Elisa Carrió activará pasado mañana la maquinaria electoral del ARI en todo el país. Aunque formalmente la chaqueña todavía no definió si lanzará su candidatura presidencial, reunirá a los principales delegados partidarios del interior para analizar la situación del arismo frente a los comicios del 30 de marzo. La convocatoria interna parece un gesto inequívoco de las intenciones de presentar batalla, si bien tomando ciertos recaudos.
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Durante el plenario a puertas cerradas, los responsables distritales del PARI -la agrupación que fundó Carrió con varios ex, del PJ, la UCR y el chachismo-intentarán despejar una de las principales preocupaciones domésticas: si están en condiciones de fiscalizar el resultado de las urnas. La deliberación será en la sede de la Asociación de Personal Aeronáutico (APA), el sindicato que gerencian los socialistas hermanos Basteiro, a partir de las 10. Curiosamente, no fueron invitados los caciques del PS.
Aun cuando condicionó su presentación en esas elecciones a un requisito de cumplimiento casi imposible -el insólito «que se vayan todos»-, Carrió hará un ensayo general, en una impasse de la campaña que despliega por las provincias.
Por supuesto, ya está al tanto de las elucubraciones que hacen sus aliados. Con la reunificación del socialismo democrático y del popular, los nuevos dueños criollos de la sigla PS imaginan al profesor Alfredo Bravo como eventual compañero de fórmula de Carrió. A Bravo, sus camaradas quieren hacerlo entrar al Senado de alguna forma, aunque sea con la figura híbrida de vicepresidente que desempeña la presidencia del cuerpo.
No pudieron lograr en octubre pasado mudarlo de la Cámara baja a la alta, cuando la banca senatorial que parecía haber conseguido el veterano maestro por la minoría porteña quedó enredada en una querella judicial -todavía irresuelta-con el peronista disidente Gustavo Béliz.
El otro postulante del socialismo a la vice parece haberse concentrado en el plano local, si bien con una amplificación provincial. El intendente de Rosario, Hermes Binner, dejó de sonar como acompañante de Carrió y podría convertirse en aspirante a la gobernación de Santa Fe, en nombre del ARI, de acuerdo con las especulaciones de entrecasa.
Para alegría de Bravo y compañía, las posibilidades de que el gremialista Víctor De Gennaro ocupe el side car de Lilita siguen, por ahora, abiertas. El líder de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) sigue atado aún a la tarea sindical, tal como viene haciendo desde que lo tentaron desde el ya extinguido Frepaso. Por los resultados del fallido engendro de Carlos Chacho Alvarez, De Gennaro no se equivocó.
En el plano que ocupa, puede entenderse no sólo con Carrió y sus amigos sino también con otras organizaciones políticas y sociales, por caso el Frente para el Cambio, de Alicia Castro; los diversos grupos «piqueteros» y las ONG de derechos humanos.
Allegados a Carrió como Eduardo Macaluse (CTERA) y Marcela Bordenave (ATE) comulgan gremialmente con la CTA de De Gennaro y también confraternizan con los castristas de Alicia Castro y hasta los cortadores de ruta ultras de la Aníbal Verón en asambleas populares. Más abiertos incluso que la propia jefa espiritual del ARI, no descartan extender el espacio frentista hasta Izquierda Unida o el mismo Luis Zamora.
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