Uno de los más exaltados críticos a la gestión de Néstor Kirchner en Colombia, en la frustrada y penosa Operación Emmanuel, es el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá. La indignación se expresa porque el ex presidente, según él, «ha comprometido al Estado argentino en una jugada de vedettismo personal que no corresponde». Inclusive, señalaba ayer desde su provincia, el antojo de Kirchner terminó rozando, quizás enlodando, a su propia mujer y sucesora, Cristina.
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Rodríguez Saá entiende que cualquier argentino, si lo desea, podía instalarse en la selva, pregonar acuerdos o aliarse con personajes como Hugo Chávez, pero «nunca con un avión de la Presidencia ni con el canciller argentino a su lado». Mucho menos, volver de ese lugar ingrato, depositar a los funcionarios argentinos en Córdoba y «seguir viaje a El Calafate en el avión oficial para pasar las fiestas en familia, como si los bienes del Estado le pertenecieran». Porque, de acuerdo con su versión, en la frustrante operación de Kirchner -combinada con el venezolano- apuntaba a darles cobertura internacional a las FARC y, de paso, consagrar una zona liberada autónoma o independiente de Colombia.
Para él, entonces, no sólo se trata de un olvido de Kirchner (no recordar que ya no era mandatario), sino también de una intromisión en otro país (¿qué pensaría el matrimonio si un presidente extranjero se instala en Buenos Aires para resolver un entuerto interno?) y, sobre todo, de una violación expresa de la legislación a la cual el gobierno argentino dice someterse en materia de derechos humanos.
«¿O no es un crimen de lesa humanidad -no denunciado por la Argentina- el tratamiento que las FARC le han aplicado a un niño, apartándolo de su madre (secuestrada, además), modificándole la identidad, sin darle siquiera protección ni cura, sometiéndolo a vejámenes?», se interroga Rodríguez Saá. «¿No corresponde el mismo repudio que se les ha hecho a quienes traficaron con niños durante la dictadura militar argentina? ¿Acaso no manifiestan las FARC el mismo grado de salvajismo, siendo también una dictadura con territorio dominado y propio, burlándose del Tratado de Roma?»
Y explica: lo que vale contra unos, vale contra los otros, no se puede aplicar una legislación con los amigos y otra con los enemigos, se quejaba ayer mientras desplegaba dardos contra el «exhibicionismo de Kirchner, pretendiente de un Premio Nobel de la Paz cuando finalizó con un papelón internacional que no pueden maquillar como el INDEC». Y, claro, poco importaría si el fracaso fuera sólo personal, arrastró a ese lugar de ninguna parte a la propia Argentina, a su sumiso canciller, a los medios oficiales y a su mujer que no supo contenerlo ni retenerlo.
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