La endiablada negociación que llevaron adelante hasta el mediodía de ayer las dos facciones del sindicalismo ortodoxo (negociadores o "gordos" contra disidentes de Hugo Moyano) fue saldada con un artilugio. El agresivo camionero Moyano quedó al frente de la CGT unificada. Pero acotado por dos escoltas impuestos por los dialoguistas: Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) completan el triunvirato. Sin embargo, Moyano sacó ventaja a último momento gracias a la superioridad numérica que hubiera tenido en un congreso: sus adláteres obtuvieron mandato por un año, pero él quedará al frente, solo, por tres años más. Con el protagonismo de Moyano, los sindicalistas sueñan recuperar espacio frente a los piqueteros, a quienes recelan por la capacidad para movilizarse en la calle y para obtener recursos presupuestarios. Claro, esa competencia puede ser riesgosa para el gobierno, contra quien todos irán con demandas. A pesar de que Moyano haya sido hasta hoy el gremialista a quien Néstor Kirchner más cultivó desde que llegó al poder, podría jugarle en contra. Los piqueteros acusaron a los sindicalistas de "estar rosqueando".
Hugo Moyano, aunque acompañado, logró ayer acceder a la Secretaría General de la CGT unificada.
Ayer por la mañana, las relaciones entre «gordos» y «disidentes» estaban rotas y la unidad de la CGT se había prácticamente evaporado como posibilidad. Hugo Moyano se preparaba a intentar una conducción propia, asociado a Juan José Zanola como segundo. Los apadrinaba Luis Barrionuevo y enviaron un mensaje hacia los gremios fuertes que se agruparon junto a Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo: «Tenemos 900 congresales y nos quedaremos con la central», amenazó el moyanismo. Cavalieri y West supieron del pase de dos gremios (Construcción y UPCN) al rival. Pedían conducción de cuatro, uno de ellos Moyano. Se acordó un triunvirato. Dos de los « gordos» entraban: a secretaria adjunta Susana Rueda y a secretario administrativo, José Luis Lingeri por un año. Moyano seguirá solo por tres años más. El método resulta extraño. Sobre todo porque en la primera reunión reducida que mantuvo Moyano ayer, en Obras Sanitarias, se ufanó: «Eso del triunvirato es para la gilada. Acá mando yo, ¿está claro?».
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El sentido de ponerle escolta por un año fue evitar que hoy, cuando asuma la conducción de la CGT a las 9 en Azopardo 802, haga un discurso contra quienes condujeron los gremios durante la década del '90 (de hecho Lingeri manejó la ANSSAL durante buena parte del gobierno de Carlos Menem). Por un año, entonces, Moyano deberá convivir con la otra vertiente del sindicalismo. «Lo dejamos pegado por ese tiempo», dijo un jerarca pragmático, como si se asumiera como ente contaminante.
Aceptada esa condición, todos fueron hacia Obras Sanitarias: el nuevo estilo se notaba de lejos. A cinco cuadras del estadio ya estaba todo copado por camioneros, más algún taxista aquí o allá, de los de Omar Viviani. En el interior del recinto, esa presencia ya era monopólica. Una señal para los dos restantes del triunvirato: él cree que llegó solo y ayer lo dio a entender. Cavalieri asistía serio ayer, durante el congreso celebrado en Obras Sanitarias. La rivalidad entre ambos, Cavalieri y Moyano, no puede ser mayor. El dirigente camionero insultó varias veces en público al mercantil y su última agresión fue arrebatarle, con apoyo del gobierno, los afiliados de logística de Carrefour.
También West Ocampo perdió una partida importante. Más rencoroso que Cavalieri, aguantó apenas unos minutos en el miniestadio de Obras: miró, vio gente extraña y se fue. Ese día se estrenaba Susana Rueda como cosecretaria general de la CGT en nombre de su gremio, Sanidad. ¿Es el comienzo del fin de los «gordos»? Cualquier apuesta es inconsistente. Lo que es seguro es que las negociaciones de los últimos días les hicieron perder aliados a Cavalieri y a West. Uno, Andrés Rodríguez, el «Centauro» (Unión Personal Civil de la Nación), cuyo nombre utilizaron sin después asignarle más que una secretaría (Relaciones Institucionales). Rodríguez, al igual que Gerardo Martínez (ahora secretario gremial), fueron piezas clave en la reunificación que se selló ayer. Casi una guerra generacional contra los antiguos «gordos». También con Vicente Mastrocola (Plásticos) quedaron afectados Cavalieri y West. Al armarse el triunvirato, pedían como condición «sine qua non» que hubiera dos gremios industriales al lado de Moyano. Finalmente ubicaron a una dirigente de Sanidad (Rueda) y a otro de Obras Sanitarias (Lingeri), es decir, ninguno de los dos industriales. Mastrocola retuvo, sin embargo, la secretaría de Cultura, Ciencia y Técnica.
Del otro lado, Barrionuevo parecía recuperado del descenso de Chacarita Jr. Jugó para el encumbramiento de Moyano y por eso festejaba. Hasta su esposa, Graciela Camaño, llegó al estadiode Obras para regodearse.Junto al gastronómico ayer reapareció uno de sus aliados históricos (el bancario Juan José Zanola, secretario de Acción Social). Los seguidores de Moyano en el MTA también consiguieron posiciones expectables: Juan Manuel Palacios estará en Prensa y Julio Piumatto, en Derechos Humanos.
Dejá tu comentario