La Argentina continuará importando electricidad desde Brasil, al menos hasta fines de 2009. Así lo definieron ayer en Brasilia Cristina Fernández y Luiz Inácio Lula da Silva, durante la visita de la senadora por la capital del país vecino, en la penúltima etapa de la gira proselitista oficial de la candidata por el exterior. El tema energético fue el principal capítulo hablado durante el almuerzo que el anfitrión brasileño le brindó a la primera dama, más allá de las cuestiones generales sobre «la relación estratégica» entre los dos Estados y la necesidad de «profundizar el Mercosur».
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Dentro de las declaraciones públicas, Cristina Fernández le prometió ayer a Luiz Inácio Lula da Silva que, si es elegida sucesora de su marido, Néstor Kirchner, Brasil será el primer país que visitará luego de las elecciones del 28 de octubre. Si se tiene en cuenta que la primera dama viajaría a Santiago de Chile entre el 8 y el 9 de noviembre, el vuelo a Brasilia sería a horas de terminado el recuento de votos. Hay un antecedente. Luiz Inácio Lula da Silva viajó a Buenos Aires 24 horas después de haber sido elegido presidente.
La candidata y el brasileño defendieron, además, la integración regional Bolivia y Venezuela como actores claves, fundamentalmente como agentes proveedores de energía.
Fernández utilizó el avión oficial, junto al ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana; y de Economía, Miguel Peirano. El «guía» local que tuvo la primera dama en Brasilia fue el asesor de Lula para Asuntos Internacionales, Marco Aurelio García. Este funcionario la recibió en el aeropuerto, la llevó al Palacio de la Alborada donde se organizó el almuerzo con Lula y luego a Itamaraty, donde Cristina Fernández tuvo que enfrentar a los empresarios locales (ver nota aparte).
El almuerzo comenzó a las 13.30, y sólo fue necesaria una mesa redonda donde se ubicaron Cristina Fernández y Lula, Taiana, Peirano, García, el embajador Juan Pablo Lohlé y el canciller brasileño Celso Amorim. La visitante fue agasajada íntegramente con productos locales. Hubo, así, vino brasileño, abadejo y camarones; un menú que antes había sido consensuado con Buenos Aires y que en general es rechazado por el anfitrión, más amigo de platos a base de carnes y pastas. Hubo, lógicamente, un final con café brasileño fuerte, el único lujo que se dio Lula da Silva.
Luego del almuerzo, el jefe de Estado despidió a la senadora en la puerta de La Alvorada. Antes hubo una serie de fotos donde se sumó la esposa del brasileño. Fueron éstas las elegidas para enviar a Buenos Aires.
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