Salarios: Moyano le solicita a Bergoglio apoyo para pedir aumento a empresarios
-
Un Milei auténtico dando batalla para defender su modelo
-
Renunció Carlos Frugoni en medio de un escándalo por propiedades no declaradas en EEUU
Hugo Moyano y Jorge
Bergoglio se saludan
ayer luego de la
Semana Social del
Episcopado realizada
en Mar del Plata, en la
que el monseñor
equiparó el aborto con
el parricidio.
Al llegar a Mar del Plata, Moyano pasó primero a saludar a su familia -el chofer de camiones se crió en esa ciudad costera- y después se dirigió a su encuentro con el religioso. «¿Quién es ése que llegó ahí?», preguntó un desconcertado Bergoglio cuando advirtió el revuelo que provocó la aparición del jefe de la CGT. El arzobispo de Buenos Aires, que viajó en asiento simple de ómnibus desde la terminal de Retiro, había llegado media hora antes. Apenas subió unos minutos para asearse a la suite que le tenían reservada en el piso 20 y volvió a bajar. Ni los aviones ni las comodidades de los cuartos de hotel gozan de la simpatía del jesuita, acostumbrado a un ritmo de vida casi monacal y ascético.
Moyano había llegado pasadas las 15 del sábado al Hotel 13 de Julio, donde la Iglesia Católica organizó su conferencia. Allí, el cacique camionero encabezó una auténtica procesión de gremialistas que primero coparon el lobby del hotel y después acompañaron en masa a Moyano hasta su silla. Bergoglio, absorto, miraba la escena casi bíblica desde un costado.
El cardenal conversó unos minutos con el obispo de Mar del Plata, Juan Alberto Puiggari, con Jorge Casaretto -organizador y titular de la Pastoral Social- y con Félix Testone, de la Comisión de Justicia y Paz. «Acá estoy cubierto por la derecha. ¿Vos sos cada vez más de derecha?», le preguntó el purpurado en tono de broma al conductor de un programa católico de TV. Luego, huidizo y sin custodia, partió al salón principal a escuchar el discurso de Moyano.
«Cultura ciudadana. Cumpliendo obligaciones. Defendiendo derechos» era el lema del encuentro donde disertó primero Moyano y después Bergoglio. «Nosotros no pusimos techo a la negociación salarial, pero discutimos los salarios que creíamos que los empresarios podían pagar. Muchos dicen: Moyano puso un tope. Pero lo cierto es que la dirigencia gremial recobró el protagonismo y tuvimos que ponernos el mameluco. Por eso hoy discutimos en paritarias», arengó el jefe de la CGT ante un salón copado por gremialistas marplatenses y de la Capital Federal.
Allí estaban Horacio Alvarez, secretario general de trabajadores del PAMI; el prócer de los taxistas, Omar Viviani -a quien Bergoglio le negó el saludo apenas llegó-, Daniel Amoroso (juegos de azar), Luis Pandolfi (tintoreros), Domingo Petrecca (cementerios), y los locales Edgardo Gómez (Obras Sanitarias) y Martín Pacci (SMATA).
El más enérgico y politizado de los discursos fue el de Alvarez, quien le preguntó al auditorio, integrado también por laicos y religiosos de 15 provincias: «¿Se reconoce a un desocupado como ciudadano? ¿Qué es un trabajador en negro sino un desaparecido social? No está, no existe ni para el gobierno ni para el sindicato». El concepto, rozando a desobediencia civil, lo completó Moyano: «Cuando a uno le quitan sus derechos no se ve obligado a cumplir sus obligaciones». El sindicalista desobedeció sin embargo a Bergoglio y volvió a recurrir al pasado para explicar los males de la clase trabajadora. «Cuando se habla de desocupación es porque pasó algo antes y que llevó a eso. Fue cuando se comenzó con las leyes de la flexibilización laboral y con las privatizaciones que vaciaron los derechos y las conquistas de los trabajadores», aseguró. Aunque el auditorio estallaba en aplausos con cada una de las ocurrencias del líder de la CGT, Bergoglio siguió su discurso ensimismado, con las manos entrelazadas e inmóviles.
El rey de los gremios tuvo también tiempo para lanzarle flores a Kirchner: «El pueblo argentino hizo un esfuerzo muy grande a través del gobierno nacional para reducir la deuda con los acreedores privados y con el FMI. Así pudimos liberarnos de sus políticas». Y a continuación lanzó un reclamo que pareció despabilar incluso a Bergoglio: «Ahora falta saldar la deuda interna».
La «inequidad escandalosa», término con el que el jesuita se refirió -en la reunión del CELAM en Aparecida, Brasil- a la injusta distribución del ingreso en la Argentina, motivó más de un contraataque kirchnerista a través de Alberto y Aníbal Fernández, quienes habían recomendado al purpurado «estudiar un poquito antes de hablar». Sin embargo sigue siendo su tema de cabecera para criticar al gobierno, junto con la falta de diálogo y la revisión del pasado, y ahora parece haberse convertido en un puente hacia el sindicalismo capitaneado por Moyano.




Dejá tu comentario