La Corte Suprema está abocada a preparar su primer “acuerdo remoto”, un hito forzado por el aislamiento obligatorio, pero que será una prueba de fuego para lograr recuperar algo del ritmo previo a la cuarentena. Allí los cinco ministros del máximo tribunal abordarán los temas de agenda y fallos que hayan quedado pendientes luego de más de dos semanas de aprontes para encauzar la feria judicial extraordinaria.
Corte: sin apuro, macera estrategia para afrontar el pedido de la vicepresidenta
Se prepara un "acuerdo remoto", pero con temas de agenda. Sin ansiedad por tratar planteo de Cristina de Kirchner que tenía una singular omisión. Tribunales coincide en "hecho político" por sobre solidez jurídica del escrito.
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La Corte analizará el pedido de Cristina Fernández de Kirchner.
No se confirmó que hoy pueda celebrarse, y su postergación podría ser un escenario factible para cuando estén dadas las condiciones. La presentación de Cristina de Kirchner para obtener una acción declarativa de certeza respecto a una sesión virtual en el Senado -a contramano de la ansiedad que genera- es un asunto que nadie vislumbra como prioritario en las definiciones. Eso no quita que el tópico pueda colarse en las charlas informales, algo que adelantó Ámbito Financiero. Todos la leyeron a título informativo. Formalmente, el escrito de la vicepresidenta ingresó al circuito de la Corte a las 11 de la mañana de ayer, por vía electrónica.
Esa demora involuntaria por problemas técnicos entre su presentación pública a través del Senado y su real remisión a la mesa de entradas de la Corte quizás haya sido una bendición: el escrito difundido originalmente no contenía en su petitorio una solicitud de habilitación de feria judicial. Extraordinaria, por motivos sanitarios, y en medio de una situación inédita, lo cierto es que el Poder Judicial dictó una feria judicial y el rito impone que cualquier asunto que no sea previamente definido requerirá, al menos, que se pida levantar el receso para su tratamiento. Está en el “abc” de las fórmulas de rigor. Carlos Rosenkrantz es quien fue designado por sus pares para actuar durante la feria extraordinaria. En teoría es su decisión la admisibilidad de cualquier planteo que amerite ser abordado durante este período excepcional. Difícilmente caiga en la trampa de tomar una decisión a solas. Estas cuestiones atañen al pleno del cuerpo que requiere más de consensos que de formalismos para ser convocados.
En una segunda lectura, nadie le asigna a la presentación una densidad técnica que permita analizarlo desde el cariz jurídico, con muy poco espacio para la argumentación. Sobre todo para abordar por qué la Corte sería competencia originaria para entender en una situación que no configura “caso”, en los términos de una acción declarativa. Pero hay coincidencia unívoca con que el objetivo, como detalló este diario, está en construir un hecho político que haga mover las piezas a la Corte. Entre el rechazo de plano y la convalidación absoluta al requerimiento hay una avenida de posibilidades que el máximo Tribunal puede explorar sin necesidad de morder la banquina de los extremos. Mira con atención el fuero contencioso administrativo federal, tribunales que podrían tener que atajar la controversia ya que se suscita en el reglamento de una de las Cámaras del Congreso y sobre el fondo de una nueva ley con fines tributarios. Tampoco se pasa por alto que a la olla de la mezcla se deben mirar de reojo los sondeos previos de opinión pública que señalan una mayoría de respaldo para un impuesto extraordinario a las grandes fortunas.
En el cuarto piso del Palacio comenzaron a observar el escenario con una semisonrisa: leen que Cristina pasó de asignarles la responsabilidad por acción u omisión del denominado “Lawfare” contra el kirchnerismo a pedirle opinión en un caso de alta sensibilidad sobre cómo debe sesionar el Senado en medio de una pandemia. Esta lectura no debe prescindir que según sea la respuesta institucional de la Corte, la vicepresidenta ratificará el primer criterio, o en caso de cosechar un aval a su movida (o algo parecido), podrá capitalizarlo bajo su iniciativa política.
En esas márgenes navega la Corte, que le baja espectacularidad a su intervención. Quienes conocen el funcionamiento interno del tribunal en esta época aseguran que si hay algo más que le irrite a la Corte que le impongan agenda, es que además la apuren con los tiempos. En un escenario inexplorado, los pronósticos están abiertos.




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