que los llevaba a querer separarse de la monarquía española. Eso no es tan así” , comenzó diciendo Camila Perochena , historiadora y docente universitaria.

“En estos revolucionarios no había una voluntad clara y deliberada de independencia. En las memorias de ese momento, no hay ningún indicio de que hubiesen querido separarse definitivamente de la monarquía, o que tuvieran un plan preconcebido de independizarse de España. En realidad, querían destituir al Virrey porque consideraban que su autoridad ya no era legítima”, agregó, y explicó en ese contexto, la Junta Central, institución que había elegido a Cisneros, se había disuelto y el rey, Fernando VII, estaba cautivo por las tropas napoleónicas.

Para la historiadora, la clave está en la vacancia de poder. En realidad, según relató, se armó una junta de autogobierno para tutelar la soberanía mientras el rey Fernando VII estaba ausente, y eso se conoce como Retroversión de la soberanía. “En contextos en los que se produce una acefalía del poder del Rey, la soberanía se retrovierte en los pueblos, es decir, vuelve a los pueblos. Por eso, el Virrey fue destituido y el poder cayó en el Cabildo Abierto, que tuvo que nombrar una Junta”, explicó.

Para Fernando Casullo, historiador y docente, es fundamental adaptar los acontecimientos al momento histórico: “Estamos, por un lado, frente a una sociedad de antiguo régimen, cosa que no siempre se tiene del todo presente y se modernizan un poco esos actores. Se olvida lo que era ese universo con una racionalidad distinta, donde la lealtad, el honor, la reciprocidad y la autoridad jugaban papeles muy importantes”.

A su vez, Casullo advirtió que el Cabildo del 25 de mayo no fue algo mecánico o simbólico. “Ese clivaje de lo moderno y el antiguo régimen no debe pensarse en términos automáticos ni fácilmente discernibles. Estaba pasando un reacomodamiento complejo y permanente”, detalló, e hizo hincapié en que en esa asamblea, las expresiones de la Real Audiencia, una suerte de Tribunal Superior de ese momento, eran muy notorias y de mucho peso intelectual para la continuidad de los monárquicos.

“Se trató de una movida política donde se jugaron relaciones de fuerza, contactos entre la élite, simpatías y apoyos populares, y una construcción de poder de mediano plazo de esos militares sobre los sectores populares. Esa serie de factores son la política misma”, explicó Manuel Becerra , Profesor de Historia y Magíster en Historia.

Las facciones de las milicias

Las milicias, cuyo significado es “ciudadanos en armas”, se conformaron entre 1806 y 1807 para defender a la ciudad frente a las Invasiones Inglesas. Luego, continuaron existiendo y se convirtieron en un factor de poder muy importante para entender cómo se empezó a organizar el nuevo orden político que estaba naciendo en ese contexto, y para comprender la lucha entre las diferentes facciones que se fue conformando al calor de la revolución.

“Las diferentes posturas se empezaron a ver a medida que la revolución fue avanzando, no eran tan nítidas ese 25 de mayo de 1810. Por ejemplo, se evidenciaron cuando la Junta decidió enviar circulares para que el resto de las ciudades del Virreinato envíen a sus representantes. Ahí surgieron las diferencias más claras entre los sectores morenistas, quienes querían convocar a un congreso constituyente que eventualmente podría llevar a declarar una independencia, y los saavedristas, más moderados, quienes querían esperar dado que la Junta se había hecho para tutelar la soberanía”, aclaró Perochena.

¿El pueblo en la plaza?

“Los historiadores no tenemos datos certeros de cuánta gente había en la plaza el 25 de mayo, no tenemos evidencia. Pero sí podemos decir que la mayoría de las personas que estaban ahí pertenecían a la elite criolla que había participado del Cabildo Abierto del 22 de mayo y que estaban más involucrados en asuntos políticos. No tenemos al pueblo entendido como “la plebe”, los sectores populares, que empezaron a aparecer en la Plaza de Mayo recién hacia 1811”, concluyó Perochena.

“Que el pueblo haya o no concurrido a la plaza es una discusión que tiene cierto interés cuasi anecdótico, pero no nos olvidemos de que en el antiguo régimen el vínculo entre público y privado era diferente, y que la toma de la plaza va a adquirir un significado recién a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Otros fenómenos o gestos en términos de “lo popular” o “lo masivo”, por pequeños o nimios que fueren, no dejaron de ser importantes. Como por ejemplo, El Motín de las Trenzas en 1811”, agregó Casullo.

La importancia de entender que son hechos humanos

Para Becerra, entender que son hechos políticos pero también humanos, nos permite obtener herramientas para el análisis social del presente. “Si pensamos que son hechos heroicos y de bronce, los ponemos en una situación extraordinaria, irrepetible, en manos de personas que son extraterrestres. En cambio, si los ponemos como procesos políticos, podemos decodificar cuáles son esas relaciones de fuerza para poder entender cómo operan esas variables en otros momentos históricos”, advirtió.

A su vez, Becerra explicó que entender el pasado nos da herramientas para interpretar el presente. “Sirve para darnos cuenta de que son situaciones humanas y que las opciones eran varias y se optó por esa, no porque fuera la mejor, sino porque tal vez fue la que permitió el contexto y las relaciones de fuerza, justamente”, concluyó.

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