Nadie quiere dejar sus convicciones en las escalinatas del poder. Pero, por las dudas, el gobierno promoverá al titular de la Oficina Anticorrupción, Daniel Morin, para que ocupe aquel cargo de un tribunal oral de la Capital Federal al que Gustavo Béliz, su antiguo jefe, lo hizo renunciar con la promesa de que le habían adjudicado la más apetecible butaca que dejó vacante en la Cámara Federal la fallecida Luisa Riva Aramayo. Morin se volvió molesto desde que comenzó a repetir, obsesivo, la pregunta que formuló Béliz un minuto después de que lo eyectaran del Ministerio de Justicia: «¿Por qué se incrementó en 100 millones de pesos el presupuesto de la SIDE durante el primer año de gestión?».
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La historia de Morin, la de su inspirador apostólico y la de quienes ahora lo quieren en un tribunal no es demasiado edificante. Pero resulta entretenida. Así como Béliz comenzó a expandir su memoria cuando lo echaron -un fenómeno neurológico que ya se le había verificado en tiempos de Carlos Menem: también en esto los 2000 copian a los '90-, el ex fiscal Morin se habría vuelto inquisidor cuando se frustró su transformación en juez. Le habrían prometido el cargo en la Cámara Federal con una seguridad que hacía presumir que los concursos se manejaban desde el Ministerio y no desde el Consejo de la Magistratura. Pero no fue así. En el lugar que dejó Riva Aramayo fue designado el fiscal Eduardo Freiler, primero en la terna propuesta por los examinadores. Pero Morin ya había renunciado a la otra posición a la que se había postulado, la del tribunal oral. Con una frustración adicional: Béliz, su padrino, fue expulsado del poder.
Aquí comenzaron los cuestionamientos sobre un enigma clásico: en qué gasta el dinero la SIDE. O, formulada la pregunta de manera indirecta, por qué le incrementaron los recursos de modo excepcional. En el gobierno los amigos de Francisco Larcher y de la contadora Sonia Fornacero, a quienes Kirchner les encomendó los recursos de la Secretaría de Inteligencia, aducen que fue necesario aumentar los fondos reservados porque la devaluación hacía imposible afrontar los gastos en dólares y euros de las delegaciones en el exterior. A esa explicación le esperan todavía tres desafíos: ¿por qué aumentó tanto el gasto si esas delegaciones están siendo cerradas en estos días?; ¿por qué la devaluación tuvo efectos presupuestarios dos años después de que se produjo? y ¿por qué para ese aumento de partidas se requirió un decreto secreto, según lo que dijo Béliz cuando recuperó la memoria?
Morin, de todos modos, pregunta por tres decretos y dos resoluciones que cambiaron el destino de los fondos.
Como las reminiscencias de Béliz, también la curiosidad del titular de la Oficina Anticorrupción se fue ampliando con el cambio de circunstancias. Ahora se lo supone interesado en una macroinvestigación: la realización de una auditoría que se extienda desde las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín hasta diciembre del año pasado, para que se examine el movimiento de los fondos reservados en todo el período. Es cierto que hay un rosario de acertijos interesantes. ¿Ha habido un cambio de prácticas muy pronunciado? ¿Es verdad, como dice el Presupuesto, que 60% del dinero que ingresa en la SIDE se destina a gastos de personal? Esa proporción equivale a 143 millones de pesos. ¿Cuántos empleados tiene la Secretaría? ¿Cuánto gana cada uno? ¿Qué incremento de sueldos se les concedió a los profesionales de esa repartición? ¿Justifica ese «salariazo», de haberse producido, una partida adicional de 100 millones de pesos? ¿Se seguirá utilizando para explicar todo lo anterior la coartada de las «operaciones especiales», tan de los '90? ¿No convendría discriminarlas de los «gastos en personal»? Fernando de Santibañes pidió, en su momento, en medio de la causa por los sobornos en el Senado, que se realice una auditoría sobre la contabilidad de la SIDE que abarque los últimos 20 años. ¿La admitiría este gobierno para sí?
Es probable que Morin no consiga todas las respuestas para estas preguntas. No tanto porque le falte ingenio como investigador. Tampoco porque los responsables del área se muestren eternamente reticentes. Tal vez deje de interrogar a los hombres de Kirchner en la SIDE por cambio de funciones. En las últimas horas un funcionario que convive con el Presidente descubrió que el cargo al que había renunciado el titular de la Oficina Anticorrupción en un tribunal oral no fue cubierto todavía. Y que, al haber ganado el concurso en su momento, Morin podría ser recomendado nuevamente por el Poder Ejecutivo. Tal vez al inquisidor le entusiasme la idea de, ahora sí, convertirse en juez, para seguir preguntando... otras cosas. Por lo menos la comentó con entusiasmo a algunos de sus antiguos amigos, de los que se marcharon con Béliz.
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