Salarios: Moyano le solicita a Bergoglio apoyo para pedir aumento a empresarios

Política

Mar del Plata, Buenos Aires - Se cumplió en Mar del Plata el escenario tan temido por Néstor Kirchner. Jorge Bergoglio y Hugo Moyano se abrazaron, tomaron mate juntos y coincidieron en sus críticas contra el gobierno nacional por el desempleo y el trabajo en negro.

Primero el jefe de la CGT exhortó al oficialismo a saldar la deuda interna, y después el cardenal se preguntó «cómo generar la cultura del trabajo y del esfuerzo frente la cultura del clientelismo y la dádiva». «Es importantísimo y fundamental el apoyo del Episcopado por todo lo que hacen. Aunque es algo que se discute en paritarias es importante que Bergoglio apoye nuestra política salarial», aseguró el jefe de la CGT ante una consulta de este diario.

  • Esfuerzo conjunto

    La máxima autoridad de la Iglesia Católica argentina y el jefe de los sindicatos unieron en la Semana Social del Episcopado que culminó ayer esfuerzos para reclamarle al gobierno una más justa distribución de la riqueza. «Quiero agradecerle al cardenal Bergoglio que está escuchando la palabra de los trabajadores aunque no fue capaz de convidarme un mate», bromeó el camionero al cierre de su exposición.

    El jesuita se había acomodado sin compañía en una de las últimas filas del salón para escuchar a Moyano. Un hervidero de líderes sindicales y eclesiásticos de diversas facciones rodeaban al religioso. A los pocos minutos se le acercó su operador político en los gremios, el padre Carlos Accaputo, con un termo en la mano para no dejar desprotegido a su compañero de la curia.

    «Me trataste de pijotero con el mate, me lo estaba cebando el padre Carlos. ¿Sabés algo? Desde la lucha sí se construye, desde la simple crítica no», le replicó medio en broma y medio en serio el titular del Episcopado al sindicalista.

    Al llegar a Mar del Plata, Moyano pasó primero a saludar a su familia -el chofer de camiones se crió en esa ciudad costera- y después se dirigió a su encuentro con el religioso. «¿Quién es ése que llegó ahí?», preguntó un desconcertado Bergoglio cuando advirtió el revuelo que provocó la aparición del jefe de la CGT. El arzobispo de Buenos Aires, que viajó en asiento simple de ómnibus desde la terminal de Retiro, había llegado media hora antes. Apenas subió unos minutos para asearse a la suite que le tenían reservada en el piso 20 y volvió a bajar. Ni los aviones ni las comodidades de los cuartos de hotel gozan de la simpatía del jesuita, acostumbrado a un ritmo de vida casi monacal y ascético.

    Moyano había llegado pasadas las 15 del sábado al Hotel 13 de Julio, donde la Iglesia Católica organizó su conferencia. Allí, el cacique camionero encabezó una auténtica procesión de gremialistas que primero coparon el lobby del hotel y después acompañaron en masa a Moyano hasta su silla. Bergoglio, absorto, miraba la escena casi bíblica desde un costado.

  • Ironía

    El cardenal conversó unos minutos con el obispo de Mar del Plata, Juan Alberto Puiggari, con Jorge Casaretto -organizador y titular de la Pastoral Social- y con Félix Testone, de la Comisión de Justicia y Paz. «Acá estoy cubierto por la derecha. ¿Vos sos cada vez más de derecha?», le preguntó el purpurado en tono de broma al conductor de un programa católico de TV. Luego, huidizo y sin custodia, partió al salón principal a escuchar el discurso de Moyano.

    «Cultura ciudadana. Cumpliendo obligaciones. Defendiendo derechos» era el lema del encuentro donde disertó primero Moyano y después Bergoglio. «Nosotros no pusimos techo a la negociación salarial, pero discutimos los salarios que creíamos que los empresarios podían pagar. Muchos dicen: Moyano puso un tope. Pero lo cierto es que la dirigencia gremial recobró el protagonismo y tuvimos que ponernos el mameluco. Por eso hoy discutimos en paritarias», arengó el jefe de la CGT ante un salón copado por gremialistas marplatenses y de la Capital Federal.

    Allí estaban Horacio Alvarez, secretario general de trabajadores del PAMI; el prócer de los taxistas, Omar Viviani -a quien Bergoglio le negó el saludo apenas llegó-, Daniel Amoroso (juegos de azar), Luis Pandolfi (tintoreros), Domingo Petrecca (cementerios), y los locales Edgardo Gómez (Obras Sanitarias) y Martín Pacci (SMATA).

  • Interrogante

    El más enérgico y politizado de los discursos fue el de Alvarez, quien le preguntó al auditorio, integrado también por laicos y religiosos de 15 provincias: «¿Se reconoce a un desocupado como ciudadano? ¿Qué es un trabajador en negro sino un desaparecido social? No está, no existe ni para el gobierno ni para el sindicato». El concepto, rozando a desobediencia civil, lo completó Moyano: «Cuando a uno le quitan sus derechos no se ve obligado a cumplir sus obligaciones». El sindicalista desobedeció sin embargo a Bergoglio y volvió a recurrir al pasado para explicar los males de la clase trabajadora. «Cuando se habla de desocupación es porque pasó algo antes y que llevó a eso. Fue cuando se comenzó con las leyes de la flexibilización laboral y con las privatizaciones que vaciaron los derechos y las conquistas de los trabajadores», aseguró. Aunque el auditorio estallaba en aplausos con cada una de las ocurrencias del líder de la CGT, Bergoglio siguió su discurso ensimismado, con las manos entrelazadas e inmóviles.

    El rey de los gremios tuvo también tiempo para lanzarle flores a Kirchner: «El pueblo argentino hizo un esfuerzo muy grande a través del gobierno nacional para reducir la deuda con los acreedores privados y con el FMI. Así pudimos liberarnos de sus políticas». Y a continuación lanzó un reclamo que pareció despabilar incluso a Bergoglio: «Ahora falta saldar la deuda interna».

    La «inequidad escandalosa», término con el que el jesuita se refirió -en la reunión del CELAM en Aparecida, Brasil- a la injusta distribución del ingreso en la Argentina, motivó más de un contraataque kirchnerista a través de Alberto y Aníbal Fernández, quienes habían recomendado al purpurado «estudiar un poquito antes de hablar». Sin embargo sigue siendo su tema de cabecera para criticar al gobierno, junto con la falta de diálogo y la revisión del pasado, y ahora parece haberse convertido en un puente hacia el sindicalismo capitaneado por Moyano.
  • Dejá tu comentario