Aníbal Ibarra peleará esta semana por convertirse en el heredero de Carlos Chacho Alvarez y sentarse al frente de un triunvirato que comande el Frepaso. Para disgusto del jefe porteño, simultáneamente hace malabarismos para mantener la Alianza en la Capital, de la que se retiró el socialismo durante el fin de semana, que sólo volvería a su lado «con una renovación del Frepaso». Para contraponer esa pérdida, que no es abultada en número, pero significativa para Ibarra que quiere de candidato a diputado nacional a Norberto La Porta, el ibarrismo llevó al Frente Grande un paquete de 8.000 fichas de recientes afiliados que quieren hacer valer como producto de la gestión porteña y como incubadora del proyecto «Ibarra Presidente», que se desempolva con mayor energía en estos días por la retirada de Alvarez.
Agonía
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Esas pretensiones de Ibarra y sus acólitos tendrán una muestra cuando el jueves los caciques frepasistas retomen la reunión que mantuvieron el viernes pasado, en la cual no llegaron a una solución formal sobre quiénes serán los sucesores de Alvarez, con la sensación de fondo de que el Frente Grande, más que desperdigado, agoniza inevitablemente. Antes de llegar a esa tertulia, Ibarra quiere reunirse con sus principales referentes: la subsecretaria de Comunicación, Verónica Torras, el secretario de Gobierno, Raúl Fernández, el de Desarrollo Económico, Eduardo Hecker, y el legislador porteño, Ariel Schifrin, a quienes citó para mañana en su despacho. Ellos alientan que Ibarra « sea el conductor del Frepaso con Juan Pablo Cafiero y Darío Alessandro». Lo ven como cabeza de un triunvirato que obligadamente tiene que contener al único ministro frentista y al titular del bloque de la Cámara de Diputados, pero piensan que él tiene que tomar las riendas.
«Que se forme un cuerpo colegiado depende de Ibarra, que viene gobernando la Capital sin Chacho desde hace rato», asegura Schifrin, quien, además, considera que el Frepaso tiene que marcar más sus diferencias.
En ese mismo sentido, Fernández también alentaría la constitución de un triunvirato, pero que presida Ibarra, para lo que el jefe porteño contaría con votos de intendentes del interior, que ya lo tienen al mando en el foro de mandatarios comunales (una veintena de frentistas) que comanda junto con el socialista Hermes Binner.
Para semejante aspiración Ibarra debe sortear a una tropa chachista que aún no digiere el alejamiento del comandante Alvarez y se resiste a aceptar nuevos conductores.
Por otra parte, Ibarra estuvo pendiente el fin de semana del congreso del Socialismo Democrático, socio menor del Frente Grande, en donde ese partido resolvió su separación de la Alianza y del Frepaso.
Recriminación
«¿Qué hago yo con La Porta en mi gestión si ustedes se van?», recriminó Ibarra a Raúl Puy el sábado mismo por teléfono en un alto del congreso que ese legislador porteño estaba presidiendo. El jefe de gobierno postula a La Porta, actualmente secretario de Medio Ambiente de la Capital, como diputado nacional en listas de la Alianza, pero marcó en la conversación que ahora el funcionario pasaría a integrar una boleta que confronte con la coalición.
Sin renovación
« Mirá Aníbal, ése es un problema que decidirá nuestra conducción en la semana, pero nosotros ya aguantamos cinco meses y no vemos que haya una renovación de la Alianza en la ciudad», le contestó Puy en alusión a la obediencia partidaria que les hace apoyar a Alfredo Bravo en la lista disidente del movimiento que ha generado. «No podemos gobernar sin los radicales, si eso es lo que están pidiendo», replicó Ibarra.
« Vos tenés que liderar un nuevo movimiento; eso es lo que decimos», cortó Puy con la promesa de que no haría oposición porque sí en la Legislatura porteña en la que pasará a conformar el bloque número 17 junto a Fernando Finvbard.
En la semana, el PSD resolverá si La Porta debe renunciar a su cargo porteño, o bien será el funcionario quien determine dónde se queda.
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