Se fuerza ahora sanción "unicameral" de reforma

Política

No se escuchó hasta ahora que ningún partido opositor planteara un rechazo rotundo a la reforma al régimen previsional que el gobierno enviará en breve al Congreso. Ninguno se opone a abrir el pase del sistema de capitalización al de reparto. Lo consideran una «reivindicación histórica». Bajo esa realidad no debería temer Kirchner por el futuro de esa iniciativa en el Parlamento. Pero igual habrá fuertes cuestionamientos en Diputados al proyecto. Preocupa que no se analice el financiamiento del sistema cuando hoy la ANSeS tiene superávit a fuerza de ser alimentado no sólo por los aportes previsionales, sino también por un enjambre de impuestos nacionales que fueron derivados hacia allí por Domingo Cavallo. Se recargará ahora el gasto, más allá de lo que se hizo con la moratoria que permitió en 2006 otorgar jubilaciones sin aportes. Para salvar esos peligros, el gobierno apelará a ingresar el proyecto por el Senado. La mayoría que tiene allí hace que el Congreso actúe virtualmente como «unicameral». Si los senadores lo aprueban con dos tercios de los votos, Diputados debería reunir un número similar para modificar cualquier artículo. Algo hoy imposible de conseguir allí, aun para el oficialismo.

El gobierno decidió ingresar por el Senado el proyecto de reforma previsional que el Congreso debatirá desde la semana próxima. La elección de esa Cámara como iniciadora no es caprichosa: se garantiza así que cualquier complicación en Diputados quede anulada por el peso de los votos que tiene en la Cámara alta.

Se sabe que todos los partidos de la oposición apoyan la decisión de habilitar el pase de aportantes al sistema de capitalización al de reparto. En ese punto no hay discusiones. Incluso existen coincidencias en que las condiciones del sistema cambiaron desde la creación del régimen de AFJP. Desde ese momento hasta ahora, hubo caídas tanto en el ahorro de los aportantes después de la devaluación y el default como en la contribución mensual a ese ahorro, que en 2001 Domingo Cavallo redujo del inicial 11% a 5% en una acción desesperada por activar el consumo. Ese aporte pasó luego a 7%, nivel en el que continuará hasta el 31 de diciembre de 2007, de acuerdo con el decreto que Néstor Kirchner firmó hace semanas.

  • Justificativo

    Esas modificaciones impactarán en el resultado final de las jubilaciones y son tomadas ahora como un justificativo válido para permitir a los futuros jubilados el pase al sistema estatal.

    Pero, salvo por ese punto, la oposición está dispuesta a debatir casi la totalidad del resto del proyecto de ley. La mayor preocupación gira en torno al financiamiento del sistema de reparto si éste toma una mayor cantidad de aportantes por los pases, junto con el impacto que tendrán los nuevos jubilados que ingresaron al sistema sin haber aportado previamente, gracias a la moratoria declarada por Sergio Massa en la ANSeS. En 2007 ese organismo recibirá por contribuciones a la seguridad social $ 24.377 millones, mientras que los aportes de los impuestos que fueron derivados a financiar el déficit previsional en épocas de Domingo Cavallo -y que ahora crecen al mismo ritmo que las recaudaciones récord que viene demostrando la AFIP- llegan a $ 16.157 millones. Sin esos ingresos tributarios, la ANSeS no podría hoy pagar las jubilaciones ni, mucho menos, enfrentar las presiones de actualizar los haberes, como la orden que emitió la Corte Suprema el año pasado.

    Las reuniones en los bloques para analizar cada tema comenzaron ya esta semana. Ayer, el Frente para la Victoria de Diputados tuvo su primera reunión de mesa de conducción del año que, aunque informal, analizó el panorama para las sesiones extraordinarias y, en especial, el tratamiento de la reforma previsional.

    Agustín Rossi y la conducción del oficialismo en Diputados ya saben que el gobierno presentará ese proyecto por el Senado, aunque fueron notificados nuevamente ayer que al gobierno aún le quedan algunas aristas para pulir en esa iniciativa.

  • Discusión

    Pero si bien el oficialismo tiene todos los votos para aprobar la iniciativa -incluso en la votación en general contará con el apoyo de la oposición-, esperan una larga discusión en el recinto.

    El radicalismo, el ARI, el lavagnismo y Claudio Lozano tienen distintos puntos que discutir. Lozano ya adelantó que planteará una reforma integral del sistema jubilatorio. La lavagnista Marina Cassese está de acuerdo con la libre opción, pero planteará que el Estado «no avasalle los derechos adquiridos y que en el futuro se garantice que no podrá usar los fondos de los jubilados, del sistema de reparto o privado, para cubrir baches fiscales».

    Frente a ese panorama, el gobierno optó entonces por el ambiente más recatado del Senado, aunque algunos oficialistas consideraron que debería enviarse primero a Diputados.

    Técnicamente, el gobierno cuenta con una mayoría tal en el Senado que transforma al Congreso en un virtual «sistema unicameral». Si esa cámara sanciona un proyecto con el voto positivo de los dos tercios de sus miembros -algo que sucede muy frecuentemente-, es imposible que en la Cámara de Diputados el proyecto sea modificado. Para hacerlo, los diputados deberían reunir un número similar y eso sólo es posible mediante un acuerdo entre el oficialismo y la oposición, algo más que improbable.

    Por lo tanto, tomando como ejemplo la reforma previsional, el proyecto se convertirá en ley tal como sea votado en el Senado. El debate en Diputados será una fuerte exposición de la oposición, pero con tanto efecto como fuegos artificiales.
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