Hace un año, se produjo el triunfo de Carlos Menem en las elecciones presidenciales. Es increíble que pasara tan poco tiempo antes de que el ex presidente se viera aproximado a Eduardo Duhalde, su verdugo de entonces. Es decir, el hombre que por una ingeniería electoral metódicamente desarrollada consiguió evitar la interna y someter al riojano al jaque mate.
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Pero la política responde a aquel viejo axioma de Getulio Vargas, que le gusta repetir a Carlos Corach: «Nunca te pienses tan enemigo de alguien como para no poder ser su amigo ni tan amigo como para no poder convertirte en su enemigo». Tampoco Corach soñaba que protagonizaría personalmente ese dicho, tan pronto. Porque el viernes pasado, el ex ministro del Interior dialogó durante más de una hora con Duhalde sobre la situación del gobierno y el partido. Quedaron intrigados los acompañantes de Duhalde, ayer, en Asunción, al enterarse de ese encuentro.
El beneficiario de estos realineamientos no es solamente Menem, quien no esperaba contar con la abogacía de Chiche Duhalde tan temprano. En lo inmediato, también Daniel Scioli suma masa crítica y conocimientos. El vicepresidente aprovechó la estadía de Corach en Buenos Aires -el ex ministro mantiene su programa de estudios en Oxford-para reunirse con él sistemáticamente en su quincho del Abasto. Esta incorporación al elenco de Scioli sigue la línea adoptada por el vicepresidente, quien mantiene un gabinete en las sombras con protagonistas de las anteriores gestiones peronistas que hoy son soslayados por el actual gobierno. Allí figuran asesores internacionales como Ricardo Lagorio ( eficiente diplomático que secundó a Diego Guelar y a Eduardo Amadeo en Washington, y que ahora mantiene activo el vínculo entre Scioli y el gobierno de los Estados Unidos) y también operadores políticos que formaron en su momento la escuadra del Ministerio del Interior. Por no hablar de los encargados de mantener la relación entre el vicepresidente y el mundo empresarial.
Es sólo un chiste la frase «hay que rodear a Daniel» que, parafraseando a HipólitoYrigoyen (la dijo refiriéndose a Marcelo T. de Alvear) se le atribuye a Duhalde. Pero tanta capacitación de Scioli inquieta a la Casa Rosada, donde Néstor Kirchner y Alberto Fernández comentan día a día estos realineamientos del PJ. Ocurrentes y chistosos, allí dicen alimentar el «proyecto Guinle». Se refieren a Marcelo Guinle, el presidente provisional del Senado, legislador chubutense leal al Presidente que ocupa el escalón inmediato inferior a Scioli en la línea sucesoria. Bromas y leyendas de alto riesgo -como las referidas a las cuentas del Senado, que circulan al lado de Kirchner-, como si el poder institucional hubiera adquirido la forma de una peligrosa escalera de soga, en la que las caídas se producen por los movimientos que provocan los que quieren ascender. C.P.
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