24 de septiembre 2003 - 00:00

Senadores enojados con receso forzado por el viaje presidencial

El Senado quedó ayer virtualmente paralizado, salvo excepciones como el trámite de promoción de Eugenio Zaffaroni, a raíz de que Néstor Kirchner llevó a su propia mujer, Cristina Fernández de Kirchner; y al jefe de bloque PJ, Miguel Angel Pichetto, a Nueva York.

Muchos senadores, algunos peronistas disidentes y opositores -radicales y provinciales-, mascullan en reserva la bronca que les produce que, en la práctica, la primera dama y legisladora por Santa Cruz se haya convertido en administradora del cuerpo, a pesar de que la presidencia provisional -que secunda a Daniel Scioli en la jerarquía de esta ala del Congreso- recién se renovará en diciembre. Teniendo en cuenta cuál es el cuadro vigente, ¿se atreverá el gobierno a blanquear la relación de fuerzas y permitir que Cristina de Kirchner se ubique en la línea sucesoria presidencial, detrás del vicepresidente?

El cargo, que dejará el sanjuanino José Luis Gioja -aliado de Eduardo Duhalde y ahora incondicional del patagónico- para convertirse (casi seguro) en gobernador de su provincia, todavía carece de postulante firme. Pero resulta atrevido pensar que el kirchnerismo proceda a entronizar a la sena-dora, aun cuando -de hecho-ya ejerza un papel de primus inter pares y pueda dar instrucciones al mismísimo Pichetto y a Scioli en el hemiciclo.

Tal cual señaló este diario, la señora controla de hecho el funcionamiento del Senado desde que su esposo asumió en el Ejecutivo. El manejo, que se hizo evidente durante la anulación de la Obediencia Debida y el Punto Final, llegó al extremo de provocar la suspensión de sesiones como la de la víspera, cuando ella no puede estar presente en el recinto y no hay temas urgentes a criterio del oficialismo.

Hoy podrían haber sancionado la modificación al régimen de Ganancias y la ratificación del Tratado de Roma que sostiene la Corte Internacional Penal, de la cual forma parte Luis Moreno Ocampo. Antes de embarcar a los Estados Unidos en el Tango, Pichetto levantó la reunión de bancada y se hizo lo propio con el plenario habitual de los miércoles que debía presidir Gioja en ausencia de Scioli, a cargo del Ejecutivo. La excusa fue que habría escaso número para alcanzar el quórum, algo que puede subsanarse con cierto esfuerzo y predisposición al trabajo legislativo.

• Acelerador

El contrasentido es que la ausencia de Pichetto y de la Kirchner -así como de otros colegas en campaña- no interfiere en lograr progresos respecto del desembarco de Zaffaroni en el máximo tribunal (ver nota aparte). Y, mañana, la Comisión de Acuerdos deliberará bajo la conducción del entrerriano Jorge Busti. El proceso se apuró la semana pasada y se transformó en sumarísimo, ya que insumirá un mes menos de lo previsto original-mente. Evidentemente, el uso del acelerador es más que selectivo.

La dependencia que gerencia la santacruceña, Asuntos Constitucionales,
todavía debe un debate sobre el supuesto senador trucho que apareció en la primera sesión de juicio político a Eduardo Moliné O'Connor. Misteriosamente, la polémica se evaporó, no obstante que la primera dama había prometido un escándalo de proporciones y hasta denunció presuntas maniobras de la defensa del ministro judicial para entorpecer la embestida.

• Senadora

En Asuntos también permanece en el freezer el pliego de la delegada por la minoría porteña, la peronista María Laura Leguizamón, suplente del ministro de Justicia, Gustavo Béliz, que renunció al Parlamento. Esa banca, convalidada por Tribunales en favor de Leguizamón, estuvo en suspenso hasta que pasaran las elecciones de la Ciudad de Buenos Aires. Los kirchneristas no querían otorgarle un escaño a Leguizamón y perjudicar a la socialista Susana Rinaldi (heredera de Alfredo Bravo en esta querella), aliada -igual que Kirchner- de Aníbal Ibarra.

Curiosamente, esos comicios ya se definieron en favor del actual jefe de Gobierno y, sin embargo, no hubo cambios sobre el statu quo de Leguizamón. Ahora,
el pretexto para dilatar su ingreso es que no quieren entorpecer la negociación de cargos en el gabinete que acompañará al frentista desde diciembre y hasta fines de 2007. Leguizamón, precavida, no renunció aún a la butaca que le corresponde en la Legislatura metropolitana hasta el 10 de diciembre. Con Leguizamón, habría un problema menos a la hora de juntar quórum.

Así como resulta inexplicable que se haya bloqueado la mayor parte de la actividad semanal por ausencia de apenas dos legisladores (la
Kirchner y Pichetto), también lo es que ningún peso pesado senatorial se atreva a despotricar en voz alta. Es probable que haya cierto complejo de culpa -muchos están ocupados en campañas electorales en sus distritos- o temor a que el gobierno tome represalias con los críticos.

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