Muy sonriente, el vicepresidente electo saludó al bloque PJ. En la foto, lo recibe el presidente provisional del Senado, José Luis Gioja.
Daniel Scioli prometió ayer hacer campaña por los senadores peronistas que compitan por las gobernaciones de sus respectivas provincias, antes de fin de año. «Cuenten conmigo, aunque no puedo comprometer la palabra de todo el gobierno porque no lo hablamos con Néstor Kirchner», se limitó a responder el vice electo, en su debut con el bloque PJ de la Cámara Alta.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La inquietud sobre el apoyo del futuro gabinete nacional a los candidatos partidarios en el interior del país surgió del senador menos pensado: Luis Barrionuevo, quien viene de jugar por Carlos Menem en las presidenciales (si bien anteanoche hizo un viraje hacia tierras conocidas y participó de la cena de egresado que ofreció Eduardo Duhalde a sus legisladores).
La confirmación de Scioli estimuló a los aspirantes a mudar la banca por cargos ejecutivos, entre ellos, el catamarqueño (que, por resolución judicial, está excluido de presentarse y tendrá que hacerlo por delegación), Jorge Milton Capitanich (Chaco), Marcelo Guinle (Chubut), Ramón Puerta (Misiones), José Luis Gioja (San Juan), Jorge Pardal (Mendoza) y Jorge Busti (Entre Ríos).
El gastronómico casi termina coprotagonizando la jornada senatorial, un escalón por debajo de Scioli. En ausencia de la visita, Barrionuevo se permitió una humorada. Cuando sus colegas estaban a punto de debatir quiénes formarán parte el domingo del comité de recepción a Kirchner en la escalinata del Congreso, se atrevió a ofrecerse como si su fuerte hubiese sido el aval al patagónico o, en todo caso, la diplomacia y el ceremonial.
•Silencio y sonrisas
«Si quieren, yo puedo formar parte de la comisión de bienvenida a Kirchner», levantó la mano el sindicalista. Hubo un silencio sepulcral, aunque -por lo bajo-se escucharon algunas risitas. Para evitar disgustos o sorpresas, Miguel Angel Pichetto quedó a cargo de decidir quiénes encabezarán finalmente el besamanos del domingo con el presidente electo. Scioli saludó de a uno a los legisladores y, además de confortarlos con futura ayuda proselitista, recordó que «nunca ataqué la política, a pesar de que vengo de otro ámbito». Con cautela, se animó a confesar que «me gustaría contar con gente de confianza en lugares específicos». Nadie se atrevió a preguntar de qué hablaba.
Los presentes supusieron que podía estar refiriéndose a las secretarias administrativa («la caja») y parlamentaria, donde se controlan las sesiones y el trámite de las leyes. No están equivocados. La intención del vicepresidente entrante es quedarse con las oficinas que ocupan Jorge Amarfil -designado por Juan Carlos Maqueda, hoy juez de la Corte-y Juan Carlos Oyarzún, cuya permanencia en la parlamentaria parecía ya terminada por su cercanía con el menemismo, rama Eduardo.
Scioli intentó convencer al auditorio con su proyecto de llevar el Senado al interior y tratar de vincularlo con los sectores productivos. «Quiero darle ejecutividad a mi función», repitió. A pesar de la ausencia de Cristina Fernández de Kirchner, anotó las frases del vice el santacruceño Nicolás Fernández, infaltable en las deliberaciones domésticas.
Al salir de la cumbre con los peronistas, el secretario de Turismo y Deportes hizo una excursión secreta hasta el despacho de Eduardo Menem, uno de los más avezados en materia reglamentaria y política del Senado (dominó durante una década la presidencia provisional). Dialogaron a solas durante 20 minutos.
El riojano se preocupó, antes de que llegara el compañero de fórmula de Kirchner a la bancada, de pedirle al jefe del bloque, Pichetto, que pidiera instrucciones al gobierno entrante. «No sea cosa que votemos un proyecto que después nos vete el Presidente», sugirió Eduardo Menem sin escatimar cierta dosis de ironía.
Dejá tu comentario