20 de mayo 2005 - 00:00

Ser duhaldista no es ya lo que era antes

Aníbal Fernández
Aníbal Fernández
Pertenecer tiene sus privilegios. Y sus costos. Ser portadores del ADN duhaldista, por años, benefició a muchos. Pero ahora, producto de la interna que escalda al peronismo, aquella antigua bondad empieza a mutar en tormento y a ser un imán de perjuicios.

Sirven como ejemplo dos casos recientes: el ex intendente de Berisso Néstor Juzwa, un ultraduhaldista que tenía un despacho en el Ministerio del Interior, fue intimado por Aníbal Fernández a vaciar, cuanto antes, su oficina y dejar vacante la Secretaría de Asuntos Políticos.

El metabolismo de Juzwa execra todo aquello que no sea duhaldismo químicamente puro y, en tándem con su esposa, la diputada provincial Elsa Lara, integra el núcleo duro que venera a Eduardo Duhalde y promueve a Chiche como candidata en contra de Cristina Fernández.

Quince días atrás, los Juzwa organizaron en Berisso un mitin de la agrupación Lealtad para sostener la expectativa de la postulación de Chiche. Fue suficiente para que en la Casa Rosada brote un coro a pedir que serruchen el pescuezo del ex intendente.

Antes del acto, Aníbal Fernández -que le había dado un sillón por pedido de Duhalde-llamó a Juzwa y le dijo: «No podés ir al acto; inventate un viaje para no ir». Como el berissense lo desobedeció, unas horas después el quilmeño le notificó que su estadía en la Casa Rosada estaba llegando a su fin.

Luego de escuchar el pedido de renuncia, el ex intendente consultó a Eduardo Duhalde. «Vos no hagas nada, esperá a ver qué pasa», le sugirió el ex presidente. En rigor, cuentan en Gobierno, Fernández hacía tiempo que quería a Juzwa fuera de su ministerio.

• Reiteración

El martes pasado, viendo que Juzwa no acusaba recibo, Fernández repitió el pedido de renuncia. Pero hasta anoche el secretario no había dado una respuesta ni iniciado el embalaje de sus trastos. Juzwa, dicen los duhaldistas, esperará que Duhalde regrese de Rusia antes de tomar una decisión.

Si el resultado es adverso, Juzwa tendrá alguien con quien compartir su desazón.

Anteayer, en La Plata, el ministro de Desarrollo Humano,
Juan Pablo Cafiero, le notificó a Alicia March que sus tareas como funcionaria de esa cartera habían cesado.

March, encargada de coordinar los planes de emergencia alimentaria en el centro de la provincia Buenos Aires, es la esposa del diputado
Isidoro Laso, vicepresidente de la Cámara de Diputados y uno de lo más inquietos operadores del duhaldismo.

• Defensor

Hace tiempo que el felipismo extremo reclamaba el desplazamiento de March, pero Cafiero, sin que eso implique una adhesión política expresa, la defendía con un argumento que irritaba a algunos felipistas: «Yo no voy a hacer política con el trabajo social».

Pero, al final, tuvo que -o quiso- entregarla. «Te sostuve hasta donde pude, pero no daba para más», se disculpó el ministro ante la cesanteada y señaló como autores ideológicos de la remoción a los halcones del gabinete de Felipe Solá.

Desde el gobierno, en tanto, ayer ensayaban una explicación.
«No podemos tener a una funcionaria que usa su cargo para hacer política contra el gobernador», dijeron recordando que la funcionaria expulsada integra la mesa de la agrupación Lealtad en representación de la Séptima Sección electoral.

Lo cierto es que a
Juzwa y a March, la pertenencia duhaldista los crucificó. No son los primeros: casi una decena de funcionarios de primera y segunda línea debieron dejar el gobierno de Solá. Juzwa inició la saga en la Casa Rosada. ¿Habrá más?

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