12 de octubre 2004 - 00:00

Seguridad: Duhalde hizo "lo peor" en ranking de Kirchner

La protesta social se sofocó, lentamente, a medida que cayó en la melosa red del gobierno la mayor parte de los «piqueteros». También cuando los sindicalistas ortodoxos fueron invitados al banquete oficial. La incógnita por el destino de la economía no inquieta a nadie, en parte porque el crecimiento rozará 8% este año (el renunciante Alfonso Prat-Gay fue más certero y optimista que Roberto Lavagna) y también porque la opinión doméstica da por asegurada la reestructuración de la deuda hasta que se demuestre lo contrario. De suceder, eso ocurrirá en enero.

En consecuencia, el único problema que puede desvelar las noches de Néstor Kirchner es el de la inseguridad. Por eso las declaraciones de Eduardo Duhalde diciendo, casi citando a Carlos Menem, que las Fuerzas Armadas deberían intervenir en la lucha contra el delito, enfadaron tanto al Presidente. El caudillo de Lomas de Zamora dijo lo que el sistema oficial no tolera, en una materia frente a la cual la Casa Rosada resulta hipersensible: «Yo esto lo haría distinto». En un momento en que el oficialismo no encuentra la salida del laberinto frente a la sucesión de secuestros sin solución, cualquier sugerencia alternativa es interpretada por los funcionarios de manera agresiva. Sobre todo si, como la de Duhalde, tiende a excitar a la opinión pública de centro o de derecha, menos escrupulosa ante la posibilidad de que los soldados intervengan fronteras adentro.

La irritación que esa manifestación provocó en Kirchner obligó a José Pampuro a comunicarse con su antiguo jefe bonaerense, a pedido del mandatario. Duhalde dio explicaciones de ocasión. Comentó, por ejemplo, que la idea de hacer intervenir a los militares en cuestiones de seguridad interna deriva de sus conversaciones de funcionario internacional: «Hablé del tema en Colombia y también con Lula». Pampuro contestó lo que expuso ya muchas veces cuando se le sugiere esa receta: «Los brasileños no tienen las fuerzas de seguridad que tenemos nosotros. Y cuando se habla con ellos de este tema confiesan que están planificando la creación de una gendarmería y una prefectura, además de una policía federal». Duhalde escuchó como un señor de su casa, manifestando el interés de un aprendiz.

Claro, las discusiones del ministro de Defensa con el ex Presidente son rasgos secundarios de un problema mayor: Duhalde adoptó una tesis en la que repica, de un modo u otro, la postura de León Arslanian. Aunque imaginen terapias distintas frente al mal que diagnostican, ambos coinciden en que el problema principal para combatir el delito y evitar los secuestros es la Policía.

Que el ex presidente y el ministro de Seguridad de Felipe Solá coincidan no debe llamar la atención. Los dos están unidos por complicidades lejanas y grises, como sabe cualquier persona medianamente informada sobre los entretelones del «caso Cabezas» (si el ministro descubrió, como dijo, que hay «otro Blumberg», allí podría emerger «otro Arslanian»). Lo que enfadó a Kirchner y su equipo es la reiterada conducta de Duhalde de señalar remedios para males que él como nadie contribuyó a expandir. El admirador de la «mejor policía del mundo» viene ahora a recomendar su sustitución por otras fuerzas, igual que aconsejaba reprimir a los piqueteros a los que él había engordado con planes Jefas y Jefes de Hogar.

• Planteo

Es cierto que tampoco Kirchner, Felipe Solá o el funcionario al que ellos encomendaron la mejora de esa situación, Arslanian, consiguieron que la «bendita policía» mejore la performance de la «maldita».

Visto desde el ángulo de la política, el planteo de Duhalde es especialmente delicado. No sólo él propone un nuevo modelo para manejar la crisis de inseguridad; también José Manuel de la Sota anunció que importará el sistema de «tolerancia cero» que implantó Rudolph Giuliani en Nueva York y que ya copió Andrés López Obrador en la ciudad americana con mayor índice de secuestros: México. Dicho de otro modo, en el vértice del peronismo se abrió una doble fisura sobre la manera de encarar el problema que más altera a la población y el que amenaza electoralmente de forma directa al partido para el año que viene.

Hay una razón adicional por la que a Kirchner le resultó tan inadecuada la intervención de Duhalde: su gabinete está tratando de pasar inadvertido en esta ola de secuestros. Total, Blumberg se ensañó con Arslanian y no ronda por la Rosada ni pregunta por cómo administra sus fondos reservados la SIDE. Tanto, que Aníbal Fernández, quien venía a resolver la crisis con sus patrullajes de fin de semana, ya no habla por radio como otrora. Apenas si se dispone a una nueva saga tecnológica, consistente en contratar otra vez un sistema para la emisión de documentos ( desafiando el sino de todos los ministros del Interior) y una base de datos para mejorar la identificación de delincuentes. Para estas operaciones ya se realizan experimentos en empresas como NEC (lo ayuda el hecho de que uno de sus directivos era su compañero de escuela), al mismo tiempo que lobbystas sensibles a los intereses de Estados Unidos recomiendan «tener en cuenta a Motorola». Exquisiteces de la nueva política.

• Caso neurológico

Mientras tanto, la memoria de Duhalde sigue siendo un caso casi neurológico de selectividad. Olvidó su contaminación con el problema policial y, sin embargo, recordó minuciosamente los informes que otrora le proveía Miguel Angel Toma sobre el ingreso de dirigentes de las FARC a la Argentina. En rigor, el Estado registra estos movimientos desde tiempos de Carlos Menem, cuando esos «turistas» participaban en actos organizados por Hebe de Bonafini (hoy la jefa de las Madres podría informar al gobierno, que manifiesta preocupación por estas amistades). También mientras Duhalde vivía en Olivos se monitoreaban las idas y vueltas de los colombianos y hasta se resolvió no apresar a uno de ellos a pesar de tener pedido de captura. Convenía más, se determinó en aquel entonces, aprovechar los seguimientos para acumular información. Ahora todo sigue igual, si se tienen en cuenta las manifestaciones de Pampuro. El ministro sólo se limitó a aclarar que esos guerrilleros no ejercen actividades militares dentro del país. Por lo visto, prefieren sus bondades turísticas y la oferta de sus precios en dólares para convertirlo en un santuario.

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